Editorial 88 Austeridad resignada o alternativa de lucha

Las elecciones del 20 de Noviembre confirmaron lo que todo el mundo sabía, la caída estrepitosa del PSOE que entregaba al PP casi todos los resortes del poder. Después de los avances espectaculares de ese partido en las elecciones municipales y autonómicas, obtiene una mayoría absoluta en las generales que le permite gobernar, teóricamente, sin trabas ni componendas.
Una gran parte del electorado que dio la mayoría al PSOE en 2008 se ha hartado de promesas incumplidas y de recortes continuos a sus condiciones de vida, sin resultado visible en cuanto a la salida de la crisis –más bien lo contrario, causa de la dolorosa recaída de la actividad económica que estamos sufriendo- y ha buscado diversas formas de protesta. Un sector de este voto perdido –no más del 15% probablemente- ha ido directamente al PP que, consigue 186 diputados con sumar menos del 5% (540.000 votos) a sus sufragios de hace tres años. En cambio, Rubalcaba se ha ganado 4.320.000 papeletas menos que Zapatero en 2008. La abstención sobre todo, pero también el voto nulo y otras candidaturas (IU, UPD, CiU…) han sido el destino de la protesta del electorado “socialista”, con el registro récord de los cinco millones de parados en mente. La meliflua promesa del cambio con Rajoy no despertaba ilusiones, pero esta vez no ha funcionado el voto del miedo ni el apoyo “al menos malo”, puesto que un desempeño peor era difícil de concebir. Es decir el miedo a la crisis, en el sentido de aferrarse a lo que se tiene antes de que lo quiten, le ha ganado la partida al manido llamamiento de “que vuelve la derecha”,
No se trata pues de un giro a la derecha sino del abandono de la confianza en la política por buena parte de los sectores clave en el apoyo tradicional al PSOE: los trabajadores y la juventud. Desde el drástico giro político en la primavera de 2010 hacia la austeridad y el desequilibrio de la legislación laboral ordenado por la UE y los mercados financieros ante la emergencia de la crisis de la deuda española, se han borrado a ojos vista las diferencias entre los partidos del sistema: tanto los parados y precarios como los jóvenes sin empleo ni esperanza cercana de conseguirlo rechazan la política o buscan otras alternativas. Funcionarios con los sueldos rebajados y la clase media urbana enfurecida por la pérdida de su nivel de vida se van pasando a la abstención o al voto de protesta. El PSOE pretendía representar a todo el centro sociológico y mantener un perfil de izquierda con algunas reformas de derechos democráticos (leyes del aborto, del matrimonio homosexual, de la memoria histórica, reformas autonómicas) una vez abandonado completamente su perfil de clase, pero ha acabado frustrando a todo el mundo, no sólo por la crisis sino por el desconcierto ideológico. Son meses de descenso continuo hacia la irrelevancia por parte del aparato socialdemócrata, buscando refundarse y renovarse a contracorriente, dividido internamente, sin asunción de responsabilidades y desprovisto de su principal activo: los cargos y prebendas institucionales que le permitían mantener una vasta red clientelar. Los resultados electorales del 20-N en Extremadura, Andalucía y Catalunya –territorios clave para las mayorías históricas del PSOE-corroboran esta tendencia, a la espera de que la autonómicas andaluzas cierren el ciclo de desplome en 2012.

La contestación en la calle, contra los recortes sociales de las respectivas administraciones, central, autonómicas, municipales se da desde el movimiento del 15-M y las organizaciones populares en términos de “No nos representan”, pero aunque la abstención ha crecido, el 20-N sólo ha sido 2 puntos más que en 2008. Si bien no se puede decir que haya un giro a la derecha porque el trasvase de votos al PP no es lo más significativo, tampoco alcanza el crecimiento de IU-ICV a compensar, ni mínimamente el descalabro del PSOE: el sistema democrático burgués se sigue degradando y está siendo abiertamente contestado la mayoría de votantes expresa el temor, la resignación o la impotencia. Está aún lejos de opciones alternativas que requieran esfuerzo y lucha. Por eso, sin mucha ilusión da la victoria a Rajoy, del que se pueden esperar los recortes sociales que ya se han venido imponiendo en Castilla-La Mancha y Madrid, o a CIU que acababa de imponer también sangrantes tijeretazos a la sanidad y la educación públicas.
