El genocidio de Gaza. La barbarie interminable.

“Como judío me preocupa formar parte de un país que mata a inocentes o los enjaula. Es terrible que con la excusa de no querer ser nunca más víctimas nos convirtamos en verdugos” (declaración de un miembro de Alternative Internacional Center)
El 4 de noviembre, cuando todo el mundo estaba pendiente de las elecciones norteamericanas, Israel atacó Gaza. El ataque se inició sin que hubiera ninguna provocación de los palestinos[1]. La tregua establecida en julio quedó rota. En ésta se establecía que los palestinos se comprometían a no lanzar ningún misil, y a cambio Israel abriría los pasos fronterizos para dejar entrar productos de primera necesidad. Israel nunca cumplió su parte del acuerdo. Según Gareth Porter, especialista en Oriente Próximo: “Hamas intentó hacer cumplir los términos de la tregua a otros grupos palestinos, tomando una serie de medidas contra los que la violaban, que incluyeron la detención de sus militantes y la confiscación de sus armas”[2]. Entre octubre y noviembre sólo se dispararon dos cohetes. Hamas buscó el apoyo de la población para su política de alto el fuego. Porter indicó que: “el 21 de diciembre, cinco días antes de la ofensiva (terrestre), Yubal Diskin, jefe del Shin Bet, la agencia de seguridad israelí, advirtió. ‘No se equivoquen. Hamas está interesada en el mantenimiento de la tregua…”[3].
Después de una semana de intensos bombardeos, que causaron 400 muertos y 2.000 heridos, Israel lanzó la anunciada invasión terrestre. Diez mil soldados, con equipos sofisticados, respaldados por tanques, aviones y artillería, se lanzaron contra la franja de Gaza, en la que se hacinan más de un millón y medio de palestinos.

El objetivo del sionismo: La solución final palestina.
“A los palestinos hay que hacerles entender en lo más profundo de su conciencia que son un pueblo derrotado” (Moshe Yaalon, jefe del Estado Mayor israelí)[4].
Desde antes de la fundación de Israel, los planes del sionismo han sido convertir a la población palestina en un conglomerado sin identidad política ni nacional, que no pueda resistirse a su definitiva expulsión de la Palestina histórica.
El objetivo nunca fue la victoria militar sobre Hamas (por otro lado, imposible)[5], sino el terror y la desmoralización de la población, para que después de la agresión se rebelara contra su gobierno, y facilitara la reentrada de Al Fatah y la ANP. El resultado de la ofensiva aérea fue más de 400 muertos, de los que el 42% eran mujeres y niños[6]. La ONU denunció que el ejército sionista había ordenado a 110 palestinos del barrio de Zeitún, la mitad niños, que se refugiaran en un edificio, “24 horas más tarde, los bombardearon repetidamente, matando a unas 30 personas”[7]. El colapso del debilitado sistema sanitario fue total. El 80% de la población estaba sin agua y las aguas fecales corrían por las calles, con el consiguiente riesgo de epidemias. Decenas de miles de desplazados deambulaban de un lugar a otro, sin comida, ni agua, tratando de huir de los bombardeos. Tres de cada cuatro habitantes estuvo a oscuras y sin calefacción, en pleno invierno, con grave riesgo de hipotermia. Los comercios estaban cerrados. Un millón de personas dependía de la ayuda humanitaria de la ONU, que se acumulaba en los pasos fronterizos, y que el ejército israelí dejó entrar con cuenta gotas. El reparto de la que consiguió entrar fue suspendido varias veces, después de que los israelíes bombardearan sus escuelas y asesinaran al chofer de uno de los camiones.
La solución final que planea el sionismo, y que cuenta con el beneplácito de los gobiernos musulmanes proimperialistas de la región, forma parte del orden internacional que las grandes potencias pretenden imponer, en contra de sus propias clases trabajadoras y de las naciones oprimidas. Simón Peres declaró que, a puerta cerrada, todos estos gobiernos apoyan el aplastamiento palestino. Sin embargo, la utopía reaccionaria del sionismo se estrellará contra una resistencia nacional, que lejos de desaparecer, crecerá, como consecuencia de la barbarie desencadenada. El imperialismo se encuentra debilitado la crisis económica, que abre nuevos frentes de desestabilización y de luchas populares en todo el mundo.
Cesar Díaz

La desinformación: La batalla de las mentiras.
Israel prohibió la entrada de los medios de comuncación en Gaza, para que no fueran testigo de la masacre. La prensa israelí aceptó miserablemente que el ejército fuera su única fuente de noticias, y cuando no hubo más remedio, se organizaron viajes organizados al interior de la franja, para los periodistas extranjeros. Las noticias sobre las atrocidades podían provocar movilizaciones en todo el mundo que pondrían en aprietos a sus aliados. Sin embargo no pudieron evitar que las imágenes y las denuncias surgieran de las cámaras de Aljazeera y los voluntarios internacionales que se encontraban allí. “Hay situaciones dantescas como la de cientos de palestinos heridos tirados, a los que no se puede evacuar por la presencia de fuerzas especiales y francotiradores israelíes… Ayer bombardearon dos ambulancias y mataron a parte o a todo su equipo médico”[8]. La prensa internacional, que en los primeros días daba por buena la versión israelí y silenciaba las voces palestinas, empezó a matizar su posición.
