Comentario final sobre “Decrecimiento o revolución”

En marzo este año hice una crítica al suplemento de Lucha internacionalista 101 de enero (1), que sinceramente me parecía muy sectaria ante un problema candente que moviliza cada vez más gente de procedencia diversa. Ahora, con la respuesta de Josep Lluís, veo que las trincheras se han hecho más profundas. Lamento haber provocado la reacción contraria a la intencionada. De momento sólo puedo constatar que no llegamos a acercar posiciones. Probablemente hace falta un poco de tiempo y algunas experiencias más para poder llegar a debatir con más base común. De todas formas voy a hacer unos últimos comentarios que podrían ser útiles para algún lector interesado en el tema.
La pequeña luz que veo en la respuesta es que no vuelve a negar que el crecimiento económico sea un distintivo del capitalismo y necesario para su supervivencia (el único momento en que decrece es cuando se encuentra en crisis), que en el suplemento parecía un argumento matador. Ahora recurre a otro argumento, más contundente, ya presente en el suplemento: “la peligrosidad” del discurso sobre decrecimiento en tiempos de crisis del capitalismo. Como FMI y UE están presionando para impulsar recortes salariales y sociales para las masas trabajadoras Josep Ll. piensa que este discurso ayuda a los poderosos a “imponer un brutal decrecimiento de nuestra capacidad de consumo”. Es decir, a pesar de la posible buena voluntad de unos, estos pueden caer en manos de los contrarios. Estoy de acuerdo, el peligro está, y probablemente aumentará si nos limitamos a apuntar que su discurso es peligroso, explicando que primero tenemos que hacer la revolución (decrecimiento o revolución). Pero este peligro se reduce si sabemos intervenir de una manera sensata los que logramos distinguir entre la necesidad de acabar con el expolio de los recursos naturales y el actual ataque brutal a los derechos y conquistas de los trabajadores.
Las “falsas discusiones”. Si Josep Ll. quiere evitar falsas discusiones dejemos los molinos en paz y empecemos por lo que tiene que decrecer desde el punto de vista de los explotados por un lado y desde el capitalismo agonizante por el otro, en vez de poner todo en el mismo saco. Para los primeros lo que tiene que decrecer es el expolio de los recursos que nutren el planeta, la pobreza para muchos y la acumulación sin sentido de riqueza para unos pocos, las desigualdades sociales y las horas de trabajo, los mitos y dogmas capitalistas sobre el crecimiento continuo, la abundancia material como fuente de felicidad... naturalmente no los salarios y los derechos adquiridos durante un siglo de duras luchas que ahora la patronal y el gobierno intentan borrar por decreto. Intentar mezclar reivindicaciones y luchas en un sentido con decretos en el otro está rozando la ignorancia o la demagogia. Al afirmar el autor que presento dos vías para poner fin a la destrucción del planeta, hubiera respondido con argumentos si de un malentendido se tratara, pero prefiero evitar discusiones estériles, con el único comentario que las líneas rectas suelen torcerse al final.
Como debe ser en los intercambios, la respuesta también me invita a hacer una aclaración. Es cierto que no hago una distinción clara de la frontera entre ecología y decrecimiento y que el texto podría haber sido más riguroso en este sentido. Pero también es verdad que no existe una línea clara entre un movimiento y otro, aunque habéis demostrado que se puede tener sensibilidad ecológica sin ser favorable a ideas decrecentistas... por difícil que parezca. Lejos de tratarse de una discusión falsa se tendría que ver hasta qué punto se puede ser ecologista sin reconocer que el consumo actual de recursos naturales en el planeta es superior a su capacidad de regeneración. O, si se reconoce, se debería explicar porqué no se actúa en consecuencia sin poner condiciones ultimatistas. De todos modos, Josep Ll. no entra en ningún momento a situar el movimiento decrecentista en esta perspectiva global sobre los recursos naturales. Para que la humanidad entre en una relación armoniosa con la naturaleza, los defensores del marxismo estamos de acuerdo en que esta batalla sólo puede ser exitosa si está orientada hacia la destrucción del capitalismo, y hay que trabajar para convencer en eso. Pero consignas como “decrecimiento o revolución” no ayudan en esta tarea, puesto que pone un concepto en contra del otro, desprecia el esfuerzo de todo un movimiento por muy “heterogéneo” que sea y deja el campo abierto para su manipulación procapitalista. ¿Porqué no hacer también un suplemento con el titular “¿Autodeterminación o revolución?”? Al fin y al cabo tampoco la autodeterminación nacional se puede realizar bajo el capitalismo en decadencia. ¿Dónde se encuentra “el orden de los factores” en este caso?
Josep Ll. afirma que el decrecimiento es un movimiento heterogéneo (como todos los movimientos, empezando por el movimiento obrero ¿o no?). En consecuencia este podría albergar por lo menos alguna tendencia anticapitalista aprovechable. ¿Cómo es entonces que condena “los argumentos y propuestas decrecentistas” en su totalidad como “peligrosas”? En el momento de sacar conclusiones se olvida de la heterogeneidad y lo trata como si fuera una sola fuerza. Con esta postura es evidente que ni tan solo quieren incorporar a los decrecentistas en la batalla para destruir el capitalismo. Así reducen también la posibilidad de influir entre ellos.
