La crisis estructural del capitalismo y la actitud de la izquierda (5)

Es por ello que podemos decir, con o menos categorismo, que estamos
entrando (estamos ya) en una época auténticamente revolucionaria(70), que
la “locomotora de la historia” de la que hablaba Marx, al referirse a
las revoluciones, ha echado a andar y que, como decía Fidel Castro y Che
inmortalizaría con su inconfundible timbre de voz “su marcha de gigantes
ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia por la que
ya han muerto más de una vez inútilmente”.(71)
A lo dicho sólo resta hacer una advertencia, esa nueva sociedad libre y
fraterna, esa “verdadera independencia” de la que hablaba el comandante
Guevara, no está escrita en el muro, las situaciones caóticas producen
por sí solas nuevos sistemas ordenados, pero eso no garantiza que el nuevo
sistema que sustituya al capitalismo sea mejor, “en situaciones caóticas
derivadas de una bifurcación el resultado es inherentemente impredecible.
No sabemos, no podemos saber, como terminará todo esto. Lo que sí sabemos
es que el sistema presente no puede sobrevivir como tal”(72), lo que sí
podemos aseverar, es que el nuevo tipo de sistema que se instaure,
dependerá de nosotros , de lo que seamos capaces de obtener, y eso tiene
mucho que ver con la estrategia que elijamos.
Esta nueva estrategia para triunfar e imponerse tendría primero que
enfrentar el problema principal de la izquierda del mundo en la coyuntura
actual, y es el hecho de que estrategia para la transformación del mundo
que se desarrolló en el siglo XIX y XX está hecha trizas. En la
práctica, hoy en día la izquierda totalmente desorientada, no tiene una
clara y nítida estrategia para enfrentar al capitalismo, más allá de los
caminos trillados claramente inservibles y de la defensa instintiva que a
nivel local, sectorial y algo menos en lo nacional realiza en los distintos
lugares donde se ve acosada por la presión del capital.
La mayoría de las principales figuras de la izquierda del mundo en los
últimos 150 años creían (y así se lo hicieron saber a las masas) que
con la llegada de cada crisis el capitalismo había entrado en una crisis
general, irreversible y/o terminal (PIE); crisis que nunca llegó, por eso
lo difícil de convencer a unos y otros de que va llegando el momento para
emprender en condiciones de éxito, la lucha contra el capitalismo, su
derrocamiento y la edificación de una nueva sociedad.
De ahí que, el gran problema estratégico a vencer por todos aquellos que
han optado por luchar por un mundo más democrático y más igualitario, es
el gran legado de desencanto y desilusión, que han alimentado los fracasos
de los movimientos antisistémicos del mundo moderno en el último siglo y
medio, y en particular en los últimos cincuenta años. Y es que todos nos
hemos vuelto desconfiados de estos movimientos, de su triunfalismo, de su
centralismo y de las feroces intolerancias que han desplegado.
Otras desventajas que tienen los movimientos antisistémicos y que a su
vez son ventajas para los grupos que desean mantener la jerarquía y el
privilegio en el futuro sistema social histórico que sustituya al
capitalismo son: tienen a su disposición menos riqueza, no cuentan con el
poder que si posee quien tiene el dominio de la maquinaria estatal y no
pueden operar estructuras centralizadas.
Aún hay otra desventaja para los movimientos antisistémicos y esta de
orden mayor, por cuanto dificulta la organización de los mismos,
imprescindible sí quieren navegar con éxito las difíciles y encrespadas
aguas de una transición caótica a la que estamos ya abocados a recorrer
en los próximos 20-40 años, y es su carácter numeroso, diverso y
múltiple, lo que hace que este campo (uno de los dos que pujaría por
darle forma al nuevo sistema que reemplazará al actual sistema-mundo
capitalista) sea un campo muy dividido, dividido por los múltiples
particularismos y universalismos.
La única receta que puede superar esta desunión “es la fórmula de la
‘coalición arcoíris’, pero en esta fórmula las ventajas de cada uno
de los participantes son a medio plazo, no en el corto plazo; y ninguna
promesa (por ambiciosa y bien intencionada que sea) contará con el apoyo
de las masas si sus necesidades en el corto plazo no son atendidas y se
ignoran. Por ello debemos recalcar que como la gente vive en el corto plazo
ningún movimiento con una agenda de izquierda a medio plazo va a tener
alguna posibilidad de obtener apoyo popular que necesita si sus defensores
se niegan a elegir el mal menor que satisfaga las necesidades y
expectativas de la población; pero dicho esto también debemos subrayar
que si bien la elección del mal menor en el corto plazo es necesario, la
misma no tendría ningún efecto medible en el mediano plazo.