El aparato de propaganda sionista puso en marcha todos sus efectivos para contrarrestar las noticias que llegaban de Gaza. La prensa de interior actuó como un instrumento sumiso a la hora de manipular a la población israelí: “Cada bebé se metamorfoseaba en un terrorista de Hamas. Cada mezquita bombardeada instantáneamente en una base de Hamas, cada edificio de departamentos en un escondite de armas, cada escuela en un puesto de mando de un comando terrorista, cada edificio civil del gobierno en un “símbolo del dominio de Hamas’. Entonces el ejército israelí retenía su pureza como ‘el ejército más ético del mundo’[9]“. Cualquier crítica fue tachada hasta la nausea de “antisemitismo”. De este modo se llegó a lo grotesco al poner en un mismo saco las escasas acciones de la extrema derecha, con las manifestaciones de solidaridad internacional, los partidos de izquierda, e incluso a numerosas personalidades judías que en todo el mundo denunciaron la masacre. En la manifestación de Barcelona, en la que participaron cerca de 100.000 personas, señalaron la aparición de una pistola en manos de un encapuchado que nunca fue descubierto, y se insinuó el ”antisemitismo” del Conseller Saura, por participar en ella. El principal propagador del antisemitismo es el propio sionismo, que se empeña en identificar su bestialidad, con el pueblo judío.
El sionismo declaró que la ofensiva era contra Hamas, y no contra el pueblo palestino. Mentira. Las imágenes de ensañamiento contra la población demuestran lo contrario. El bombardeo de mezquitas, escuelas y hospitales fue un acto premeditado, para desmoralizar al pueblo de Gaza. El médico Eric Fosse denunció que el 80% de los muertos eran civiles y más del 25% niños. Los voluntarios sanitarios daneses rebelaron que los cadáveres tenían rastros de uranio empobrecido, que se utiliza contra los carros blindados, ¿pero dónde estaban los tanques palestinos? También se utilizó fósforo blanco[10] y bombas de fragmentación. Mads Gilbert, miembro de la delegación de voluntarios noruegos denunció que se utilizaron explosivos de material inerte denso contra la población. Las víctimas quedan despedazadas. Muchos de estos explosivos contienen agentes cancerígenos que afectarán a los supervivientes durante siglos[11]. ¿Qué mejor prueba podemos encontrar de que el principal objetivo era la población, que se resiste a marcharse, y que ve en Hamas a su defensor?
Otro de los argumentos fue que la intervención fue para frenar el lanzamiento de misiles palestinos contra el sur de Israel. Mentira. Plomo Fundido empezó a urdirse dos años antes, después del fracaso de la invasión de Líbano[12]. Durante este tiempo, el gobierno construyó una réplica de Gaza en el desierto del Neguev, donde entrenó a sus soldados y probó distintos tipos de armamento. La agresión no fue una reacción al lanzamiento de cohetes, sino una operación planificada, para derribar el gobierno de Hamas[13].
Durante todo este tiempo, Israel sometió a Gaza a un implacable asedio de hambre, provocó el colapso sanitario, con la desaparición de medicamentos y productos de primera necesidad e impidió el abastecimiento de energía. Sólo cuando consideró que sus planes estaban maduros, militar y políticamente, comenzó las provocaciones.
El 4 de noviembre aviones israelíes atacaron los túneles por donde se introducía el contrabando que abastecía a la franja y mató a varios dirigentes de Hamas. Como respuesta los palestinos lanzaron varios cohetes, que fueron utilizados como pretexto para la agresión militar. Los misiles artesanales eran la única forma que tenían los palestinos para luchar contra el cerco y el silencio internacional.
Israel acusó a Hamas de escudarse detrás de la población. Mentira. La población palestina está constituida por las familias de Hamas y no por rehenes obligados a servir de escudos humanos. La acusación pretende absolver al sionismo de su responsabilidad. Al ejército no le importó asesinar a la población, con tal de evitarse bajas, que habrían sido mal recibidas en Israel. Uri Avnery, una de las voces israelíes, que se opusieron a la masacre desde el primer momento, denunció la demagogia comparando el cerco de Gaza con el de Leningrado, asediado por los alemanes, y el Londres bombardeado por la Wermacht. ¿Alguien en su sano juicio aceptaría que el Ejército Rojo, o el gobierno de Churchill fueron los responsables de las atrocidades, y no las tropas nazis?
Israel se defendió de las acusaciones por el bombardeo de la escuela Fakhura de la ONU en el campo de refugiados de Jabliya, diciendo que Hamas había disparado desde ella sus morteros y como prueba presentó una fotografía aérea. Mentira. Después tuvo que reconocer que había sido tomada un año antes. Dijeron que los palestinos habían disparado desde sus instalaciones. Mentira. Tuvieron que desdecirse cuando fueron desmentidos por los propios funcionarios de la ONU de la escuela.
