La crisis estructural del capitalismo y la actitud de la izquierda (1)

-contribución recibida-
(Un ensayo elaborado a partir de la obra de Immanuel Wallerstein)
Nardo Vázquez Izquierdo.
Dedicado a la señora Maite Mola Sainz, Secretaria General del Partido
Comunista de Navarra, que exponiendo estas mismas ideas, en el debate sobre
“La Alternativa Económica de Izquierda Unida frente a la Crisis” en
noviembre de 2012, me interrumpió espetándome estas palabras: “estas
compitiendo con ventaja, no te estoy escuchando y no te voy a responder
ninguna pregunta”.
Introducción.
El autor de este ensayo a partir de la respuesta que le dio la señora
Maite Mola Sainz, elaboró un cuadro sinóptico: en la columna A, “el
secretario general del partido interrumpe a un ciudadano que ha invitado a
un debate, cuya intervención no le agrada y le espeta estas palabras:
‘estas compitiendo con ventaja, no te estoy escuchando y no te voy a
responder ninguna pregunta’”; y en la columna B, los siguientes
partidos políticos españoles (Partido Popular, Partido Socialista Obrero
Español, Partido Nacionalista Vasco y Partido Comunista de España) y se
lo presentó a más de un centenar de personas, para que relacionaran con
qué partido político de la columna B pensaban que podría relacionarse el
elemento de la columna A. Para mi asombro, nadie absolutamente nadie fue
capaz de relacionar dicha actitud, como parte de la ética y la conducta de
un secretario general de un Partido Comunista (como es el caso de la
señora Mola), tan comprometidos como dicen estar con la retórica de la
pluralidad y el diálogo, el acercamiento y la retroalimentación de las
masas. Pero sí, esa fue la reacción y la conducta asumida por la señora
Maite Mola Sainz Secretaria General del Partido Comunista de Navarra, al
escuchar tesis como las que se argumentan en este trabajo. Por eso, para
esa izquierda que pretende conducir los designios de ese 99 % de excluidos
o en pos de la exclusión va esta contribución, sí es que quieren vencer
en esta lucha por un mundo mejor a ese exiguo pero muy poderoso 1 %
restante.
1. La crisis estructural del capitalismo.

A) La crisis estructural del capitalismo y su resolución en los próximos
25-50 años.
La primera pregunta que deberíamos hacernos al iniciar el estudio del
capitalismo de nuestros días, es sí se encontraría en la actualidad en
los albores de una nueva etapa, prolongada o no, de crecimiento expansivo
(dado el potencial que históricamente han tenido las crisis para abrir
espacios que alarguen la vida de este sistema), o si por el contrario
experimenta una agudización y agravamiento, aceleración y profundidad de
su crisis integral.
De la respuesta a esta pregunta, depende la estrategia que adoptarán los
movimientos que luchan contra el sistema, ya que en una etapa de
“…prosperidad general, en que las fuerzas productivas de la sociedad
burguesa se desenvuelven todo lo exuberantemente que pueden, no puede
hablarse de una verdadera revolución. Semejante revolución solo puede
darse en aquellos períodos en que estos dos factores, las modernas fuerzas
productivas y las formas burguesas de producción incurren en mutua
contradicción”(1); por eso, antes de considerar cual debe ser la
estrategia de los movimientos antisistémicos, en su lucha contra el
régimen capitalista, debemos analizar, en qué etapa de su vida se
encuentra éste sistema.
“La economía mundo capitalista, como cualquier otro sistema, se ha
conservado por sí sola durante mucho tiempo por medio de mecanismos que se
encargan de restablecer el equilibrio cada vez que se distancian de él sus
procesos. El equilibrio nunca se restaura de manera inmediata, sino solo
después de que ha habido una desviación considerable de la norma y, desde
luego, el equilibrio nunca se restaura a la perfección. Como se requiere
que las desviaciones avancen una cierta distancia antes de disparar los
movimientos en sentido inverso, el resultado es que la economía-mundo
capitalista, como cualquier otro sistema, cuanta con ritmos cíclicos de
muy diversos tipos.
El equilibrio nunca se restaura hasta el mismo punto debido a que los
movimientos en sentido inverso requieren de algún cambio en los
parámetros subyacentes del sistema. De ahí que el equilibrio sea siempre
un equilibrio en movimiento y, por lo tanto, el sistema tenga tendencias
seculares. Es esta combinación de ritmos cíclicos y de tendencias
seculares lo que define a un sistema que está funcionando de manera
‘normal’. Sin embargo, las tendencias seculares no pueden continuar por
siempre, pues se topan con asíntotas. Cuando esto sucede, ya no es posible
que los ritmos cíclicos vuelvan a hacer que el sistema recupere el
equilibrio, y es aquí donde el sistema entra en problemas. Ingresa
entonces en su crisis definitiva y se bifurca, esto es, se ve a sí mismo
ante dos o más rutas alternas hacia una nueva estructura, con un
equilibrio nuevo, nuevos ritmos cíclicos y nuevas tendencias seculares.
