2011: Rebelión y revolución en un solo cuerpo

No queremos menos que manifestar nuestro entusiasmo, admiración y solidaridad incondicional con las masas de trabajadores, trabajadoras y jóvenes de todo el mundo que con su acción están tirando al basurero de la historia frases como “la gente está domesticada” y “el capitalismo entra en crisis pero después resurge como el fénix”.

No: nada era como “parecía”, y nada volverá a ser ya como era.

A comienzos del 2011, la rebelión y la revolución van entrelazando sus manos como partes de un mismo cuerpo, al calor de una realidad básica y profunda: el terremoto del Kapital y sus réplicas. Y con su fuerza poderosa, rebeliones y revoluciones comienzan a hacer estallar algunos eslabones de esta gran cadena capitalista, “materialidad” que no podrá encontrar, de aquí en más, reparo suficiente ni calma duradera.

Hace apenas 92 años, refiriéndose a la situación tras la Primera Guerra y la irrupción de la revolución social en Rusia y Alemania, Rosa Luxemburg decía en un manuscrito inconcluso de 1918: “Las condiciones de la lucha por el poder son tan favorables a la clase en ascenso como nunca antes lo fueron en la historia mundial. [El poder] Puede caer como un fruto maduro en las manos del proletariado. La dificultad reside en el proletariado mismo, en su falta de madurez, o mejor dicho en la falta de madurez de sus líderes, de sus partidos socialistas. La clase obrera se resiste, retrocede sin cesar frente a la incierta enormidad de su tarea. Pero debe hacerlo, es su deber. La historia le cierra toda escapatoria a su deber de llevar a la humanidad degradada, de la noche y del terror, a la luz de la liberación”.

Y también sirve recordar hoy el “Manifiesto Inaugural” de la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864), que entre otras cosas enunciaba el porqué asociativo fundamental de su llamado: “La clase obrera posee ya un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados...”.

Dicho de otro modo: así como no basta con el conocimiento y la conciencia (o el “saber”) para estar y permanecer vivos y saludables, así tampoco basta con conocer la realidad proletaria y del mundo y ni siquiera reconocer que somos muchos, para cambiarla: tenemos además que poder asociarnos, unirnos en la lucha.

Resulta obvio que en muchas partes del planeta las masas explotadas y oprimidas demuestran en la calle, sin prisa y sin pausa, que lo que modela y determina ineluctablemente sus movimientos, sus propios terremotos en el terreno mismo de la crisis capitalista, son sus necesidades profundas (las elementales, y las no tanto), su realidad circunstancial y la experiencia histórica, así como los niveles desiguales de su conciencia política y social actual.

Por esto mismo, a la vez que expresamos nuestro más profundo repudio a quienes respaldan (sea frontalmente, sea ambiguamente, sea “diplomáticamente”) a genocidas como Kadafi, aliándose de ese modo objetivamente con el imperialismo internacional (¡aunque pretendan hacer creer lo contrario!: Castro, Chávez), decimos que es posible extraer una conclusión fundamental: el principal aporte a la lucha heroica que sostienen hoy los trabajadores de Libia, de Egipto y del resto del mundo debe ser, al mismo tiempo que responder a sus llamados de solidaridad y apoyo concreto, hacer lo necesario para concretar esta unidad de acción proletaria internacional, revolucionaria y socialista (por lo demás: antiburocrática, ya que ¡es mucho lo que se puede aprender de lo vivido y sufrido durante el siglo pasado!), que reivindicando y respaldando en todas partes la insurrección obrera y popular, la revolución y la toma del poder por el proletariado sin sustitución posible, sirva a la lucha de las masas y a los fines de hacer brotar de las ruinas del capitalismo el socialismo, la igualdad y la libertad, es decir la dignidad humana en todas partes sin excepción.

¡Unidos en la lucha, hasta la victoria siempre!

Signos del Topo (creaciones / críticas / culturas)

(Buenos Aires, 26 de febrero de 2010)