La Asamblea de Barcelona; Una experiencia de lucha y de organización alternativa

La Asamblea de Barcelona se constituyó el pasado Julio a partir de la convocatoria de la huelga general del 29 de Setiembre, para agitar y organizar la lucha de los trabajadores más allá de la actividad limitada y controlada por las direcciones sindicales de CC.OO. y UGT.
No se trata de una respuesta puntual a la burocracia sindical sino de un proyecto más amplio y con vocación de permanente. Su precedente está en la coordinación de diversas organizaciones sindicales, colectivos sociales y asociaciones combativas en la campaña llamada “La crisi que la paguin els rics”, con la diferencia fundamental de que ya no es una sopa de siglas, donde acuden diversos grupos que funcionan por consenso, sino que los miembros están a título individual y se expresan en asamblea en un ejercicio de democracia directa que recupera la tradición del movimiento obrero, de cuando las centrales de trabajadores no merodeaban por las instituciones del Estado ni dependían de subvenciones públicas.
En el llamamiento de la primera convocatoria, el Comité que organizó la lucha de Transportes Metropolitanos de Barcelona por los dos días de descanso semanal marcó su orientación y su experiencia, dando paso a un trabajo de auto-organización y extensión por la base con un plenario regular, comisiones de trabajo y comités de lucha por barrios o distritos que prepararon localmente la actividad para el 29-S y después le han dado continuidad convocando marchas y manifestación contra la Reforma laboral para el 13 de Noviembre. Mientras, las direcciones de CC.OO. y UGT esperan al 18 de diciembre, casi a las Navidades para marchar contra el largamente anunciado proyecto de recorte de las pensiones y prolongación de la edad de jubilación.
La Asamblea de Barcelona es un hecho relevante en el panorama de la lucha de clase, no solo por su papel durante la jornada de la Huelga General del 29-S, significativo pero de alcance limitado, también lo es por su carácter de nuevo movimiento, apartado de la conciliación de clase y desprovisto de los vicios organizativos de los sectores organizados –habitualmente en empresas grandes y medianas, a menudo corporativos o defensores de los sectores con empleo estable y con remuneración por encima de la mínima-. El llamamiento abierto y la democracia directa permite soldar la solidaridad entre los sectores precarios, parados inmigrantes, mujeres y jóvenes, en pie de igualdad y organizados territorialmente o en las empresas donde coincidan. Aunque la Asamblea de Barcelona no haya llegado aún a ser una organización de masas, si que ha servido de canal para la irrupción en la lucha obrera de personas y colectivos marginados, que de otro modo no tendría expresión y seguirían siendo invisibles para la sociedad burguesa.
Este proceso de organización sólo puede valorarse como positivo por la combatividad que le anima y los métodos de clase, aunque no está exento de contradicciones y es un movimiento incipiente, endeble aún y a veces cargado de ingenuidad, rodeado de riesgos de manipulación y de provocación.
La polémica ocupación del viejo edificio de Plaza de Catalunya, ex sede del Banesto, no fue una decisión de la propia Asamblea de Barcelona sino de un sector autónomo -del Movimiento 25-S- que se apoyó en aquella para lanzar su propia iniciativa, sin que después haya mantenido el protagonismo. La propia Asamblea de Barcelona fue objeto de represión policial y de una campaña mediática de criminalización y acusaciones de acción violenta durante la huelga, con el objetivo de denigrar a los sectores combativos, desorganizarlos y desviar el foco informativo de la participación de los trabajadores en la acción para centrarla en actos violentos marginales y sembrar la división y la desconfianza.
Aunque las actividades de convocatoria de la Jornada del 13 de Noviembre hayan tenido escaso seguimiento y la propia marcha no lograra el objetivo previsto de convocatoria, esto no le quita el mérito como referente de lucha ni el valor simbólico de mantener las posiciones combativas en un ambiente de receso tras el esfuerzo de la Huelga General. El verdadero trabajo se ha de hacer en la base, implantando los Comités en las empresas y los barrios.
Una muestra de la validez de la acción clasista y la democracia obrera es la campaña de solidaridad con los compañeros de Telepizza que luchan por la readmisión de un luchador despedido en un centro de Zaragoza, precisamente en represalia a su acción sindical para la huelga y en pro de organizar sindicalmente a la plantilla. ¡Cómo contrasta esta consecuente acción en defensa del puesto de trabajo con los usos habituales de la burocracia sindical frente al despido: resignación, defensa jurídica formal y, a lo sumo, negociación de una mejora en la indemnización legal!
A pesar de las enormes dificultades que plantea la situación económica y social, una orientación sindical de estas características tiene que abrirse paso: es una necesidad de los trabajadores y los jóvenes, los inmigrantes y todos los que sufren condiciones precarias. La Asamblea de Barcelona es una contribución valiosa para rehacer el tejido social del movimiento obrero y generar las condiciones para un nuevo ascenso de luchas.

Toni
25-11-2010