Israel clama hipócritamente por el reconocimiento de su derecho a la existencia, un derecho reconocido por el imperialismo y la casi totalidad de los Estados del mundo. Para ello a aplasta al pueblo palestino, cuyo derecho a la existencia nacional casi ningún Estado acepta. “Esta autojustificación se basa ante todo en puras mentiras… reminiscencias de los peores días de la Europa de los años 30. No hay fronteras en la hipocresía que produce una furia autojusticiera. El discurso de los generales y de los políticos se mueve erráticamente entre la autocongratulación por la humanidad que el ejército muestra en sus operaciones ‘quirúrgicas’ por una parte y, por la otra, la necesidad de destruir Gaza de una vez por todas, de una manera humana, claro está”[14].
Enric Mompó

La alianza de los canallas.
La arrogancia de Israel no tiene límites, pero no nos engañemos, su capacidad política y militar depende de sus aliados y cómplices a escala internacional. No sólo cuenta con el respaldo incondicional de USA y la UE, también tiene la complicidad de los gobiernos musulmanes reaccionarios de la región. La causa palestina es un obstáculo que desestabiliza sus países y les impide normalizar sus relaciones con el imperialismo.
El cerco de Gaza no sería posible sin la colaboración del gobierno egipcio[15], que guarda celosamente sus fronteras y que impidió la entrada de los voluntarios sanitarios de todo el mundo que acudían en ayuda de la población[16]. Hosni Mubarak facilitó información a los servicios secretos israelíes: “No se debe permitir que Hamas gane su conflicto con Israel”[17]. La monarquía jordana aplaudió la masacre, mientras que la Liga Arabe convocó una reunión de urgencia que tardó una semana en realizarse, y que como siempre no condujo a nada más que a discursos y lamentaciones por la violencia israelí. Seyyer Nasrallah, dirigente de Herzbollah, denunció que “los mismos regímenes árabes que le reclamaron a Israel que eliminara a Herzbollah, son los que hoy le reclaman a Israel que elimine a Hamas”[18].
La Autoridad Nacional Palestina, que actúa desde hace años como carcelera del pueblo palestino, reprimió y encarceló a los que en Cisjordania se manifestaban en solidaridad con Gaza, para impedir una nueva Intifada. Numerosos dirigentes de Al Fatah se mostraron entusiasmados ante la posibilidad de que una derrota de Hamas les abriera las puertas de la franja. La ANP se lamentó por la inusitada violencia desencadenada por Israel, pero las declaraciones sonaron vacías ante la población de Cisjordania, que ve como los asentamientos sionistas cada día les arañan nuevas tierras, y como eran asesinados sus hermanos de Gaza, sin que la ANP mueva un dedo.
El imperialismo norteamericano respaldó incondicionalmente a Israel en sus acciones. Bush vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier intento de establecer un alto el fuego hasta el final. Pero las bendiciones de Bush, conllevaban implícitamente la de Obama. Éste se negó a hacer cualquier declaración alegando que no podía haber dos presidentes al mismo tiempo. Pero no tuvo problemas a la hora de apoyar públicamente un plan de ayuda multimillonario a las industrias automovilísticas. Aunque existan diferencias entre ellos, la continuidad política es obvia. Comparten en el gobierno a destacados proisraelíes, como el secretario de defensa Rober Gates. Tampoco es casual que Obama nombrara a otro sionista, ciudadano y exmilitar israelí, Rahm Emmanuel, como jefe de su gabinete. Tal como lo expresó el periodista israelí Amir Oren, en el período anterior a la investidura: “la voz que se oye es la de (Condoleezza) Rice… las manos que se mueven son las de Jim Jones (miembro del equipo de Obama).La estrategia ya está coordinada con la nueva administración”[19].
La UE se mostró, como siempre, dividida. Mientras Gran Bretaña y los países del este aplaudían la masacre, Francia y Alemania, reclamaban un alto el fuego, condicionado a que Hamas abandonara la resistencia. José Luis Rodríguez Zapatero protestó por la “respuesta desproporcionada” de Israel, pero en ningún momento pasó de ser un gesto retórico de consumo interno. El ministro de Exteriores, Angel Moratinos, lo dejó claro cuando declaró que las relaciones con Israel no eran malas, y que éstos entendían la postura española. Sin comentarios.
Israel pudo campar a sus anchas, sin que nadie les molestara en su tarea. El final de la agresión estaba clara para todos, fueran cuales fueran los resultados: No había que estropearle a Obama su fiesta de investidura. Con la tregua unilateral, la farsa continuó. Los cómplices de la UE celebraron el cese del derramamiento de sangre y viajaron a Israel para negociar una mejora de las relaciones bilaterales. Curiosa forma de negociar un acuerdo de paz, en la que los intermediarios sólo conversan con una de las dos partes: la agresora. Hamas continuó en la lista de organizaciones terroristas de la UE, para no molestar a USA y los sionistas. En la cena ofrecida al británico Brown, al francés Sarkozy, a la alemana Merkel, al checo Topolanek y al español Rodríguez Zapatero, Olmert se mostró agradecido “por demostrar su impresionante apoyo al Estado de Israel y su preocupación por su seguridad… Por nuestra parte, por los valores humanos más básicos, hemos hecho y continuaremos haciendo todo lo necesario para evitar una crisis humanitaria en la franja de Gaza de modo que podamos ayudar a los civiles inocentes que cayeron víctimas de la organización terrorista. Estamos interesados en trabajar junto a ustedes para crear mejores condiciones para una vida pacífica y mejor para la población palestina de la franja de Gaza. Mediante un esfuerzo conjunto, que disminuya el dominio de Hamas, creo que tendremos éxito”[20]. Nadie protestó, nadie se sonrojó, nadie vomitó.