El medio plazo implica una combinación de educación política y
presiones constantes sobre los poderosos con una paciencia profunda en ver
los resultados de este trabajo. Si en el corto plazo negociamos concesiones
(muchas de ellas desagradables), en el medio plazo, debemos operar sin
concesiones, presionando sólo por aquello que importa en términos de la
transformación del sistema, incluso si los beneficios no son inmediatos.
Dentro de la estrategia de los movimientos antisistémicos para aprovechar
exitosamente las buenas oportunidades (definitorias y definitivas según
nuestro parecer) que nos ofrece el caos de la transición, esta la postura
que deben adoptar en relación a los liberales del centro, cuya ideología
dominó sin discusión la geocultura del sistema mundo-mundo hasta el
período de 1968-1989, porque a pesar de ello, goza aún de buena
influencia, controlan casi absolutamente los medios de información,
comunicación y educación del mundo; y un grupo con semejante dominio,
cuya característica distintiva ha sido, que no practica lo que pregona,
resulta como se puede comprender muy dañino y peligroso. Ante ellos la
estrategia debe ser, presionarlos a cumplir su palabra; hay que “obligar
a los liberales a ser liberales” ya que “su talón de Aquiles es que
ellos, no quieren poner en práctica su propia retórica”. (73)
El sistema-mundo capitalista tiene una característica curiosa, y es que
adelanta una serie de análisis teóricos sobre sí mismo que se supone son
realistamente descriptivos y a la vez prescriptivos pero que, sin embargo
son inexactos. Por ejemplo, pregonan el mercado libre, que es el gran lema
de la economía-mundo capitalista, y que se supone sea su característica
definitoria. Pero todo capitalista en activo sabe, que si un mercado es
verdaderamente libre tal y como Adam Smith definió la libertad, sería
completamente imposible para nadie obtener ganancias, “el mercado
desempeña un papel importante en el funcionamiento del capitalismo, pero
sólo como un mecanismo por el cual algunos productores/vendedores buscan
constantemente deshacer los monopolios de los otros”. (74)
Y lo más importante, si mercado libre y libertad de empresa, significa
mantener al gobierno al margen de la toma de decisiones de los empresarios,
la otra cara de esto es que los empresarios que fracasan en el mercado no
sean rescatados por el Estado. Si toman utilidades cuando triunfan
deberían asumir las pérdidas cuando fracasan. Como dice Wallerstein,
“el hecho es que la economía-mundo capitalista sobrevive sobre la base
de no cumplir con la retórica liberal”. (75)
El centro liberal pregona la libertad individual, por ejemplo, sus medios
de comunicación denunciaban que Cuba no permitía la emigración libre;
después del 15 de enero de 2013 el gobierno de Raúl Castro acabó con esa
prescripción, ahora los cubanos tocan a la puerta de todas las embajadas
en la Habana buscando un visado que les permita viajar, y salvo rarísimas
excepciones nadie (76) se los concede, pese a cual ahora los medos de
comunicación no dicen nada. Pero el otro lado de la emigración libre, que
el centro liberal reclamó para los ciudadanos de la Unión Soviética y el
ex bloque socialista en su tiempo, y para Cuba hasta hace muy poco, es la
libre inmigración, de nada sirve que esté permitido salir de un país a
menos que se pueda llegar a otro lugar. Se debe presionar por fronteras
abiertas. Aquí estamos nuevamente ante una gran contradicción y no sólo
del centro liberal, que claman por libertad de movimiento para el capital y
las mercancías pero en cambio levantan muros al movimiento libre de la
fuerza de trabajo.
¿Qué estrategia seguir hacia los procesos electorales?. Por un lado unos
creen que son cruciales mientras otros consideran que son irrelevantes.
Debemos decir que para la izquierda, participar en los procesos electorales
es importante, vencer en los mismos es esencial como mecanismo para
proteger las necesidades inmediatas de la población de las incursiones
dirigidas en contra de los beneficios alcanzados.
La victoria electoral no puede verse como el fin sino que debe ser una
táctica defensiva, lo que la convierte en un asunto meramente pragmático,
con el fin de minimizar el daño que puede causar la derecha mundial por la
vía del control de los gobiernos del mundo.
