¿Democracia o dictadura del capital? : ¡QUÉ SE VAYAN TODOS!

K. Marx definió la democracia burguesa, como el sistema más avanzado de la dictadura del Capital sobre la sociedad. El actual derrumbe del capitalismo está poniendo al descubierto esa realidad que muchos prefirieron ignorar y se acoplaron a ella. Unas decenas, o quizás unas centenares de familias en todo el mundo, poseedoras de inmensas fortunas acumuladas a través de la especulación y la explotación despiadada, imponen su voluntad a seis mil millones de seres humanos. La necesidad de reproducción infinita de sus capitales pone en peligro a la humanidad y el planeta entero. No importa que el cambio climático o la extinción de las especies sea ya una realidad que nadie en su sano juicio cuestiona. No importa que hayan provocado una crisis económica sin precedentes que está hundiendo en la pobreza a millones y millones de trabajadores en todo el mundo. Nadie les va a pedir cuentas. Ninguna “honorable” institución los va a señalar con el dedo, ningún gobierno capitalista va a enfrentarse a sus designios. A través de sus imperios económicos ponen y deponen a los gobiernos “democráticos” y definen qué políticas se deben de llevar a cabo. A través de sus ejércitos mediáticos engañan y manipulan, creando corrientes de opinión conforme a sus intereses. Financian a los partidos y a la burocracia de los sindicatos para conseguir su complicidad, y de esta manera mantener la ficción democrática. La democracia burguesa se desenmascara cada vez más, para dejar al descubierto su verdadero rostro psicópata y brutal.
El derrumbe capitalista ha hecho que las florituras de la democracia formal salten por los aires. La izquierda y la derecha del sistema tienen cada vez menos espacio de maniobra para diferenciarse. La izquierda del sistema clama por la intervención estatal , la derecha defiende el dejar hacer (la intervención del Estado tiene que limitarse a las guerras, a la represión y a los momentos en los que tenga que actuar en auxilio de los poderosos). La izquierda del sistema oculta que la intervención estatal y el aumento del gasto social, en un momento en el que caen los ingresos fiscales, aumentará el déficit fiscal y hará impagable la deuda. La derecha disimula que con el recorte de las ayudas y los subsidios, crecerá la pobreza y el desempleo, agravando la caída de los ingresos del Estado y volviendo también impagable la deuda pública. Todos los caminos conducen a Roma. El gran capital necesita liquidar las conquistas y los derechos de los trabajadores para aumentar su explotación. No existe otra forma para aumentar sus plusvalías.
¿DICTADURA DE LOS MERCADOS O DEL GRAN CAPITAL?
La burguesía griega y el gran capital internacional han llevado al país a la suspensión de pagos. Pero el descomunal déficit no se invirtió en el bienestar del pueblo y los trabajadores, sino en la corrupción y en llenar los bolsillos de los banqueros y empresarios. Mientras eso ocurría los gobiernos y los organismos internacionales del capitalismo callaban. La solución que plantean ahora es más de lo mismo. El rescate ofrecido por la UE y el FMI está destinado a salvar a los acreedores de su propia bancarrota, pero la devolución de ese dinero, más los intereses, procederá del bolsillo de los trabajadores y de las capas pobres de la población.
Situaciones similares las encontramos en todo el mundo. Los estados corrieron presurosos a apuntalar con dinero público el descalabro de la banca norteamericana y europea. El rescate de los bancos socializó las pérdidas, traspasando la bancarrota del sector privado a las finanzas estatales. En USA la deuda pública se ha disparado desde el 62% del 2007, y se calcula que llegará al 108% en 2014. En Europa la situación empieza a ser ingobernable. En Grecia el déficit fiscal es del 12,7%, en el estado español del 11%, en Portugal del 9,3%, en Italia el problema es similar, pero concentrado en bancos locales, en Gran Bretaña es ya del 12,8% y en Francia el 12%. El problema no es tanto el déficit, como las dificultades insalvables que existen para refinanciarlo. Centenares de miles de millones de euros han salido de las arcas públicas para apuntalar a la banca. Ésta, ni corta, ni perezosa, ha seguido negándose a dar créditos a la producción, para dedicarse a especular con el dinero prestado. Liquidada la burbuja inmobiliaria, otras ya se están gestando. Una forma para recuperarse de las fabulosas pérdidas que tuvieron con el estallido de la crisis. El mismo dinero que se ha negado a los trabajadores y a las capas pobres de la población. Bancos como el Citigroup o el Bank of América, que hace tres años estaban quebrados, exhiben ahora enormes beneficios.