A la alianza de los canallas hay que sumar personalidades que en el pasado, posaron de “pacifistas”. Gydeon Levy[21], una de las excepciones, sufrió los ataques del gobierno y recibió numerosas amenazas de muerte. Pero la mayor parte de las injurias procedieron de sus antiguos compañeros, como Abraham Yehosua, que en una carta abierta le advirtió que era imprescindible que volviera a examinar su oposición a la guerra, para mantener su “legitimidad moral”[22]. ¿Qué diantre entenderá esta gente por “legitimidad moral”?. Yehosua, cuya hipocresía no parece tener límites declaró: “Golpeamos a Hamas, no a los niños”, lástima que una tercera parte de las víctimas fueran niños. “Es para el interés de sus propios niños en el futuro, para que no mueran en otra aventura sin sentido”[23], o sea, tal como lo interpretó Levy en su respuesta, matamos a los niños para salvarlos de su futuro. Con “amigos” como éstos, para qué necesitamos enemigos.
César Díaz

El sionismo necesita del terror para sobrevivir.
Como si de un vampiro se tratara, el sionismo necesita del terror y la sangre para sobrevivir. Manipula en los medios de comunicación a su propia gente, mediante el miedo al otro para conseguir sus objetivos. El terror provoca, incluso entre los sectores críticos, un efecto de cohesión política y social. El enemigo es deshumanizado, es “el otro”, que, sediento de sangre judía siempre pretende un nuevo Holocausto[24]. La información sobre la agresión fue tergiversada, se ocultaron las imágenes de las mujeres y los niños asesinados, para evitar que las dudas cundieran entre la población. La situación interna de Israel es, contrariamente a la arrogancia oficialista, tremendamente frágil y no podría soportar una aventura militar con gran número de bajas y nuevas masacres de la población civil. Tal como lo expresa David Hartwell, experto en Oriente próximo:”Israel deberá mostrar resultados tangibles para justificar ante la opinión pública el costo en vidas humanas y en dinero”[25].
La debilidad del sionismo es que necesita continuar apareciendo, no como el agresor, sino como el pequeño David judío enfrentado al gran Goliat árabe. “El respaldo generalizado que tuvo la ofensiva en el primer momento, se resquebraja a medida que queda claro la desproporción de muertos civiles frente a combatientes palestinos, 60% contra 40% de militantes de Hamas”[26]. “En las marchas y solicitadas ya no participa sólo la ultraizquierda, o la población árabe israelí, sino personalidades centrales de la izquierda patriótica, exmilitares y diplomáticos. Zvia Valdan, hija del presidente Simón Peres, llamó junto a laureados premios Nobel, generales retirados y médicos prominentes a salvar a los niños de Gaza”[27]. Las críticas empezaron a cundir entre los reservistas: “el odio que sembramos nos volverá como un boomerang”[28]. El resquebrajamiento de la opinión pública acabó agrietando el edificio político y militar. El gobierno se dividió entre los partidarios de ir hasta el final y los que creían que era el momento de arrancar un acuerdo ventajoso a un Hamas, supuestamente debilitado.
La apuesta militar del sionismo no puede explicarse sin tener en cuenta aspectos políticos e históricos. La utopía sionista nació, lejos del mito oficialista de “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”, entre el terror y la sangre de los que vivían en la región. Pero para mantenerla necesita continuamente de nuevos caudales de sangre y de terror. Pese a las condenas de la ONU, pese a los acuerdos, tejidos por el imperialismo, con la burguesía palestina de la ANP, que eran papel mojado, poco después de firmarse, Israel no tiene intenciones de limitar su expansión. Construye nuevos asentamientos, hostiga a sus antiguos habitantes y persigue a la minoría árabe que vive en Israel, para que se marche. Y pese a las atrocidades cometidas, necesita seguir apareciendo ante su propia gente y ante la opinión pública mundial como la eterna víctima.
La masacre de Gaza ha sido utilizada impúdicamente por las camarillas de psicópatas que dirigen los partidos sionistas, para ganar escaños en las elecciones de febrero. En un ambiente de amenaza externa, cada candidato se jactó de ser el más firme defensor del pueblo judío frente al “otro”. Illan Pâpe cuenta que cuando se refieren a Gaza, los sionistas hablan del “Me’arat Bachashim” (el foso de serpientes), pero el verdadero Me’arat Bachashim del pueblo judío, es el propio sionismo.
Ernesto Díaz

El frente interno: Se preparan nuevos capítulos de sangre y terror.
Aunque fueran una minoría, no podemos dejar de admirar y aplaudir a los que dentro de Israel, no se dejaron manipular, ni se callaron ante la atmósfera de amenazas que se cernía sobre ellos.
