El precio de la ‘guerra contra el terrorismo’ (Editorial del nº 78)

La historia del tiempo que llevamos transcurrido de Siglo XXI se caracteriza por la ofensiva del imperialismo yanki bautizada por el presidente Bush como guerra contra el terror. Recientemente han ocurrido varios hechos que han puesto en el centro del debate la continuidad de tal política. Las elecciones norteamericanas, la quiebra del ‘proceso de paz’ palestino-israelí, la agresión sionista al Líbano de Agosto pasado y su desenlace, el desarrollo catastrófico de la ‘democratización’ de Irak y de la ‘pacificación’ de Afganistán -cuyo control militar por la OTAN se deteriora rápidamente- y el fracaso de los intentos de someter a los estados del llamado ‘Eje del Mal’ (Corea del Norte, Irán, Cuba. Venezuela, ...) al nuevo orden imperialista demuestran que este es cada vez más una entelequia inalcanzable. Entre tanto, las prácticas carcelarias desde Abu Ghraib a Guantánamo, con los vuelos secretos de la CIA trasladando prisioneros o personas directamente secuestrados entre múltiples centros no reconocidos de interrogatorio y tortura ubicados en todo el mundo, han sido el patrón de ‘seguridad’ en tal guerra ‘preventiva’ de defensa de la ‘libertad y la democracia’.
En las elecciones norteamericanas, una vez más los dos partidos eran las dos caras de la misma moneda, simples matices en la política del imperialismo, pero incluso a través de algo tan indirecto y trucado como unas elecciones, se ha expresado un giro en la situación política y en la propia psicología de las masas: el atraso, el miedo y el conservadurismo empiezan a dejar paso al descontento, a reflejar el hastío con la mentira y la hipocresía oficial, el rechazo a la guerra y a sus enormes costes humanos y presupuestarios, la desconfianza en el liderazgo inédita desde la guerra de Vietnam... y la voluntad de salir de todo ello aún sin tener la menor idea de como lograrlo.
Bush dice que toma buena nota, hace dimitir a su Secretario de Defensa Rumsfeld por el fiasco de la ocupación de Irak, convoca un comité de ‘sabios’ y, cuando tiene sus recomendaciones, opta por ignorarlas y se prepara para mandar aún más tropas a Irak. ¡La historia se repite! El presupuesto militar yanki para financiar rearme y ocupaciones ha alcanzado en 2006 un récord histórico no visto desde hace 20 años –cuando en plena ‘guerra fría’ se hacían dotaciones para el delirante ‘escudo espacial’- con lo que el gigantesco déficit presupuestario –en las antípodas del superávit de la era Clinton- vuelve a amenazar la continuidad de la política fiscal, del ejército mercenario y del propio hegemonismo yanki, obligándole a rebuscar aliados y contribuciones financieras en cada vez más frecuentes conferencias internacionales, la ONU y la OTAN (sin mucho éxito, por cierto) para hacer frente a costes de un billón de dólares. El desgaste es tremendo para las instituciones del imperialismo, pero a falta de otra alternativa seguirán desangrándose, empantanados en Irak y Afganistán y sin perspectiva política.
El nuevo orden mundial era y es una quimera. Las contradicciones del sistema capitalista no dejan espacio para extender la ‘libertad y la democracia’ en su formato occidental, en una fase especialmente decadente y parasitaria del sistema. El cuento de la ‘democracia’ frente a los ‘totalitarismos’ de uno u otro signo se sustentó sobre las docenas de millones de víctimas de la segunda gran guerra imperialista y se arropó con los fondos del ‘estado del bienestar’. Pero hoy no estamos en 1945 sino más de 60 años después, el ‘estado del bienestar’ no puede extenderse, por el contrario se recorta de mil modos todos los años, a pesar de la desorganizada pero ubicua resistencia de las masas a dejarse arrebatar sus conquistas. Y en las fronteras entre los llamados ‘Norte’ y ‘Sur’ surgen nuevos muros de significado económico y hasta racial para proteger a los privilegiados de la invasión de los hambrientos y desesperados. Esos muros están en Ceuta, en México y, como no, en Palestina...