El gobierno del PASOK culpa de la situación al anterior gobierno derechista, pero sigue fiel a la estela marcada por éste. ¿Pagarán la crisis los que la provocaron?, ¿se confiscarán las grandes fortunas que se engordaron durante años a expensas del erario público?, ¿aumentarán los impuestos a los grandes capitales? No. La dictadura de los mercados está por encima de la voluntad del pueblo y los trabajadores griegos. Una medida de éstas no haría más que ahuyentar a los capitalistas. El gran capital exige que sean los obreros y los campesinos, la juventud, los pensionistas, los parados y los pequeños empresarios, los que paguen la crisis. Los sueldos de los funcionarios y de los trabajadores de las empresas privadas, las pensiones y los subsidios tienen que congelarse durante varios años. Los derechos de los trabajadores tienen que ser liquidados, las indemnizaciones por despido tienen que abaratarse. El sistema público de pensiones, sanidad y educación tienen que adelgazarse más y más. Todo con tal de que los capitalistas puedan aumentar su explotación sobre los trabajadores, que trabajen más por menos, y el excedente de las plantillas debe de ser expulsado sin contemplaciones, para pasar al gran ejército de reserva de los que no tienen trabajo. Hay que aplastar la resistencia de los que siguen exigiendo sus derechos laborales y democráticos. Todo para aumentar la plusvalía. No importa que la mayoría de la población se rebele contra las medidas, los mercados son los que mandan y no los votos, ni la voluntad popular. No importa la masividad y la creciente radicalización de las huelgas y las manifestaciones. La policía está para defender la voluntad de los representantes de la patria, aquellos que fueron elegidos por varios años para convertirse en los nuevos dictadores de la democracia “representativa”. Pero ¿representativa de quién?, ¿A quién representan?, ¿A los que les votaron en las urnas de la democracia formal? No. Ellos representan a los mercados.
¿Pero quiénes son los mercados de los que todo el mundo habla? tienen nombre y apellidos, aunque nadie los mencione. Están controlados por un puñados de bancos, multinacionales y fondos de inversión. Las hedge funds, por ejemplo, han decido apostar contra el euro, aprovechando la suspensión de pagos de Grecia. Los responsables de los principales fondos especulativos, como SAC Capital Advisors o Soros Fund Management se reunieron en Nueva York a principios de febrero para coordinar su ofensiva. El actual retroceso del euro con respecto al dólar les ha dado ya enormes beneficios. Tal como dijo Hans Hufschmid, directivo de uno de estos grupos en The Wall Street Journal: “Esta es una oportunidad para ganar mucho dinero”. Los representantes del gran capital son los que dictan lo que hay que hacer, mientras que los gobiernos se limitan a gestionar sus intereses. Los que provocaron la crisis económica, los que se han enriquecido a costa del saqueo de naciones enteras, los que se beneficiaron de las ayudas que dieron los gobiernos, son los mismos que ahora exigen que sean los trabajadores y las capas pobres de la población los que paguen la salida de la crisis.
La democracia burguesa es la máscara tras la que se oculta la brutal dictadura del capital. La población es llamada cada cierto período de tiempo para escoger entre las diferentes variantes de lo mismo. El votante tiene derecho a elegir entre los distintos representantes del gran capital. El derechista Berlusconi ha lanzado una ofensiva contra los trabajadores en Italia, el izquierdista Papandreu hace exactamente lo mismo en Grecia. La dureza y profundidad del ataque está condicionada por las necesidades del gran capital y no por las supuestas diferencias ideológicas que puedan existir entre ellos. Los ataques contra las condiciones de vida en Grecia son mucho más duras que las aplicadas por Berlusconi. Todo depende de la gravedad de la bancarrota del capitalismo en cada país. Por supuesto, a medida que la crisis se profundice en Italia (o en el estado español) las medidas serán cada vez más brutales.
