La izquierda abertzale en las Cortes

Las elecciones generales en el País Vasco y Navarra han representado un salto cualitativo para la izquierda nacionalista vasca: de la ilegalización a obtener el grupo mayoritario de diputados con la nueva candidatura Amaiur, superando al PNV. Y esto ocurre sin que se haya derogado la Ley de Partidos y en un contexto de ascenso de las fuerzas más declaradamente españolistas (PP, UPD). El gobierno PSOE saliente fue incapaz de definir un programa diferente, una vez fracasada por la división interna la interpretación pretendidamente federalizante de Zapatero. Los vientos que soplan ahora, reforzados por la quiebra de las finanzas autonómicas, son los de recentralización del estado.
Después de las elecciones generales con mayoría absoluta del PP, los nacionalistas burgueses de Catalunya y Euskadi están en segundo plano, supeditados como siempre a los intereses del capital español, pero ahora sin capacidad de negociación sobre competencias y límites presupuestarios y con limitada influencia en la política estatal en manos del nacionalismo español más rancio –aunque tan servil al imperialismo como los demás: véase lo poco que ha tardado el nuevo gobierno PP en asumir la “Ley Sinde” del anterior, patrocinada por la diplomacia norteamericana-
El resultado de la izquierda abertzale y su presentación contracorriente en las Cortes es un éxito político transcendente del que conviene extraer conclusiones.
La primera conclusión y más evidente para todo el que no se niegue a verla es la persistencia de un comportamiento nacional vasco diferenciado del resto del estado, producto de la existencia reafirmada del sentimiento nacional vasco y también de la presencia de una red de fuerzas políticas y sociales que se identifican con el movimiento abertzale, por su programa y su acción sistemática sostenida en el tiempo a pesar de prohibiciones, represión y cambios obligados de cartel electoral (últimamente con Amaiur y Bildu, y pendiente aún del recurso de la ilegalizada Sortu).
El cambio más significativo en este entorno ha sido el anuncio del “cese definitivo de la actividad armada de ETA” preparado por el abandono de la izquierda abertzale de las ilusiones negociadoras y la conciencia del lastre que para sus intereses políticos suponía la pervivencia marginal de ETA . Durante los últimos años, desde la ruptura de la última tregua-negociación, la izquierda abertzale mantuvo su cohesión y su movilización a pesar de la represión y la falta de instrumentos legales, evolucionando su ideario político hacia las iniciativas propias –no supeditadas a negociaciones ni contrapartidas del Estado- y a reconocer la realidad de la lucha política planteada. La irrealidad del conflicto armado definido con dos bandos dirimiendo cuestiones políticas a tiros –aunque se precisara como asimétrico entre un estado y un movimiento nacionalista- ha seguido lastrando la actividad de Batasuna y sus continuadores hasta que han empezado a tomar sus propias decisiones políticas y a cuestionar la viabilidad del método terrorista.
Subsiste la confusión sobre la cuestión moral sobre la violencia -en abstracto- y de que los abertzales hubieran de aceptar las reglas de juego democrático-burgués (el Estado tiene el monopolio de la fuerza y la potestad de emplear la violencia para defenderse a sí mismo y a los intereses de la clase dominante) dando la apariencia de neutralidad en una situación “democrática” donde la política parece exenta de violencia y abarca todos los órdenes. La presión mediática ha machacado constantemente la opinión pública durante años, negando el conflicto, la legitimidad de la lucha nacional y enfrentando demócratas a “criminales” sin motivo o con tintes de locura. La estrategia de la izquierda abertzale definiéndose exclusivamente por las “vías políticas y democráticas” rompe el argumento de su sumisión a ETA pero deja en un terreno ambiguo su posición frente al Estado. Necesita tener aún una dimensión internacionalista y de clase para situar a sus aliados objetivos en la lucha por la liberación nacional, aunque es cierto que los trabajadores del conjunto del estado están lejos de esa posición, son los únicos aliados potenciales frente a la burguesía centralista.
Se trata de un paso adelante respondiendo a la pregunta del aún preso Arnaldo Otegui de ¿cómo podemos ganar? El movimiento nacionalista vasco, en toda su pluralidad social y política se ha percatado de que una “lucha armada” si posibilidades de victoria ni de imponer negociación alguna era un lastre cada vez más costoso de sostener. Había constatado la dificultad casi insuperable de obtener solidaridad política para sus reivindicaciones nacionales porque el estigma de la violencia operaba como pantalla. Una victoria, tanto si tiene carácter militar como si es electoral, es esencialmente política, luego una “lucha armada” sin apoyo de masas no corresponde a la situación y a la conciencia popular, sólo puede resultar contraproducente para acercar esa victoria política –dejaría, como así estaba ocurriendo- cada vez más terreno a la reacción para imponer sus posiciones reaccionarias y justificar la represión contra las organizaciones abertzales.
La izquierda abertzale tiene ahora un capital de masas para seguir reivindicando el derecho a la Autodeterminación, para denunciar a los continuadores del franquismo y el podrido marco de la Constitución de 1978 donde no cabe aquella ni hay capacidad de reforma para el encaje democrático de las nacionalidades oprimidas dentro del Estado español.
La vanguardia del movimiento obrero y todo demócrata consecuente tiene una tarea central en defensa del pueblo vasco, de sus reivindicaciones nacionales y sociales, por la libertad de los presos políticos y la legalización de sus organizaciones políticas. Frente a la mística de la exaltación de las víctimas instrumentalizadas por el nacionalismo españolista y los planes de re-centralización del Estado ya no hay obstáculos políticos ni excusas morales: hay que trabajar por la unidad y la solidaridad entre los oprimidos y explotados.
La caducidad del Estado autonómico y la prostración de las burguesías nacionalistas vasca y catalana –que nunca han expresado políticamente las aspiraciones de la mayoría social catalana y vasca, sólo han aprovechado la movilización nacional para sus negociación particular- prepara las condiciones para superar los obstáculos políticos que han dificultado hasta ahora los puentes de solidaridad y empezar a construir localmente un movimiento alternativo que aspire también a resolver las contradicciones del Estado centralista opresor.
Toni
Diciembre 2011