Durante bastante tiempo van a chocar las resistencias a los recortes, los indignados y los movimientos alternativos con la resignación de la mayoría y apoyada en la impregnación ideológica conservadora emanada de los abundantes medios reaccionarios durante años a falta de respuesta y de modelo social y político que protegiera las conquistas sociales. El populismo, la xenofobia y los prejuicios antisindicales se han podido ver en la campaña electoral y arreciarán en el período que viene.
Las recetas patronales que Rajoy no quiso revelar
El gobierno catalán celebró el resultado de CiU lanzando un nuevo y demoledor paquete de mil millones de euros en recortes sociales a la semana siguiente. Rajoy no va a “ajustar” menos, sino mucho más, pero se prepara para una singladura más larga: de entrada pone sordina a los voceros de su partido y evita los excesos verbales del pasado, para no provocar rechazo y desgastarse antes de tiempo. Exige una nueva reforma laboral donde los sindicatos acepten su nuevo y devaluado papel de bendecir las exigencias patronales en aras de “recuperar la competitividad y el empleo” rebajando voluntariamente las condiciones y derechos del mercado laboral hasta el límite del mínimo vital, quitando la referencia obligatoria a los convenios de ramo, permitiendo el descuelgue de las empresas cuyos empresarios impongan condiciones particulares e inferiores, liquidando la barrera del salario mínimo para hacer contratos por debajo de los 600 € mensuales y volviendo a fórmulas de explotación juvenil como alternativa al 40% de jóvenes sin trabajo (hasta el 46% entre los menores de 25 años). El despido con indemnización de 20 días por año trabajado y la desaparición de la prórroga de los convenios son cargas de profundidad contra la negociación colectiva para completar el proceso de indefensión y precarización del empleo en aras de abaratarlo aún más.
Llega la hora de conocer el famoso programa oculto del PP y de comprobar cómo encaja en el nuevo presupuesto los cambios que se cocinan en las sucesivas cumbres europeas. La amenaza del desempleo planea sobre los trabajadores conminados a aceptar un retroceso histórico en las condiciones de trabajo y los derechos laborales. Se trata de la trampa de la austeridad y el equilibrio presupuestario, que parecen incontestablemente virtuosos, políticamente equilibrados y necesarios para cualquier política sostenible… si se obvia que los ingresos públicos demasiado escasos en período de crisis se deben sobre todo a los bajos tipos impositivos de las grandes empresas, a la imposición de las rentas del capital a tipo fijo muy inferior a la imposición sobre las rentas del trabajo y al cuantioso fraude fiscal –recuperándolo bastaría para cubrir el déficit, evitar los recortes y mejorar las coberturas sociales-. La reducción de costes es una opción exigida por el capital para recuperar las tasas de ganancia y la productividad de las empresas, a costa de expoliar a la clase media y sobre-explotar a los trabajadores.
Las prestaciones de la Ley de la Dependencia no se pueden sufragar, según Rajoy. La sanidad, la educación, la cultura y la inversión pública verán el mismo ahogo presupuestario o incluso se agravarán, no sólo por la coyuntura económica sino para dejar espacio a los negocios privados de la sanidad y la enseñanza.
La otra papeleta pendiente es la reestructuración financiera, concluyendo la concentración y saneamiento de las entidades a base de la adjudicación de las cajas en dificultades a los grandes bancos, con ayudas públicas ya sea completando la segregación de los activos inmobiliarios de difícil recobro en un “banco malo” de titularidad pública o con otras fórmulas de ayuda a la recapitalización de los bancos. Una vez más, en aras de recuperar la confianza, se socializarán las pérdidas para que el capital más concentrado se quede con todo el mercado y siga generando beneficios privados.
La agonía de la UE o ¿quién ha de pagar la deuda?
La ruptura de la UE y el abandono del euro por parte de algunos –o todos- sus miembros ha dejado de ser una hipótesis extrema manejada por catastrofistas, para ser un escenario posible del que cada vez se habla más en los medios de comunicación. La falta de confianza que inspiran y la incapacidad que muestran las instituciones europeas para intervenir en la crisis de la deuda soberana desde hace más de dos años –emergencia de la crisis de la deuda griega en Octubre de 2009- ha ido agravando cada vez más la situación hasta hacerla inmanejable, contagiando a las demás deudas soberanas, ahuyentando al capital alérgico al riesgo y dando pie a una espiral especulativa que devora todos los recursos liberados a costa de dolorosos recortes en los presupuestos sociales.