Pero la vara de medir de los políticos burgueses, de izquierdas o de derechas, no se aplica a todos por igual, aunque en ministro de Finanzas griego, en un alarde de hipocresía sin límites, declare que han hecho un esfuerzo “enorme” para evitar que los más desfavorecidos sean los más castigados por la crisis (Público 03/05). Papandreu y Berlusconi han declarado una amnistía para los capitales evadidos puedan volver a su país, sin que tengan que declarar su origen y los dos están dispuestos a rebajar los impuestos sobre los depósitos bancarios.
Pero que nadie se llame a engaño. Los ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores no han hecho más que empezar. El gobierno del PASOK pretende congelar los salarios de los funcionarios y los trabajadores, las pensiones y los subsidios en los próximos años, saqueará el sector público privatizando las empresas estatales que sean rentables (energía, transporte…) y abaratará los despidos, subirá los impuestos directos (no los que graven a los grandes capitales). El presidente del eurogrupo Jean Claude Trichet ha advertido que Grecia debe de estar preparada para aplicar nuevas medidas, “si llegan a ser necesarias”, es decir, si los grandes capitales así lo exigen. No importa que conduzcan a la miseria a millones de trabajadores griegos, ni que hundan a miles de pequeñas y medianas empresas, no importa que las medidas provoquen una recesión todavía más profunda (hundirá los ingresos fiscales y hará de nuevo impagable la deuda pública), que se calcula del 4% en 2010 y del 2,6% en 2011. No importa que la sanidad y la educación se vayan al garete. Nada importa, con tal de socorrer a los bancos que han estado sangrando el país. La democracia burguesa ha demostrado que es una pantomima para legitimar la codicia del gran capital.
¡QUÉ SE VAYAN TODOS!
Grecia ha sido la punta de lanza de la ofensiva del gran capital en el seno de la Unión Europea. El pistoletazo de salida ya se ha disparado. Todos los países de la UE están preparando sus respectivos planes de “ajuste”. En Alemania, las medidas que planea Angela Merkel hacen rechinar el gobierno de coalición con los liberales (especialmente después de la aparatosa derrota electoral sufrida recientemente). Sarkozy hace sus deberes en Francia y planea alargar la edad de jubilación. En Gran Bretaña los planes del nuevo gobierno liberal conservador van en el mismo sentido. En Italia, el gobierno de Berlusconi conspira contra los trabajadores y las clases populares para conseguir 27.500 millones de euros más, para pagar su deuda pública.
En el estado español, el gobierno del PSOE ha dictado las primeras medidas del ajuste social. Congelación de las pensiones, recorte salarial de los funcionarios y nuevos tijeretazos en los presupuestos sociales. El discurso de Zapatero estaba claro, “los mercados” exigen sangre y la tendrán. El nuevo ajuste pretende “ahorrar” 15.000 millones de euros, que saldrán íntegramente de los bolsillos de las clases populares, mientras se mantienen intactos los privilegios de empresarios, banqueros y especuladores. La ofensiva llega en cascada, primero serán los pensionistas y funcionarios, después vendrán el resto de los trabajadores. Pero las medidas de “ajuste” continuarán. La plana mayor de la CEOE no oculta su regocijo y exige nuevos recortes más duros contra los derechos y el poder adquisitivo de los trabajadores. Las medidas del PSOE pretenden aplacar el hambre desatada del gran capital. Pero los dueños del planeta exigen más, mucho más.