El pasado 3 de enero, miles de manifestantes, judíos y palestinos, se concentraron en la plaza Rabin, de Tel Aviv, para denunciar la masacre. Los manifestantes gritaban; “Barak, Barak, ¿cuántos chicos mataste hoy?”. En el momento en el que Israel lanzaba la ofensiva terrestre, más de 100.000 palestino israelíes se manifestaron en Sakhnin. Según testigos, fue la mayor manifestación palestino israelí desde el nacimiento de Israel. Hubo otras en Fahem, Tira y Taybe. 700 palestino israelíes fueron detenidos.
Aunque la prensa internacional apenas habla de los palestinos que viven en el interior de Israel, no son una masa políticamente inerte (contaban hasta hace poco con 7 diputados en la Knesset (Parlamento) y en los últimos tiempos se han radicalizado y tienden a identificarse con sus hermanos de Gaza y Cisjordania.
Sus condiciones de vida desmienten el mito de un Israel democrático, amenazado por el “terrorismo”. Aunque hace años consiguieron la ciudadanía, las leyes raciales los convirtieron en israelíes de segunda clase, discriminados y siempre sospechosos de ser potenciales “terroristas”. Tienen prohibido casarse con judíos y con palestinos de los territorios ocupados. El paro cuadriplica el de los judíos (38% contra el 9%), sus salarios son menos de la mitad (500 contra 1050 euros), el porcentaje que vive por debajo del nivel de pobreza lo triplica (48% contra el 15%). Sus municipios son los más pobres del país, sus calles no están asfaltadas y carecen de hospitales. No reciben créditos, ni becas, ni prestaciones. Sólo 1 de cada 10 accede a la universidad (contra 1 de cada 3 judíos). En las escuelas no se les enseña su historia. No pueden afiliarse a los sindicatos Y Sus condiciones laborales son peores. No se les concede permisos para construir viviendas y a menudo son derribadas las que tienen. No tienen acceso al agua para sus campos y tampoco pueden comprar nuevas tierras. La discriminación recuerda las leyes raciales de la Alemania nazi, o las de la Sudáfrica en los peores tiempos del Apartheid. Es la forma en la que el sionismo les dice que no son bienvenidos.
Recientemente se intentó prohibir a los partidos palestino israelíes que se presentaran a las elecciones, acusados de simpatizar con las organizaciones “terroristas” y de rechazar el derecho de existencia de Israel (¿no hay una cierta similitud con las candidaturas de HB en Euskadi?). Pese a que la moción fue rechazada por “falta de pruebas”, el intento constituye el primer paso hacia la ilegalización. Así responde Israel a las movilizaciones de solidaridad con Gaza. Ahmed Aidi, diputado y dirigente de uno de los partidos acusados declaró: “Se trata de un enjuiciamiento político encabezado por un grupo de fascistas y racistas deseosos de ver una Knesset y un Israel sin árabes”[29]. Pero la extrema derecha no es la causa, sino el instrumento que el sionismo utiliza para dar el primer paso, después ya vendrán otros.
La exministra de Exteriores, Tzipi Livni declaró que Israel es “el hogar nacional del pueblo judío”, es decir, el sionismo no está dispuesto a tolerar que nadie desdibuje su utopía étnica. La puerta de las expulsiones está entreabierta. El líder fascista Avigdor Lieberman, el verdadero triunfador de las elecciones, (que propuso lanzar una bomba nuclear sobre Gaza) amenazó: “vamos a actuar contra todos aquellos ciudadanos de Israel que no son leales al Estado” (también los judíos ortodoxos rechazan a Israel como blasfemo, pero a ellos no les alcanza la amenaza). El primer paso es el arrinconamiento y la neutralización política del “enemigo interno”, pero los planes van más lejos. El sionismo prepara nuevos capítulos barbarie. El crecimiento demográfico de la minoría palestina, que ya constituye más del 20% de la población y que en 2030 será ya la mitad, es una amenaza mortal para un Israel étnicamente puro.
La población judía es bombardeada continuamente por la prensa con noticias sobre la amenaza interior. El miedo al “otro” se extiende también en casa. No es casual el vertiginoso ascenso de la extrema derecha, ni que una parte de la opinión pública israelí sea partidaria de las expulsiones. Los planes de limpieza étnica están madurando.
Enric Mompó

Quien pierde. Quien gana.
La masacre de Gaza ha desestabilizado el frágil equilibrio de Oriente Próximo. La terrible desproporción de muertos entre ambos bandos (15 soldados israelíes, contra 1500 palestinos, de los que más de 1.000 corresponden a la población civil, entre ellos 400 niños) derrumba el mito del Israel amenazado y muestra su verdadero rostro, el del agresor expansionista e inmisericorde. El sionismo ha fracasado en su intento de aplastar a Hamas, pero como si de un aprendiz de brujo se tratara, ha abierto la puerta a fuerzas que no es capaz de controlar.