No se trata sólo o principalmente de inconsciencia o de inoperancia de los miembros y las instituciones de la UE, ha habido interés en que todo siguiera igual: nadie está dispuesto a pagar solidariamente para avalar a los miembros en dificultades, los más fuertes como Alemania se han beneficiado de la crisis de los estados deficitarios, quedándose con los mercados y ventajas competitivas y financiando su propia deuda a tipos muy inferiores. Se aprovechan de la aversión al riesgo de los “mercados” ante la quiebra de la confianza en las emisiones de los estados periféricos de la UE y se niegan a compartir la cobertura de la deuda injusta que ha contribuido a acumular desde la creación del euro.
Sucesivas cumbres europeas han diseñado soluciones parciales y provisionales, inyecciones de liquidez a la banca, rescates financieros imponiendo gobiernos tecnocráticos al dictado del capital financiero o respaldos condicionales a la deuda soberana, siempre insuficientes para recuperar la liquidez del sistema y la confianza, sin lograr una autoridad fiscal común o un BCE competente ni siquiera al borde del estallido del euro. Los intereses nacionales divergentes, las presiones de bancos y especuladores de la City londinense contra toda regulación y la erosión de los respectivos gobiernos ante citas electorales próximas han bloqueado los movimientos en el seno de la UE. Una decisión, en teoría tan razonable e inevitable, como la quita parcial de la deuda griega a cargo de los bancos acreedores en Octubre de 2010 produjo una retirada inmediata de fondos y el contagio de las tensiones a las deudas soberanas de Portugal, Italia, España, etc. El tratado del 10 de diciembre, improvisado como acuerdos bilaterales y sin Reino Unido, no es una solución, apenas un nuevo compás de espera hasta el próximo episodio de crisis cuando se vea que los fondos de rescate son insuficientes y que la disciplina fiscal a la alemana tiende a ahogar la economía y agrava la recesión, lo que a su vez daña la capacidad recaudatoria de los estados y obliga a nuevos ajustes presupuestarios…
Este episodio pone de relieve no sólo la tendencia a la ingobernabilidad y la erosión de la democracia burguesa en condiciones de la crisis estructural del capitalismo, sino también que la unificación de Europa es imposible bajo la dictadura del capital. Del carácter regresivo, abiertamente reaccionario de la situación se desprende la sola coincidencia en imponer sacrificios colectivos a las capas populares. La otra conclusión es que no hay soluciones ni reformas parciales posibles: hay que derribar al sistema o nos conducirá a una catástrofe social, de la que la quiebra de la moneda única podría ser un factor desencadenante. El primer paso es rechazar la pertenencia a la cueva de ladrones de la UE y el chantaje de la deuda injusta, sabiendo que la alternativa significará ciertamente austeridad pero esta vez será de otro modelo económico solidario y opuesto a la lógica perversa del imprescindible crecimiento capitalista y al espejismo de la riqueza ficticia levantada en torno al euro.
¡No al pacto social! ¡Fuera los recortes de salarios y servicios públicos!
La situación económica y el resultado electoral configuran una perspectiva de hacia la agravación de los ataques a las condiciones de vida y trabajo, sin respuesta en el campo parlamentario y de la política institucionalizada. Tampoco cabe esperarla de las burocracias sindicales desmovilizadoras y temerosas, atadas a la práctica del pacto social ya imposible. Todo dependerá de la capacidad de resistencia y reorganización a partir de las luchas locales y sectoriales, las redes de los movimientos sociales, las organizaciones sindicales combativas, las asambleas del 15-M, etc. En esta línea es fundamental organización de asambleas y comités de lucha en centros de trabajo y su conexión con los barrios obreros y populares para integrar a jóvenes, parados, precarios y a los trabajadores de las pequeñas empresas que comparten la misma situación y no tienen acceso al soporte sindical pero necesitan imperiosamente defenderse de los abusos.
Buscar la unidad y unos ejes centralizadores del movimiento es la clave para levantar la resistencia. Pero no basta con grandes concentraciones, hay que organizar de manera estable y activa a los participantes para responder a los ataques del capital mientras se abren espacios para el debate colectivo de una alternativa política al sistema que extiende la miseria. La lucha de clases no se acabó con el avance de la ideología burguesa desde los años 80, incluso en las derrotas la alimentan las contradicciones del sistema. Ahora se trata de levantar la resistencia y reorganizar el movimiento proveyéndolo, a través de su experiencia, de perspectiva de clase para dar sentido al cambio que necesita. 09-12-11