Pero cuál de las dos rutas alternas seguirá el sistema, es decir, qué
tipo de nuevo sistema se establecerá, esto es imposible determinarlo por
adelantado, por cuanto es una función de una infinidad de elecciones
particulares que no están limitadas sistemáticamente. Esto es lo que hoy
sucede en la economía-mundo capitalista.
Para apreciar lo anterior, debemos observar las tres grandes tendencias
seculares que se aproximan a sus asíntotas. Cada una de ellas, por tanto,
esta creando límites a la acumulación del capital. Como la acumulación
sin fin de capital es el rasgo definitorio del capitalismo como un sistema
histórico, la triple presión tiende a volver invariable el motor primario
del sistema y, en consecuencia esta creando una crisis estructural.” (2)
Antes de analizar cada una de las tendencias seculares que se manifiestan
en el capitalismo, debemos hacer algunas consideraciones sobre los ritmos
cíclicos que también operan en el mismo.
Varios son los ciclos que operan en la economía-mundo capitalista: los
decenales, descubiertos por Juglar hacia 1860, que atravesaron buena parte
del siglo XIX, expresando las oscilaciones del joven capitalismo
industrial, aunque al final del mismo se fueron desdibujando; y otros, como
las ondas largas de Kondratieff, etapas de aproximadamente entre 50 y 60
años (la primera mitad de ascenso económico y la segunda de descenso) que
se venían sucediendo a partir de la revolución industrial inglesa.
Pero, ¿qué actitud han asumido ante estos procesos cíclicos la derecha
y la izquierda?. Los pensadores conservadores asumieron al respecto lo que
podría llamarse como la “eterna ciclicidad de la historia”, teoría
empleada como un argumento contra todos y cada uno de los movimientos
transformacionales, de ahí se deriva la conclusión de un capitalismo
eterno, que cae en baches (casi siempre achacado a errores humanos) pero
que se renueva y con nuevos bríos sigue adelante. Por el otro lado, la
izquierda siempre se mostró renuente a invocar tales procesos cíclicos
como algo inherente al capitalismo, interpretación que llevaría a la
mayoría de sus principales figuras, en los últimos dos siglos, a extraer
la errónea conclusión que confundió constantemente, las alzas y las
bajas cíclicas con crisis estructurales. En relación con ell, hay que
decir, para conocimiento de la izquierda, que “…las diversas crisis no
son sino aspectos de una única crisis, sistémica, del capitalismo como
etapa de la historia humana”(3), y que cuando hablamos de crisis
estructural estamos hablando de algo que “se produce solo una vez en la
vida de un sistema histórico”(4)
Con respecto a la posición asumida por la derecha, hacia los ciclos
económicos que se repiten con más o menos periodicidad en el capitalismo,
hay que decir que, “…el concepto de ciclos dentro de las estructuras no
sólo es diferente al concepto de la eterna ciclicidad; es virtualmente
opuesto, pues las estructuras no son eternas, sino sólo duraderas, y los
ciclos en el interior de la estructuras son lo que garantiza que una
estructura nunca pueda ser eterna. Por lo tanto, no existen ciclos eternos,
pues en realidad sí existe la flecha del tiempo, aún cuando no sea
lineal”.(5)
Lo importante y “esencial metodológicamente en el análisis de
cualquier sistema social histórico (y la economía capitalista es un
sistema social histórico) es distinguir con cuidado entre los ritmos
cíclicos que definen el carácter sistémico y que le permiten mantener
cierto equilibrio, al menos a lo largo de la duración del sistema, por un
lado, y por otro, las tendencias seculares que crecen a partir de estos
ritmos cíclicos definiendo su carácter histórico y que quieren decir
que, tarde o temprano, un determinado sistema no será capaz de contener
sus contradicciones internas y que, por lo tanto, ingresará en una crisis
sistémica”.(6)
Por la trascendencia que tiene diferenciar una cosa de otra, los ritmos
cíclicos de las tendencias seculares, pasaremos entonces a analizar las
tres grandes tendencias seculares que se han ido estableciendo en el
transcurso de la vida del capitalismo, “tendencias seculares cuyo impacto
estamos sintiendo apenas desde 1945, y aún más desde 1989” (7), pero
que en la actualidad se han seguido desarrollando en tal grado, que “han
llegado a niveles en los que son una amenaza para el funcionamiento básico
del sistema”.(8).