Pero hay quienes no se pliegan a la ‘globalización’, no aceptan la miseria, la sumisión económica y cultural y buscan sus propias vias emancipatorias. La lucha de clases no tiene interrupciones, pero si períodos distintos. El anticolonialismo y el nacionalismo árabe, por ejemplo se desacreditaron por inconsecuentes hace treinta años, dando lugar a regímenes títeres ocupados por oligarquías más o menos corruptas cuyos privilegios económicos se vinculan a las multinacionales por lo que no es de extrañar que sus sucesores actuales se enfrenten a un rechazo social generalizado. No existe esa entelequia absurda del ‘choque de civilizaciones’ –que presupone a una ‘civilización’ como enemigo global-, ni mucho menos el ‘islamo-fascismo’ con que la cuadrilla de Bush ha pretendido demonizar toda resistencia a sus planes y de paso embarcar a todo el mundo en su ‘cruzada por la libertad’, precedida y preparada por una masiva y constante campaña publicitaria que aúna a los sectores más reaccionarios de la Iglesia católica y otras confesiones cristianas, las multinacionales de la construcción, la energía y la industria armamentística, y, como no, el lobby sionista mundial. Es la hora de reconocer que esos planes imperialistas están fracasando estrepitosamente y consiguen un resultado contrario al que perseguían inicialmente: la supremacía indiscutible de la única súper potencia sobreviviente de la ‘Guerra Fría’ que debía rediseñar el mapa de Oriente Medio y de Asia Central ‘manu militari’ obligando a las demás potencias imperialistas a un papel de comparsas o auxiliares en la nueva definición del mundo.
Cinco años después del 11-S nos encontramos con un mundo caótico donde hay consejeros del sistema y redactores de los grandes media que reconocen abiertamente el fracaso de las intervenciones militares en Afganistán e Irak, de la invasión de Líbano, de la represión criminal en Gaza y Cisjordania ..., los planes para el control de los recursos energéticos y la fe ciega en la superioridad tecnológica son impotentes para cambiar la realidad frente a la resistencia armada de los sectores populares. Cuando salíamos hace cuatro años en apoyo a la ‘victoria militar del pueblo de Irak’ éramos despreciados por los pacifistas e incomprendidos por el resto: hoy esta consigna ha dejado de ser un simple deseo político, expresa una realidad cada vez más cercana. Quizá por eso, ya no hay manifestaciones como aquellas...
En este número de EDM pretendemos reflexionar sobre el pasado y el presente del más antiguo y lacerante de esos conflictos, el de la ocupación que sufre el pueblo palestino y precio que paga el ocupante israelí por ella, nos detendremos en la situación actual en Irak y Afganistán, en las contradicciones entre las potencias imperialistas, en el tremendo desgaste político de los partidos y de la propia entidad sionista tras la guerra de agresión en Líbano de este verano, sin ahorrar las responsabilidades del estado español como integrante de la OTAN, fabricante de armas, y participante de la cadena imperialista... Rechazamos las visiones apocalípticas pero hemos de constatar que la realidad supera las pesadillas de los catastrofistas: el imperialismo busca un nuevo equilibrio mundial a través de la guerra imperialista y nos arrastra a todos hacia ella. La conmoción del 11-M en Madrid puso en evidencia que no hay periferia ni retaguardia en esta lucha global.
No faltan medios materiales o prerrequisitos de desarrollo para el socialismo: se da el caso de que hay 1000 millones de seres humanos aquejados de sobrepeso, un cuarto más que los 800 millones que sufren desnutrición. Falta una alternativa política y la voluntad de levantarla. Ninguna persona consciente puede vivir al margen de esta situación: es imperativo definirse contra el sistema y saber, que más que nunca, no puede haber equidistancia ni están permitidas huidas diplomáticas o tecnológicas frente a la disyuntiva fundamental: con el capitalismo decadente, sus estados, instituciones y servidores, o contra él por las múltiples formas que adquiere la resistencia aún falta de una perspectiva política de conjunto. Si logramos dar un paso en el debate y la clarificación de esas cuestiones, estaremos en el terreno de lucha que nos conviene desbrozar.

Enero de 2007