Acerca de la necesidad de cambios fundamentales en el movimiento obrero.

La crisis general del capitalismo ha venido a reforzar sobremanera los cambios en la dinámica de la lucha de clases a escala mundial que ya venía siendo afectada por la propia situación de crisis político-ideológica del movimiento obrero internacional.
La evolución ideológica de la clase obrera y de sus organizaciones está todavía muy por detrás del desarrollo de la crisis del sistema capitalista. La contradicción entre desarrollo económico y conciencia política nunca ha sido mayor de lo que es hoy.
El movimiento obrero organizado que se necesita no puede circunscribirse a defender sólo a una parte minoritaria y cada vez más pequeña de la clase obrera -las trabajadoras y los trabajadores con derechos y salarios relativamente altos - contra la ofensiva capitalista.
En realidad, desde hace mucho tiempo, pero ahora aún más, es preciso hacer frente al hecho crucial de que:
• La inmensa mayoría de la clase obrera no está organizada.
• ¡La mayor parte de la clase obrera está desempleada o tiene un trabajo precario.
• Las sucesivas contrarreformas laborales han llevado a la lucha sindical a la indefensión más absoluta y a escenarios de verdadera clandestinidad.
El sindicalismo en su forma actual está abocado a su destrucción, y lo que es más grave, la derrota de la clase obrera por el capitalismo es segura, si no se hacen cambios fundamentales.
No sería suficiente, además de altamente improbable, que el sindicalismo en su formato actual fuera más combativo, rechazara el Pacto Social y se negara a la colaboración de clase. Eso es necesario, pero es sólo una parte.
La otra fue ya abordada por Carlos Marx en el apartado 6 de la Instrucción dirigida al I Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores (septiembre de 1866)[1].
Se reproduce el texto entero porque no tiene desperdicio y lxs trabajadorxs tendríamos que sabérnoslo de memoria:
6. SOCIEDADES OBRERAS (TRADE UNIONS)
SU PASADO, SU PRESENTE Y SU PORVENIR
(a) Su pasado.
El capital es una fuerza social concentrada, mientras el obrero no dispone más que de su fuerza de trabajo. Por consiguiente, el contrato entre el capital y el trabajo jamás puede concertarse sobre bases equitativas, equitativas incluso desde el punto de vista de la sociedad en la que la propiedad sobre los medios materiales de existencia y de trabajo se halla de un lado, y las energías productivas vitales, del lado opuesto. La única fuerza social de los obreros está en su número. Pero, la fuerza numérica se reduce a la nada por la desunión. La desunión de los obreros nace y se perpetúa debido a la inevitable competencia entre ellos mismos.
Originariamente, las tradeuniones nacieron de los intentos espontáneos que hacían los obreros para suprimir o, al menos, debilitar esta competencia, a fin de conseguir unos términos del contrato que les liberasen de la situación de simples esclavos. El objetivo inmediato de las tradeuniones se limitaba, por eso, a las necesidades cotidianas, a los intentos de detener la incesante ofensiva del capital, en una palabra, a cuestiones de salarios y de duración del tiempo de trabajo. Semejante actividad de las tradeuniones, además de legítima, es necesaria. Es indispensable mientras exista el actual modo de producción. Es más, esta actividad debe extenderse ampliamente mediante la formación y la unidad de las tradeuniones en todos los países. Por otra parte, sin darse cuenta ellas mismas, las tradeuniones se fueron convirtiendo en centros de organización de la clase obrera, del mismo modo que las municipalidades y las comunas medievales lo habían sido para la burguesía. Si decimos que las tradeuniones son necesarias para la lucha de guerrillas entre el capital y el trabajo, cabe saber que son todavía más importantes como fuerza organizada para suprimir el propio sistema de trabajo asalariado y el poder del capital.
(b) Su presente.
Ocupadas con demasiada frecuencia en las luchas locales e inmediatas contra el capital, las tradeuniones no han adquirido aún plena conciencia de su fuerza en la lucha contra el sistema de la esclavitud asalariada. Por eso han estado demasiado al margen del movimiento general social y político. Sin embargo, últimamente, por lo visto, se ha despertado en ellas la conciencia de su gran misión histórica, como lo prueban, por ejemplo, su participación en el movimiento político de Inglaterra , la más amplia comprensión de su función en los Estados Unidos y la siguiente resolución adoptada en la reciente gran Conferencia de los delegados de las tradeuniones celebrada en Sheffield:
«La conferencia, apreciando en su justo valor los esfuerzos de la Asociación Internacional para unir con lazos fraternales a los obreros de todos los países, recomienda encarecidamente a las distintas sociedades representadas aquí que se afilien a dicha Asociación, con el convencimiento de que eso contribuye esencialmente al progreso y la prosperidad de toda la comunidad obrera».
(c) Su porvenir.
Aparte de sus propósitos originales, deben ahora aprender a actuar deliberadamente como centros organizadores de la clase obrera ante el magno objetivo de su completa emancipación. Deben apoyar a todo movimiento social y político en esta dirección. Considerándose y actuando como los campeones y representantes de toda la clase obrera, tienen el deber de llevar a sus filas a los obreros no asociados (non-society men). Deben preocuparse solícitas por los obreros de las ramas más miserablemente retribuidas, como, digamos, de los obreros agrícolas, que, vistas las circunstancias excepcionales, se ven privados de toda capacidad de acción. Las tradeuniones deben mostrar a todo el mundo que no luchan por intereses estrechos y egoístas, que su objetivo es la emancipación de los millones de oprimidos.