La primera tendencia secular es el ascenso del nivel real de los salarios
como porcentaje de los costos de producción, calculado como un promedio a
lo largo de la totalidad de la economía-mundo capitalista.
Como es de suponer, este hecho tiene una gran importancia para el
funcionamiento y el futuro devenir de la economía capitalista, mientras
mayores sean los niveles de salario de los obreros menor será el grado de
utilidad de los capitalistas y viceversa.
Pero, ¿por qué se ha producido un aumento tendencial de los ingresos de
los trabajadores en el transcurso de la historia del capitalismo?.
“La causa radica en el hecho de que con el tiempo, en cualquier
localidad geográfica o sector determinados, la fuerza de trabajo buscará
y finalmente logrará crear alguna forma de organización sindical y de
acción que permita a sus miembros negociar más eficazmente, ya sea de
manera directa con el patrón, o de manera indirecta por la vía de sus
influencias sobre la maquinaria política pertinente. Si bien no existe la
menor duda de que en ciertas localidades se puede contener a esa fuerza
política por medio de las contraofensivas políticas de los grupos
capitalistas, también es verdad que la ‘democratización’ a largo
plazo de las maquinarias políticas en la historia del sistema-mundo
moderno ha servido para que la curva de la fuerza política de las clases
trabajadoras sea ascendente en la longue duree virtualmente en todos los
Estados del sistema mundo”.(9)
Ante esta realidad, ¿Cuál es el mecanismo principal por medio del cual
los capitalistas de todo el mundo han logrado limitar esta presión
política de la fuerza de trabajo que ha traído consigo un aumento de su
costo?.
“Cuando esto ocurría, la solución era que la fábrica se
deslocalizara. Esto significa que el sitio de la producción se transfería
a otra parte del sistema-mundo que tuviera niveles de salario
históricamente más bajos. En efecto, los capitalistas que controlaban las
industrias líderes intercambiaban costos de transacción mayores por los
menores costos de la mano de obra. Esto mantenía un ingreso significativo
para ellos, pese a ser menor que en el periodo previo..”
“Los costos de la mano de obra eran menores en la nueva locación,
porque la fábrica deslocalizada reclutaba mano de obra de las áreas
rurales que antes estuvieron menos involucradas en la economía de mercado.
Para estos trabajadores rurales la oportunidad de trabajar en estas
fábricas deslocalizadas representaba un aumento en su ingreso real,
mientras los dueños de la fábrica deslocalizada le pagaban a estos
trabajadores menos que a aquellos que habían trabajado en la locación
previa. Esto es lo que se conoce como una solución donde ambas partes
ganan.”
El problema con esta solución, aparentemente maravillosa, ha sido siempre
que no es duradera. (…) los obreros en la nueva locación comenzaban a
emprender acciones sindicales y el costo de su mano de obra comenzaba a
subir. Cuando subía lo suficiente, los dueños de la fábrica
deslocalizada tenían una opción real única –volver a dislocarse.
(…)Así, siempre ha habido un constante movimiento de la locación de las
industrias de todas clases: ¡cuasi monopolios tras cuasi monopolios!,
¡fábricas deslocalizadas tras fábricas deslocalizadas!”.
“Esto ha sido una maravilla del ajuste capitalista a un largo proceso de
cambio constante de circunstancias. Sin embargo, este maravilloso sistema
ha dependido de un elemento estructural: la posibilidad de hallar nuevas
áreas vírgenes para relocalizar las fábricas deslocalizadas. Por áreas
vírgenes quiero decir zonas rurales que han estado relativamente poco
involucradas en la economía-mundo.”
“Sin embargo, durante los últimos 500 años han venido acabándose
tales áreas. Esto puede medirse de manera muy simple en la
desruralización de las poblaciones mundiales. Hoy, dichas áreas rurales
se han reducido a una minoría de la superficie del mundo y parece probable
que para 2050 sean una muy pequeña minoría.”(10)
¿Dónde se encuentra hoy ese proceso?. Todo indica que esta llegando a
sus límites, ya van quedando cada vez menos lugares donde el capital pueda
escapar, huyendo de aquellas zonas donde el aumento de los costos
salariales y de otros tipos, vuelve irrentable su funcionamiento.