Pierde la ANP, que ha quedado profundamente desprestigiada. Sus coches oficiales son apedreados por la población. Algunos empiezan a cuestionarse su autoridad: “Debemos disolver la AP y mantenernos bajo la ocupación. Nuestra autonomía es una burla. La AP libera a Israel del costo de la ocupación”[30]. La historia de pactos con Israel es un camino de humillaciones. “Desde la conferencia de Anápolis las frustraciones palestinas crecieron en la medida en que Israel aceleró la construcción de asentamientos en los territorios palestinos ocupados, incrementó la demolición de las casas palestinas e intensificó su sitio sobre Gaza, todo en violación de la ley internacional y sus recientemente renovados compromisos”. “Desde que se firmaron los acuerdos de Oslo en 1993, las condiciones empeoraron para los palestinos de a pie. La población de los asentamientos israelíes en los territorios ocupados se ha doblado[31]; se han desarrollado sistemas viajes segregados; se erigieron bloqueos y controles militares; los olivos fueron arrancados y un horrible muro serpentea su ruta malévola a través de Cisjordania”[32]. Pero la AP nunca movió un dedo y se ha limitado a lamentarse por la insaciable voracidad sionista. Por el contrario se adaptó a las nuevas condiciones esperando las migajas arrojadas por el imperialismo, como recompensa por los servicios prestados. El primer ministro Sayyad lo dejó claro:”La AP está comprometida a crear las condiciones que incentiven la inversión privada (pues) sólo el sector privado puede impulsar a Palestina hacia un crecimiento sostenido. Ninguno de los proyectos de desarrollo de la AP hubiera sido posible sin el apoyo de los donantes e inversores internacionales”[33].
El período legal de existencia del gobierno de la AP ha vencido y Abbas es un cadáver político. No van a convocar elecciones. No, mientras no encuentren un recambio que les asegure la derrota electoral de Hamas. El gobierno israelí ha sugerido que en el intercambio de prisioneros que está negociando, podría liberar a Barguti, la figura más popular de Fatah entre los palestinos.
The Jerusalén Post advirtió sobre los riesgos de la operación militar, en palabras de un oficial de Fatah: “el fracaso a la hora de aplastar completamente a Hamas serviría para minar a Fatah y prepararía el camino para el colapso de los regímenes árabes moderados”. La matanza de inocentes ha sido observada con horror e indignación, en todo el mundo islámico. La falta de respuesta de sus gobiernos ha sido interpretada como una muestra de complicidad con Israel. Los servicios de seguridad de estos países han registrado el incremento de la agitación popular. Por ese motivo gobiernos como el egipcio, o el turco, sólidos aliados del imperialismo, se atrevieron a denunciar a Israel, e incluso a pedir su expulsión de la ONU.
Pierde Israel. Los triunfales editoriales de la prensa sionista “Israel marcha a reocupar Gaza… es imposible que se retire sin logros”[34], fueron perdiendo fuerza. Ahora sólo se habla de “una tregua duradera”. Pero ¿cuánto puede durar una tregua, que exige el sometimiento incondicional de la otra parte?
El alto el fuego es una farsa para ganar tiempo. Israel no está dispuesto a aflojar el cerco. El 20 de enero, la flota israelí bombardeó la costa de Gaza para “reforzar el bloqueo naval”[35]. Los tiroteos se han atenuado, pero no han cesado y sigue aumentado el número de muertos. Las entradas de Gaza están selladas y sólo entran productos de primera necesidad para poder decir que permiten la entrada de la ayuda humanitaria. No hay energía eléctrica y pese a que el 20% de las casas están derruidas, no permiten la entrada de material de construcción, para “no favorecer a Hamas”.
El exprimer ministro Olmert pide la presencia del imperialismo para asegurar el bloqueo, pero sus relaciones con Egipto atraviesan un mal momento. Le piden que colabore, pero Mubarak no ve con buenos ojos la presencia norteamericana y de la OTAN en sus fronteras. La ANP sería la encargada de controlar el paso de Rafah entre Egipto y Gaza, pero reforzaría más aún su imagen de carcelera de su propio pueblo.
Gana Hamas. El ejército sionista no pudo acabar con él, a pesar de la desigual fuerza de los dos bandos. Resistir es vencer. No sólo la población no se ha sublevado contra su gobierno, sino que ahora ven a Hamas como su defensor. Israel pretendía debilitarlos para que la AP recuperara el control de Gaza. Ahora, no sólo conservan el control de la franja, sino que han ganado popularidad en Cisjordania.
Sin la colaboración de las grandes potencias y sus socios los gobiernos proimperialistas islámicos, el sionismo no está en condiciones para acabar con la resistencia nacional palestina. El nuevo escenario de recesión del capitalismo mundial debilita a los padrinos de Israel y desestabiliza a sus socios en la región, volviendo insoportables las ya miserables condiciones de vida de sus pueblos. Esta situación es la que explica el auge de la derecha y de la extrema derecha sionista en las recientes elecciones en Israel.
César Díaz.

La resistencia antisionista. Ellos son el futuro.
El sionismo, desde sus orígenes fue un proyecto de las grandes potencias. Por eso acuñó el mito de “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”. En el proceso liquidación de sus viejos imperios coloniales, Francia y Gran Bretaña crearon fronteras conforme a sus intereses geoestratégicos, que pasaban por la neutralización de los movimientos nacionalistas y antiimperialistas, y por impedir una unidad que les habría dificultado seguir explotando sus recursos naturales (petróleo). Para consolidar el nuevo orden internacional entregaron sus antiguas colonias a la aristocracia árabe colaboracionista.