¿Dónde queda la soberanía popular de la que tanto se llenan la boca los políticos burgueses de derechas, o de izquierdas?, ¿Dónde se han quedado las promesas electorales del PSOE de aumentar el poder adquisitivo de las pensiones?, ¿Para qué sirven los pactos de Toledo?, ¿Qué pasa con las intenciones de qué los salarios de los funcionarios se recuperaran de las pasadas congelaciones salariales? El PP ha hecho una ridícula parodia de indignación acusando al gobierno de atacar a los más débiles. Sólo los estúpidos pueden creerse las bufonadas de un Rajoy, indignado, que se rasga las vestiduras por las clases populares. Zapatero no ha hecho otra cosa que agachar la cabeza ante los que realmente detentan el poder. Lo que ofrecen ambos, es más de lo mismo. El gran capital está dispuesto a desgastar a su opción de “izquierdas”, mientras la situación madura para dar paso a su alternativa más derechista. La Falta de una alternativa anticapitalista coherente y combativa facilita que los planes del gran capital puedan cumplirse, con el PSOE, o con el PP.
Los jerarcas de la UE Barroso y Van Rompuy han declarado que las propuestas de Zapatero son “valientes”. El supuesto “valor” del gobierno “socialista” está en aplicar medidas que golpean a las clases populares, pero ni una palabra sobre su cobardía frente a los poderosos. Quien paga, manda. La voluntad del gran capital pesa más que los votos.
Los dirigentes de CCOO y UGT siguen la misma senda que sus colegas, la burocracia de los sindicatos griegos. Desconcertados, repiten la misma cantinela: el reparto equitativo de los sacrificios. Pero el Moloc capitalista no exige su propia sangre, sino la de los trabajadores y las clases populares. No quiere el aumento de los impuestos a las grandes fortunas, ni a los fondos de inversión, ni que se controlen las prácticas especulativas de los bancos. ¡Ni qué hablar de la nacionalización de las entidades financieras!. Eso no da confianza a los “mercados”. Quiere el recorte de los salarios y las pensiones, la reducción de los gastos sociales en sanidad y educación. La huelga de los funcionarios convocada para principios de junio es una válvula de escape del malestar y la indignación de sus bases. No está planteado un verdadero plan de lucha y la sola mención de una huelga general les aterra.
Pero ¿no decían que lo primero era salir de la crisis? Jean Claude Trichet habla de que la crisis actual es la peor desde la I Guerra Mundial. Y sin embargo las medidas que toman todos los gobiernos capitalistas “democráticos” no hacen otra cosa que agravarla. ¿Cómo se entiende esto, si no es porque los intereses del gran capital pasan por acentuación de la crisis, a costa de la inmensa mayoría de la población?
¿Y SI EL CAPITALISMO SOBREVIVE?
Muchos alientan la ilusión de que el capitalismo superará la crisis y las cosas volverán a ser como antes. Nada más falso. La crisis de 1929 no fue superada por el keynesianismo (que sólo funciona en las etapas expansivas, y no en las contractivas), ni por el neoliberalismo a ultranza (los mercados tienden a reequilibrarse), sino por la II Guerra Mundial. El capitalismo necesita destruir una parte de las fuerzas productivas para sobrevivir. En la gran guerra murieron decenas de millones de seres humanos y la Europa industrializada quedó convertida en montañas de ruinas. Sobre la muerte y la destrucción el capitalismo volvió a reconstruir sus imperios. Un nuevo orden imperialista siguió depredando la Tierra, y de las migajas que caían de la mesa del gran festín, derivadas de la explotación sin contemplaciones de las antiguas colonias y de los recursos del planeta, se pudo construir el nuevo capitalismo “democrático”. Las “democracias” burguesas compraron a los trabajadores europeos vendiéndoles la ilusión del estado del bienestar y del capitalismo con rostro humano. Sin embargo el peso de sus plusvalías recayó sobre la sobreexplotación de los pueblos de África, Asia y América Latina.