El 9 de abril de 2013 el periódico norteamericano The New York Times
publicaba un artículo intitulado “Hello Cambodia”, comentado por
Wallerstein en el artículo arriba citado, donde describe el vuelo a
Camboya de fábricas que abandonan China, debido al aumento de los niveles
salariales en ese país, un previo receptor de tales fábricas,
deslocalizadas anteriormente de otras zonas del planeta. El problema,
comenta el artículo, es que las multinacionales han comenzado a sentir en
ese país las presiones en pos de salarios más altos, en un periodo de
tiempo inferior al experimentado en otros lugares. “En cualquier caso,
¿hay algún lugar a donde mudar una fábrica deslocalizada? ¿O es Camboya
el final de la línea?. En cualquier caso, Camboya no es el futuro del
sistema-mundo moderno. Más bien representa los últimos vestigios de un
mecanismo que ya no ejecuta su tarea de salvar el capitalismo”.(11)
Por tanto, esta manera conducir la lucha de clases por los poderosos del
planeta, huyendo con su capital hacia espacios vírgenes del mismo, donde
escapar de la presión sobre sus costos de producción depende, de que
siempre existan nuevas áreas, en el sistema-mundo en las cuales
reubicarse, y esto depende de la existencia de un importante sector rural,
que aún no se haya enganchado al mercado del trabajo asalariado. Pero esto
último, es lo que está disminuyendo como una tendencia secular. “La
desruralización del mundo pone fin a la capacidad del capitalismo para
compensar el incremento de los gastos en la fuerza de trabajo como un
porcentaje del valor total creado en el mundo”.(12)
Una vez que se haya desruralizado el sistema-mundo (y es muy posible
anticipar, que ello suceda en los próximos 25-30 años) la única opción
para los capitalistas, será continuar la lucha de clases allí donde
están hoy. Y aquí las posibilidades están en su contra porque, a pesar
de que seguirá aumentando (y se arreciará) la sofisticación de la
política y del mercado en los estratos más bajos, a pesar de que
aumentarán las regiones, pueblos, localidades y ciudades con grandes
cantidades de personas técnicamente desempleadas, a pesar de que la
mayoría de la población del planeta obtendrá sus ingresos de la
economía informal, “las verdaderas alternativas al alcance de los
trabajadores que se encuentran en los barrios y en las favelas del
sistema-mundo indican que están en posición de exigir niveles salariales
razonables con el fin de ingresar a la economía de salarios
formales”.(13)
Resumiendo, pese a la embestida neoliberal de los últimos 30 años
(comenzada por Thatcher y Reagan) y en virtud del aparente éxito de la
misma, no debemos olvidar “que la realidad es que las reducciones
recientes en salarios e impuestos han sido a corto plazo y menores, en
medio de su aumento histórico global a largo plazo por razones
estructurales”(14) y que por tanto, estamos ante el mismo problema de una
asíntota que limita una tendencia.
Si el espacio no explotado por el capital se acaba, llega a su fin
(acercándose a su asíntota) y éste ha sido utilizado históricamente,
como válvula de escape ante las presiones salariales encontradas en las
áreas explotadas (tendencia secular del sistema), podemos decir, que en
este campo, el más medular de la economía-mundo capitalista, el sistema
ingresa en una crisis sistémica, estructural, que no se resuelve (no puede
hacerlo) dentro de los marcos del mismo sistema, sino fuera de él,
superándolo. Es fácil comprender, por lo dicho, que estamos en los
inicios y comienzos de este tiempo histórico, y está de más decirlo,
pero el tiempo histórico de una crisis estructural en un sistema (sea cual
sea) es un tiempo definitorio, por cuanto el sistema, que se ha alejado de
su equilibrio, y ya no cuenta con los mecanismos que ha usado hasta ese
entonces para regresar al mismo, (moviéndose muy cerca de su asíntota),
ingresa en una etapa de caos, en la que sus vectores se bifurcarán y
crearán, eventualmente, uno o nuevos sistemas.
La segunda tendencia secular tiene que ver con el aumento del costo de los
insumos materiales.
¿Qué es lo que ha ocurrido, para que el costo de inversión de los
capitalistas aumente, y qué hacían con anterioridad, para minimizar
dichos costos a la máxima expresión?.
En realidad el mecanismo utilizado es lo que los economistas llaman
“exteriorizar los costos”; mientras el costo de compra de las
mercancías, por lo general, lo asume por completo, la compañía que
eventualmente obtendría las utilidades, el costo del tratamiento de los
materiales, por lo general se les carga a otros. Hay varios ejemplos: no
tratar los desperdicios tóxicos o fastidiosos que se producen
colateralmente al emplear las materias primas; cuando se talan
indiscriminadamente los bosques sin reforestarlos; cuando se acaba con la
fauna marina por la pesca y sobreexplotación intensiva de los mares, etc.