El proyecto de una Palestina dividida en cantones étnicos y el surgimiento de un Israel sionista (con una población procedente principalmente de Europa y USA), consolidaba el control de la región y dificultaba la penetración de la influencia de la URSS. Stalin apoyó la fundación de Israel convencido de que podría arrebatarle a USA y Gran Bretaña su papel de gran hermano, frente a unas masas árabes atrasadas, que despreciaba. Ben Gurión reconoció que sin el apoyo de las armas checas, habría tenido grandes dificultades para llevar a cabo sus proyectos. Pero las ambiciones del sionismo iban más lejos que el territorio asignado por la ONU, ambicionaba apropiarse de toda Palestina y la expulsión de la población árabe que la poblaba desde hacía siglos.
Porque forma parte de su esencia, el sionismo nunca permitirá una nación palestina independiente. A causa de su incapacidad para expulsarlos, acepta de palabra una parodia de Estado, dividido en bantustanes, y administrado por una dócil y corrupta AP. Los dos Estados son inviables. El palestino quedaría relegado a las tierras más pobres y desérticas de la región, en dos zonas, Gaza y Cisjordania, que no tienen conexión entre sí. El judío, porque sólo puede sobrevivir mediante el terror.
El sionismo ha construido un muro mucho más formidable que el muro de la vergüenza que separa físicamente ambas comunidades. Un muro construido durante 60 años con ríos de sangre y terror. Los palestinos ven en Israel a su cruel opresor, el que les ha expulsado de sus casas y los ha convertido en un pueblo paria. Los judíos ven en los palestinos al “otro”, un fantasma demoníaco que ansía su exterminio en una especie de segunda versión del Holocausto.
Con la agresión a Gaza, el sionismo pretende enterrar, bajo las toneladas de bombas lanzadas sobre la franja, cualquier lazo de aproximación entre los dos pueblos. Un muro que tendrá que derribar la minoritaria izquierda israelí antisionista, y todas aquellas personas decentes que se niegan a dejarse manipular por la atmósfera de temor.
A principios de febrero, el ministro de Defensa Ehud Barak, tuvo que anular una conferencia en la Universidad de Tel Aviv por temor a las protestas de los estudiantes, que llenaron las paredes con pintadas en las que lo acusaban de “asesino”. La prensa israelí silenció las multitudinarias movilizaciones que se desarrollaron en todo el país en contra de la guerra. El pasado 27 de diciembre más de 10.000 manifestaron recorrieron las calles de la capital, encabezada por Uri Avnery (de “Gush Shalom”, Bloque por la paz) pero sólo mereció 27 escuetas palabras en Haaretz (el resto ni la mencionó). ¡Esta es la esencia de la “democracia” sionista. En la manifestación participaron más de 20 organizaciones pacifistas y organizaciones de la izquierda revolucionaria (Coalición de Mujeres por la Paz, Anarquistas contra el Muro, Centro de Información Alternativa…). Entre las consignas coreadas destacaban “Judíos y árabes no queremos ser enemigos, “Todos los ministros del gobierno son criminales de guerra”, “Basta, basta, hablen con Hamas”… Grupos fascistas acosaron a los participantes hasta el final de la manifestación, momento en el que la policía se ausentó para permitir la agresión. El discurso de Avnery, que no pudo realizarse decía así: “Acuso a Ehud Barak de aprovechar a los soldados del ejército para obtener más escaños; acuso a Tzipi Livni de abogar por la matanza para llegar a ser primera ministra; acuso a Ehud Olmert de intentar tapar la putrefacción y la corrupción de su gobierno con esta desastrosa guerra… Compañeras, compañeros: vosotros que estáis aquí, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, judíos y árabes, vosotros que habéis protestado contra esta horrible guerra desde el primer día, desde el primer minuto, aislados y malditos, vosotros sois héroes de verdad. Podéis estar orgullosos, muy orgullosos, porque estáis en el medio de un huracán de histeria e ignorancia y no habéis sido barridos por él. Mantenéis vuestra salud no sólo en casa, sino aquí, en la calle”.
Cuando una periodista le preguntó al profesor Nevé Gordon, director del Departamento de Política y Gobierno de la Universidad Ben Gurión, sobre la caída de misiles palestinos en el sur del país contestó: “Hace menos de una hora, cayó un cohete a pocos metros de mi casa. Mis dos hijos duermen desde hace una semana en un refugio antibombas. Y aún así, creo que lo que está haciendo Israel es una atrocidad”.
En la ciudad de Beer Sheva, un grupo de judíos y palestinos israelíes desafiaron las prohibiciones del gobierno y durante los días de la ofensiva, realizaron concentraciones silenciosas con carteles cuyas leyendas decían: “Queremos diálogo, no violencia”, “Judíos y árabes se niegan a ser carne de cañón. Las concentraciones fueron finalmente reprimidas y se realizaron detenciones. El clima de hostilidad y amenazas existente es una muestra de las durísimas condiciones que tienen que soportar en su lucha contra los interesados en mantener la llama del odio permanente entre los pueblos. Pero ellos son el único futuro alternativo al horror y la barbarie.
