Crecer en la era de la agonia del capitalismo

Siempre me había sentido contento formar parte de la generación que nos formamos políticamente a finales de los 60 y principios de 70 en contra de un capitalismo decadente, pero desgraciadamente no tan moribundo como pensábamos entonces.
La agonía es larga y nosotros teníamos prisa. Desde hace unos años tengo que admitir que mi autoestima ha bajado al constatar que hemos entregado un mundo en peor estado a nuestros hijos que él que nos dejaron nuestros padres, cosa que hacía muchas generaciones no pasaba.
Nosotros respirábamos esperanza de trabajo, vivienda y transformación
revolucionaria de la sociedad. Hoy una minoría de los jóvenes se rebela
en contra del futuro que tiene por delante, busca una salida del capitalismo
que cada vez le ofrece menos futuro, democracia y justicia, más
apocalipsis planetario y más pobreza social y mental, mientras la mayoría de los mileuristas sustituyen las ilusiones por actitudes consumistas a cambio de aceptar seguir viviendo en casa de los padres... hasta que la crisis cierre también esta vía.
Pero la transformación de las circunstancias puede rápidamente convertir el conformismo en rebelión.
Todo tiene su límite. Sólo el hecho de que cada vez hay más jóvenes que no logran liberarse de la cuna, debería hacer sonar las campanas en las instituciones políticas del país. Se trata de una situación que no puede durar mucho tiempo más... el conflicto social está en gestación. Ya lo habíamos visto en la revuelta de los jóvenes en los barrios marginados y olvidados en las afueras de París el año 2005, y ahora en Grecia no se trata de jóvenes marginados sino de estudiantes en general que han entendido que forman parte de una generación sin esperanzas de futuro.
Aún así, no suenan las campanas porque los representantes de «nuestra» democracia no se han enterado de la gravedad de la situación.
Un ejemplo bien ilustrativo de esta ignorancia son las palabras de la Consellera de Trabajo en Catalunya, Mar Serna, intentando tranquilizar a los jóvenes con el mensaje de que él que acepte un sueldo bajo tendrá «un plus». Es decir, los contribuyentes pagaríamos una subvención a la empresa que quiera contratar a alguien por un sueldo de vergüenza.
Seguramente ni se daba cuenta que estaba insultando fuertemente tanto a los mismos jóvenes a quienes ofrece un «plus» como a los otros contribuyentes, cosa que nos da una idea de la distancia entre el poder y la realidad, y por tanto, de la putrefacción de nuestra representación política oficial. La consellera tiene suerte de no haberse publicado su propuesta en muchos medios de comunicación (El Periódico). El mismo presidente Montilla nos ha dejado su recomendación muy clara: «El problema es
que menos consumo es igual a menos venta y esto implica menos producción y por lo tanto más paro.» Y si hay alguien que duda aclara que «es un mensaje que voy a ir repitiendo ». En consecuencia la soluciónpara los que mandan está en gastar y consumir más. ¡Qué lúcidos que son los elegidos por nosotros! ¡Qué capacidad más previsora social, económica
y ambiental que tienen! Entre el fracaso de unos y la conformidad de otros quizás tenemos lo que nos merecemos.
Con la entrada de la crisis económica los políticos hablan y proponen mucho, pero convencen poco.
Presentan recetas de otras épocas sin darse cuenta de que el mundo se está moviendo. Unos proponen que los bancos «abran el grifo» para que podamos consumir más y así estimular la economía de nuevo, tal cómo se hacía en el mundo hace 70 años. Muy original. También planifican más obras públicas de infraestructuras basadas en el transporte privado.
En cuanto al transporte público se amplían aeropuertos y se construyen líneas de tren rápido. Todo pensado para que el empresario dinámico pueda desplazarse rápidamente de una lado a otro del continente, mientras cada vez es más complicado encontrar maneras de moverse entre los pueblos con transporte público fuera de las grandes urbes. Soluciones geniales para los que no se enteran de la realidad en que viven.
Es cierto que nadie tiene una vía abierta hacia una salida esperanzadora. Pero no hace falta ser muy lúcido para comprender que las recetas de siempre ya no sirven. Creo no equivocarme tanto como en mi juventud al afirmar que esta crisis no es una más, sino el inicio de la quiebra de la estructura social actual. Sería conveniente buscar un poco más allá del capitalismo para resolver la gestión de los recursos energéticos y naturales que forman el motor de todas las economías, sean reales o financieras. Esta vez la situación planetaria no permite una salida basada en estimular el consumo, ni en ningún sobreesfuerzo laboral o aumento de diferencia salarial entre ejecutivo y trabajador. El abuso y la prepotencia empresarial, la corrupción política y la represión policial en Grecia están acercando el país al límite socialmente soportable. Y las perspectivas para la juventud allí no difieren tanto del resto de Europa. Un modelo social que no ofrece futuro a las nuevas generaciones está cavando su propia tumba.
Jonas