Ésta externalización, reduce los costos e incrementa los márgenes de la
ganancia, pero el problema aquí es semejante al de la reubicación, como
un remedio al coste del salario. Funciona mientras existan áreas sin
emplear previamente, en las cuales arrojar los desperdicios cortar árboles
o pescar peces, por seguir con los ejemplos citados. Pero más adelante ya
no habrán más ríos que contaminar, ni árboles que talar, ni mares con
peces donde pescar, o cuando menos, no sin inmediatas consecuencias serias
para la salud de la biosfera. Esta es la situación en la que nos
encontramos en la actualidad después de 500 años de tales prácticas
depredadoras.
Entonces, en tales circunstancias qué hacer. Una opción es, que los
gobiernos del mundo emprendan una gran operación de limpieza y de
renovación orgánica. El problema es, que una operación de esas
dimensiones, es de un enorme costo, por lo que tendría que ser sufragado
por alguna forma de tributación. Para ello sólo hay dos fuentes: o se
carga a las compañías, que provocaron toda esa destrucción
medioambiental, o al resto de todos nosotros. Sí son las primeras, las
presiones en el margen de ganancias serán muy fuertes. Sí somos los
segundos, las cargas fiscales crecerán de manera significativa, problema
al que ya vamos llegando. Además, no tiene mucho sentido, limpiar y
renovar recursos naturales, si las prácticas siguen siendo las mismas de
hoy. De ahí que, la lógica sería, la de requerir la total
interiorización de todos los costos, la cual, frente a los límites de la
elasticidad de la demanda , significa una reducción de las utilidades a
largo plazo. Sin embargo, esto añadiría más presión sobre las ganancias
de las compañías. Por eso, porque no se ve ninguna solución viable a
este dilema social, dentro del marco de la economía-mundo capitalista, se
infiere que el costo creciente de los insumos materiales se erige en otra
de las grandes presiones estructurales en la acumulación de capital.
La tercera tendencia secular se encuentra en el ámbito de la
tributación. El tributo es un pago por los servicios sociales y siempre
que no sea muy alto se acepta como un costo razonable de producción.
El nivel de impuestos está determinado por dos factores: la constante
exigencia de seguridad, que se ha ido incrementado constantemente a través
de los siglos; y el segundo, por incremento constante en las dimensiones de
las burocracias civiles del mundo, cuya función estriba en recaudar los
impuestos y en realizar las funciones de expansión de los Estados
modernos.
La principal función de expansión de los Estados ha consistido en la
satisfacción de ciertos reclamos populares. Éste no ha sido un gasto
opcional, ha sido el medio principal para asegurar la relativa estabilidad
política ante el descontento en aumento de los estratos bajos relacionado
con la creciente polarización del ingreso real, que ha sido un rasgo
constante del sistema-mundo.
Los gastos empleados en domesticar a las “clases peligrosas” con el
objetivo de mantener la lucha de clases dentro de las fronteras acotadas a
través de instituciones educativas, servicios de salud, jubilación al
final de la vida y seguro de desempleo, han ido creciendo constantemente,
apareciendo en cada vez más zonas del sistema-mundo, haciéndose cada vez
más universales, aumentando permanentemente en cada país, sin límites
claros a la vista.
“Lo anterior ha significado, ha tenido que significar, el incremento
permanente de las tasas de tributación en casi todos los países, con
algunas ligeras reducciones harto ocasionales. Pero desde luego, en
determinado momento, tal redistribución fiscal alcanza niveles en los que
interfiere seriamente con la posibilidad de acumular capital. De ahí que
la reacción actual a lo que se percibe como la ‘crisis fiscal de los
Estados’ sea , por parte de los capitalistas, la de exigir una reducción
y la de buscar el respaldo popular sobre la base de que la tributación de
las personas aumente también de manera aguda. La ironía radica en que si
bien con frecuencia hay algún respaldo popular al acotamiento a los
impuestos, hay cero respaldo popular para recortar las partidas del Estado
benefactor en educación, en salud o en la garantía del ingreso tras la
jubilación. Ciertamente, al mismo tiempo que hay quejas sobre altos
impuestos, crecen los niveles de las exigencias populares sobre los
servicios del Gobierno. De modo que también en esto tenemos presión
estructural sobre la acumulación de capital”.(15)
Resumiendo: podemos decir que el mundo que “conocemos” que es el de la
economía-mundo capitalista, está tocado por fallas estructurales que ya
no tiene manera de controlar y cuya combinación, “esta crenado una
presión estructural masiva de largo alcance sobre las utilidades
provenientes de la producción que está en proceso de convertir al sistema
capitalista en algo que ya no es rentable ni para los capitalistas.”(16)