Ningún pueblo es libre, cuando es cómplice de la opresión de otros. El sionismo es el peor enemigo de los judíos. El Israel étnico es una pesadilla que sólo traerá más barbarie. El apartheid no sólo condena a los palestinos a la miseria, también sentencia a los judíos israelíes a un futuro de horror. Las dificultades son enormes, pero no hay atajos que valgan. Adaptarse a las triquiñuelas no facilitará las cosas. La idea de dos pueblos, dos Estados, es una trampa mortal promovida por el imperialismo. El sionismo y sus padrinos no están dispuestos a aceptar un Estado palestino independiente, sino una caricatura de éste, una prisión controlada por la burguesía y su ANP. El futuro sólo puede ser una Palestina laica y socialista, en la que los dos pueblos puedan vivir libres y en paz. Como dice Oren Ben-Dor: “Israel no debe ser ‘reformado’ o ‘condenado’, sino reemplazado por una sola estructura en toda la Palestina histórica”.[36]
Enric Mompó

Obama tiene demasiados frentes abiertos.
La ofensiva israelí contó con el apoyo de todo el arco político internacional, incluido Barak Obama. El nuevo presidente, que declaró su apoyo incondicional a Israel en la campaña electoral, ha llenado su gobierno con destacados representantes del sionismo (Illary Clinton, Joseph Biden…). Pero el imperialismo norteamericano tiene demasiados frentes abiertos y su debilitada fuerza no puede resolverlos todos. América Latina, Irán, Pakistán-India, Afganistán, Irak, Palestina, Rusia-Georgia. En este contexto Obama choca con los intereses del sionismo. Israel es un rescoldo superviviente de la guerra fría, que desequilibra la región y radicaliza el mundo islámico.
“Dieciocho meses de tranquilidad en el sur es un logro que puede darle a Israel el tiempo para tratar con desafíos estratégicos mucho más complejos que el planteado por Hamas”[37]. Este es el objetivo de la tregua, un alto el fuego que le permita centrarse en un adversario mucho más formidable: Irán. Recientemente el gobierno de USA rechazó el pedido de Israel de bombas antibunkers, para atacar las instalaciones nucleares iraníes, y también le negó el permiso para sobrevolar Irak. La CIA declaró que no había pruebas de que Irán estuviera construyendo la bomba nuclear. A pesar de su apoyo, la agenda de Obama y la de Israel no necesariamente coinciden. Obama está dispuesto a negociar con Irán para rebajar la tensión. Sin embargo su respaldo incondicional a Israel, que ve con malos ojos las negociaciones, podría acabar hipotecando su política en la región.
Enric Mompó

[1] El País 10.01.09
[2] Inter Press 01.01.09
[3] Inter Press 09.01.09
[4] El País 11.01.09
[5] Jane’s
[6] Declaraciones del ministro de salud de Hamas, Basem Naim, corroboradas por periodistas de Reuters.
[7] El País 09.01.09
[8] Alberto Arce, enfermero voluntario español en Yebalia, amenazado por sus denuncias a través de Internet. “20 minutos”, 05.01.09
[9] Uri Avnery
[10] La utilización del fósforo blanco contra la población, prohibida por la Convención de Ginebra, produce espantosas quemaduras entre las víctimas, fue denunciada por el diario británico Time.
[11] www.globalresearch.ca
[12] Haaretz 03.01.09
[13] Es lo que se desprende de las declaraciones de Shlomo Ben Ami, excanciller de Israel. El País 30.12.08
[14] Illan Pâpe. “La furia autojusticiera de Israel y sus víctimas en Gaza”.
[15] Egipto es, después de Israel, uno de los principales receptores de ayuda militar procedente de USA.
[16] El Mundo 07.01.09
[17] Confesión de Mubarak al presidente checo de la UE, a puerta cerrada. Haaretz 06.01.09.
[18] IHT, 30.12.08
[19] Corriere della Sera, 10.01.09
[20] El discurso puede encontrarse en http://www.javierortiz.net/voz/samuel/la-cena-de-los-idiotas.
[21] Haaretz 15.01.09
[22] Corriere della Sera 17.01.09
[23] Corriere della Sera 17.01.09
[24] Illan Pâpe, el mensaje de Israel, London Review of Boocks.
[25] Jane’s
[26] Clarín 14.01.09
[27] Ídem.
[28] Ídem. Declaraciones de un reservista.
[29] Haaretz,12.01.09.
[30] Ídem.
[31] Desde los acuerdos de Oslo el número de colonos ha pasado de 116.000 a 275.000 Otros 180.000 viven en la parte árabe de Jerusalén. El muro del Apartheid ha confiscado el 10% de las tierras de Cisjordania.
[32] Financial Times 15.12.08
[33] Fiancial Times 15.12.08
[34] Haaretz 06.01.09
[35] Ambito Financiero 21.01.09
[36] Oren Ben-Dor. “Israel: la autodefensa del suicidio”.
[37] Haaretz 08.01.09