La transformación de las fuerzas productivas en destructivas. Nuestro motivo para integrar y desarrollar las ideas y propuestas sobre el decrecimiento que pueden ayudar a poner fin al capitalismo es que este sistema está agotando los recursos materiales y energéticos del planeta y está demostrando que lo que una vez fue un desarrollo enorme de las fuerzas productivas por parte del capitalismo ha llegado a su fin definitivo y se ha transformado en su contrario. El capitalismo no tiene en cuenta la relación entre avance social, avance tecnológico-científico y los límites de la naturaleza, sólo mira su propio bienestar. La sensibilidad ante la importancia de mantener un equilibrio y entendimiento entre estos tres factores –hombre-tecnología-naturaleza–, incluidos en el concepto fuerzas productivas de Marx, es lo que me guía a dar la importancia que se merecen las ideas decrecentistas. No se puede crecer infinitamente en un mundo finito. Se trata de la relación de la especie humana con el resto del planeta. Y esta relación está dominada por un sistema productivo y político que se ha vuelto destructivo en su totalidad. No únicamente cuando entra en una crisis aguda como ahora, sino también cuando está en una fase expansiva, justamente porque no respeta ni los límites de la naturaleza ni la dignidad social de la fuerza de trabajo. Este es el significado que dio Marx a la transformación de las fuerzas productivas en destructivas (ver “Fuerzas productivas y necesidad de decrecimiento” y otros artículos en En Defensa del Marxismo 80 y 81) (2), bastante diferente al más mecánico (crisis provoca destrucción de fuerzas productivas) que domina tanto en el suplemento como en la réplica. Lo curioso es que el significado más entero de las fuerzas productivas (“humanidad, técnica, naturaleza”) aparece en paralelo al final del suplemento, pero sólo como decoración para la actualidad y esperanza para el futuro. No les sirve para orientar a los sensibles ante el agotamiento de los recursos naturales en sus luchas, por limitadas (e incluso equivocadas) que sean. Si uno llega a reconocer que las fuerzas productivas en la sociedad capitalista se han convertido en destructivas, pero no tiene interés en integrar en la batalla para acabar con el capitalismo los movimientos que ya están luchando para evitar la continuada degradación del planeta, porque considera que estos podrían “alterar las prioridades” (ver final del suplemento), creo que vamos por un camino poco operativo.
Josep Ll. trata además esta crisis como si fuera una más sin intentar encontrar sus aspectos nuevos que la distingue de las anteriores. Esta crisis no se explica solo por un exceso de producción en general, tal como pasaba en ocasiones anteriores, sino por una extracción excesiva de fuentes energéticos y materiales, que en combinación con la exaltación de los activos financieros respecto a las capacidades reales del planeta, nos ha llevado a una crisis con rasgos polifacéticos fuera de modelos anteriores. Es decir, el agotamiento de recursos naturales, empezando por el petróleo, se hace visible en la crisis por primera vez a escala mundial. Otra novedad es que la innegable mejora de la efectividad tecnológica de la producción a corto plazo, a menudo anulada por sus efectos destructivos a largo plazo antes escondidos, ahora se ha hecho visible. El aspecto ecológico de la presente crisis ha cogido un protagonismo que no tuvo en anteriores, y nos obliga a replantear nuestra propia actuación.
Una rectificación. Para mejor aclarar las diferencias admito una ligereza en mi crítica anterior. Cuando afirmo que el documento de Ll. Int. “tiende a elevar la lucha de clases a un nivel eclesiástico que condiciona todas las demás batallas” dejo claro a continuación que la lucha de clases es un pequeño paréntesis en la evolución de la especie humana, hecho que Josep Ll. omite en su polémica. No había pensado en que si se sacara una frase fuera de lo que el texto dice justo después, es decir fuera de contexto, sería tan fácil tergiversar su sentido. Josep Ll. tiene toda la razón en que hoy día (mientras dure el capitalismo) la lucha de clases condiciona las batallas sociales de todo tipo, hecho que debería haber dejado claro en mi aportación anterior. Lo que no tiene tan claro es que la misma lucha de clases a la vez está condicionada por los límites del planeta Tierra, que no se pueden explicar con el lenguaje y la dinámica del siglo pasado. Y esta situación, por razones evidentes, no está contemplada en el Programa de Transición (han pasado 72 años), a pesar de que en este programa se plantea el cese de crecimiento de las fuerzas productivas de manera que pocos llegaron a comprender. Hay que hacer un esfuerzo para ponerse al día.
“El orden de los factores”. Por fin, la diferencia entre nosotros no consiste en que Lluita Internacionalista ve necesario acabar con el capitalismo para solucionar los problemas sociales y ecológicos, sino en lo que el suplemento y la réplica llama “el orden de los factores”: primero la revolución política, luego todo lo demás. La diferencia se encuentra en el método para avanzar. El “orden de los factores” refleja un pensamiento rígido que no tiene en cuenta la continua interacción dialéctica entre los factores, que prácticamente hace imposible decidir el orden para abordar los problemas. Hay que confrontarlos cuando salen, no dejarlos para después por el sólo hecho de no tener una solución dentro del sistema capitalista. No se puede avanzar a base de corregir movimientos enteros por el hecho de meterse en batallas con un orden de prioridades que uno considera equivocado. Otra cosa es que naturalmente –para que quede bien claro– es nuestra tarea abordar todos los problemas sociales, incluido el de los recursos naturales, en el marco de poner fin al capitalismo. Si este marco no se da sin nuestra presencia, estamos dispuestos a intervenir para que esté, pero sin condicionantes, que suelen ser contraproducentes. A ver si a partir de aquí podemos evitar “discusiones falsas”.
Jonas
1. http://luchainternacionalista.org/IMG/pdf/Supl_101cas-decreix4.pdf
2. http://revista-edm.org/?q=fuerzas-productivas-y-necesidad-de-decrecimiento