Resumiendo: “Las victorias electorales no han de transformar el mundo,
pero no se pueden pasar por alto”.(77)
Finalmente, sin tratar de continuar delineando una estrategia política,
que necesariamente se enriquecerá en el curso de la lucha y donde las
aportaciones intelectuales que las ciencias sociales pueden ofrecer, son
extremadamente importantes, debemos resaltar un aspecto más, y es avanzar
hacia la desmercantilización del mundo, puesto que la mercantilización es
el elemento esencial de la acumulación de capital; la propiedad
privada(78) considera el profesor Wallerstein no es más que un medio, lo
cierto es que, la Unión Soviética y la llamada Comunidad Socialista, que
prácticamente abolieron de sus dominios la propiedad privada sobre los
medios de producción, no pudieron escapar de las nefastas consecuencias de
su inserción en el sistema-mundo moderno, en el que quien era derrotado al
no favorecerle el accionar de sus reglas le esperaba, como así fue, el
ostracismo absoluto. Anselm Jappe, ése destacado estudioso de la teoría
del valor, lo deja muy claro en su libro “El absurdo mercado de los
hombres sin cualidades”, “El derrumbe de la URSS no demuestra la
superioridad de la economía de mercado, de la cual áquella formaba parte,
sino que evidencia que esta es una carrera cuyo número de participantes de
reduce constantemente, a causa de la necesidad de un empleo cada vez mayor
de tecnologías para poder producir a un coste competitivo, y que los
excluidos acaban en la miseria”. (79)
Por último abordaremos la estrategia que en esta etapa caótica y de
inminente bifurcación adoptarán aquellas fuerzas políticas que dominan
el sistema-mundo, algo tan importante como fijar la estrategia propia,
alguno de cuyos aspectos hemos delineado más arriba.
Lo primero que debiéramos decir es que estas fuerzas son una mezcla
compleja y no constituyen un grupo compacto y organizado (algo muy
favorable a nuestra lucha), y que probablemente se les pueda dividir en dos
grupos principales; uno, la mayoría, compartirá la confusión general y
acudirá a sus tradicionales políticas de corto plazo, quizá utilizando
una dosis más grande de represión en la medida en que no se ve que las
políticas de concesiones produzcan en el corto plazo la calma que
supuestamente debían producir.
El otro grupo, los estratos superiores del sistema-mundo, es una pequeña
minoría, pero lo suficientemente previsora e inteligente como para
percibir el hecho de que el actual sistema se está cayendo y que hay que
tomar las acciones necesarias (previsiblemente desde ya) para asegurarse de
que el nuevo sistema preserve la privilegiada posición que hoy ostentan.
La estrategia para este grupo “es la estrategia de Lampedusa; cambiar
todo para que nada cambie” (80), y para la consecución de la misma
contarían con una firme determinación, una gran cantidad de recursos a su
alcance y la posibilidad de contratar la inteligencia que necesiten a su
antojo. Lo harán, sí es que ya no lo están haciendo.
Lo que hará este grupo y los medos que emplearán sus miembros para
llevar a cabo la forma de transición que les interesa no lo sabemos, pero
lo que si podemos asegurar es que las proposiciones que hagan vendrían
cubiertas con un ropaje de cambio radical progresista. Se necesitará la
aplicación constante de una crítica analítica para desentrañar todas
sus patrañas.
¿Está en condiciones el sistema de satisfacer mayores reclamos de
incrementos en el reparto del excedente global?.
En los últimos 200 años las conquistas logradas por las masas en algunos
países (los que hemos llamado centrales) y las concesiones obtenidas
(allí donde se han alcanzado) han tenido por explicación, que se han
conseguido por medio de la lucha (81), ganadas a través de incrementos
graduales, y no hay dudas de que la satisfacción de tales exigencias, ha
contribuido a aplacar la ira e incorporar a los rebeldes cooptándolos, y
todas han tenido como fin, por parte de las personas que gozan de los
privilegios en el sistema-mundo capitalista, el de salvar la estructura
básica del sistema, nunca se han movido por motivaciones filantrópicas.
Entonces, ¿es cierto lo que se dice que para seguir arrancando excedentes
al capital lo que se necesita es una mayor presión y organización
social?. Tenemos que decir que sí en el pasado ha sido así, teniendo en
cuenta el estado actual del sistema (ampliamente abordado en el acápite
correspondiente a la crisis estructural del sistema capitalista) nada
garantiza que en el futuro dicha estrategia siga funcionando, ya que la
misma no toma en cuenta el impacto negativo que una mayor o ulterior
distribución del excedente tendría sobre el proceso de la incesante
acumulación del capital, que después de todo es la razón de ser de la
economía-mundo capitalista. De ahí que el dilema esta planteado: o se
detiene el proceso de redistribución del excedente y esto es difícil
políticamente o bien hay que mudarse a otro tipo de sistema, con el fin de
mantener las realidades jerárquicas no igualitarias; y como lo primero es
imposible, dado el agotamiento del pastel, estamos abocados ante las
puertas del segundo elemento de la disyunción.
Entonces: ¿debemos dejar de luchar?. Jamás. ¿Sirven para algo las
manifestaciones, reclamos y otras formas de lucha y protesta social tan
diseminadas por doquier hoy en día?. Sí, ¡y mucho!, las mismas han
favorecido y favorecen los factores que han llevado al sistema a su estado
caótico actual y a su inminente bifurcación; las mismas, al acentuar las
tendencias seculares llevándolas a rozar sus asíntotas, han metido al
sistema-mundo capitalista finalmente en una etapa de transición, que son
precisamente en un sistema social histórico los momentos de elección
histórica.