Subrayamos el apartado en el que Marx diseña el porvenir de las sociedades obreras porque está especialmente vigente en estos momentos caracterizados en cuanto a la actividad del movimiento obrero por:
• La persecución sindical de la patronal, especialmente ante los intentos de organización y movilización en aquellos sectores donde se intensifica la explotación y el empleo precario es masivo. El despido es casi seguro para quien inicia alguna protesta.
• La imposibilidad práctica de conseguir victorias y la consiguiente extensión de la moral de derrota preventiva y generalizada. Las duras y ejemplares luchas que se realizan, como la de limpiezas y jardines en Madrid, considerada legítimamente victoriosa, apenas alcanzan a reducir o, en el mejor de los casos, anular los despidos, mientras se imponen rebajas salariales y/o alargamientos de jornada.
• La corrupción y las traiciones frecuentes de las burocracias sindicales son aprovechadas por la ideología dominante para desanimar cualquier tipo de organización, constituyéndose en el más poderoso arma de destrucción masiva de la conciencia y la organización de clase.
• La percepción de que la unidad es nuestra única fuerza y que ha de expresarse a nivel de clase, más allá de la empresa o del sector de la producción. Las movilizaciones y la presión sobre la patronal pueden realizarse, y en muchos casos constituyen la única posibilidad de ser llevadas a cabo, por compañeras y compañeros de otras empresas o del barrio. Ante la estrategia de criminalización y represión por parte del capital y los gobiernos, es vital la extensión de la solidaridad, más allá de la empresa.
• A medida que se profundiza la crisis capitalista, mayor y más clara es la lección que van obteniendo las trabajadora y los trabajadores tras cada lucha: que estamos en un callejón sin salida y que, en suma, seguiremos en él mientras no destruyamos el capitalismo.
En base a esto, los comités obreros contra la crisis que comienzan a surgir en algunos lugares responden antes que nada a la obligación del movimiento obrero de relacionarse correcta y eficazmente con el movimiento político-social que hoy alimenta la profunda crisis capitalista que padecemos. En este sentido, son la concreción en los centros de trabajo de un embrionario poder popular llamado a desarrollarse también en los centros de estudio y, principalmente, en los barrios. Responden al estadio actual de crítica obrera y popular hacia lo que está pasando y a la necesidad de pasar de la mera indignación a la organización de la misma para que tome fuerza, eficacia y, en definitiva, proyección de victoria. De ahí que algunas características claves que tienen estos comités obreros contra la crisis sean:
1. Las y los trabajadores integran los comités obreros, independientemente de si están afiliados o no, o a qué sindicato.
2. Son organizaciones que van más allá de la empresa o del sector. Se estructuran a nivel de clase. Por ejemplo, se da el caso de que el comité obrero surgido en una determinada empresa vaya a explicar la situación en la que están y sus luchas en un acto en un instituto en el que se ha constituido recientemente otro comité.
3. Tienen una clara dimensión política común, identificando el pago de la deuda impuesta por la UE y la oligarquía financiera euro-alemana a los pueblos de la periferia europea como el responsable directo de la actual destrucción de derechos laborales y de prestaciones sociales. Así mismo denuncian las estrategias de las burocracias sindicales y el colaboracionismo de clase impuesto desde la Transición, como las causas internas principales de la debilidad y desestructuración del movimiento obrero.
4. Surgen con voluntad decidida de integrarse con las luchas y la solidaridad obrera y popular. Por lo tanto se articulan en el centro de trabajo, en el centro de estudio o en el barrio, siendo este último el crisol en el que se funden todos ellos.
Red Roja está colaborando decididamente a crear estas nuevas estructuras porque está convencida de su necesidad y porque es lo que la gente está demandando a gritos para superar el descrédito de los sindicatos tradicionales, la dispersión del sindicalismo alternativo y reconstruir la unidad de clase a fin de que sean eje de la unificación de las más amplias luchas populares y les dé la necesaria contundencia.

Diciembre de 2013 Red Roja