Las leyes del capitalismo no han cambiado. Necesita destruir una enorme cantidad de riqueza social para sobrevivir. No sólo millones de trabajadores están siendo lanzados a la desesperación y a la marginación social, que implica el desempleo, sino que los supervivientes, los que conserven o consigan un puesto de trabajo, tendrán que hacerlo con salarios más bajos, con sus derechos democráticos recortados. La ley de hierro de la competencia manda. La juventud actual, la generación más preparada de toda la historia, está condenada a unas condiciones de vida mucho peores que las de sus padres. El capitalismo en crisis no hace más que engrosar el ejército de reserva de los parados, para utilizarlos como arma contra la resistencia de los que todavía tienen trabajo. ¿Alguien con dos dedos de frente se cree que el abaratamiento de los despidos puede generar puestos de trabajo?
La globalización capitalista ya ha ensayado con éxito una buena parte de los mecanismos que nos guardan para el futuro. Si los trabajadores se resisten a perder poder adquisitivo (porque quieren llegar a final de mes), o pretenden reducir la jornada de trabajo (para poder estar con sus familias, o disfrutar algo más de la vida), se deslocalizan las empresas, se cierran las empresas para trasladarlas a otros países donde los trabajadores gozan de menos derechos, y pueden ser superexplotados más fácilmente.
El despilfarro de la agónica sociedad de consumo tiene los días contados, por lo menos para la mayor parte de los que todavía hace unos años, pretendían formar parte de ella. La nueva sociedad de consumo será más desigual y estará mucho más jerarquizada, entre una minoría opulenta y la gran mayoría que se limitará a sobrevivir. Los economistas burgueses que les queda un poco de honestidad reconocen que una gran parte de los recursos no renovables del planeta son cada vez más escasos. El fin de la era del petróleo está más que anunciada. Se puede discrepar en cuando será el momento, pero ese momento llegará. Muchos de los recursos renovables hace tiempo que han entrado en un declive sin retorno. La depredación de la pesca, de las grandes masas forestales, y de la biodiversidad en general, está provocando una nueva extinción en masa de la vida. Nada volverá a ser como antes.
Los observadores más agudos hablan de la decadencia de la democracia. El hastío y la indiferencia de millones de trabajadores y de las capas medias de la sociedad, incapaces de ver diferencias significativas entre la derecha y la izquierda del sistema, los lleva a abstenerse en las elecciones. El populismo derechista explota el miedo de la población, desvían el malestar social hacia los sectores más débiles que no pueden defenderse (antes eran los judíos y los gitanos, ahora son los inmigrantes y particularmente los musulmanes). Grandes campañas estimulan el odio y el recelo a los que son diferentes, a los que no conocemos. Se les culpa de ser fanáticos terroristas, de no pagar impuestos, de aprovecharse del estado del bienestar, de quitarle los puestos de trabajo a los autóctonos (resulta curioso que no se hable de los empresarios, que son los verdaderos beneficiados). La extrema derecha crece en muchos países, gracias a la imbecilización social. El grotesco Le Pen clamaba ¡los franceses primero! Es decir, dividir a los trabajadores por su origen, para que se enfrenten entre ellos por el derecho a ser explotado por los capitalistas.
Los mecanismos de la democracia burguesa son despojados del poder real. Los gobiernos y los parlamentos se transforman en circos mediáticos. Los gobernantes sólo viven para posar para los grandes medios de comunicación. Mientras tanto, el poder real se desplaza hacia organismos no democráticos, a los que sólo accede una pequeña minoría muy selecta de políticos burgueses y oligarcas.
Este panorama cada vez más tenebroso apunta a que el capitalismo agónico necesita desembarazarse cada vez más de sus ropajes pseudodemocráticos, para apuntalar su dominio con medidas autoritarias, que se traducirán, a medida que se agrave la crisis y crezca el malestar social, en formas fascistizantes, que aplasten e impidan cualquier forma de resistencia. La guerra y nuevas formas de fascismo, la pobreza generalizada y la sobreexplotación de los trabajadores, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático y la extinción de la mayor parte de las especies que hoy pueblan el planeta. Éste es el futuro que nos aguarda, sino acabamos con la dictadura del capital. La célebre frase de Rosa Luxemburgo resuena cada vez con más fuerza ¡Socialismo o barbarie!
Enric