La revuelta griega. Crisis política y creciente tensión social en Europa oriental

El 6 de diciembre pasado una unidad de policías de Atenas asesinó a sangre fría a un joven de 15 años, Andreas Grigoropoulos. El incidente ocurrió en la plaza de Exarquía, un punto de concentración de jóvenes radicales y la acción policial tuvo todos los matices de una provocación. La reacción social a la acción criminal fue inmensa. Un reguero de manifestaciones, que agruparon masivamente a una juventud sin futuro, explotada y con niveles salariales ínfimos. Las manifestaciones arrastraron a otros sectores de la sociedad, como a los trabajadores inmigrantes -cuya actividad sindical es reprimida por bandas de gángsteres a sueldo de los empresarios- así como a los trabajadores en general. Sin embargo la primera línea de la revuelta fue sin lugar a dudas la propia juventud.
El movimiento, que tuvo todos los rasgos de un levantamiento generalizado que se extendió a todas las ciudades de Grecia, no fue un movimiento preconcebido ni organizado, sino la expresión más genuina del repudio al asesinato de Grigoropoulos y de reacción contra las condiciones de vida de los jóvenes estudiantes y trabajadores en general. De allí la consistencia y profundidad de la movilización y su combatividad. Es importante poner de relieve el ataque contra esta movilización por parte del partido comunista estalinista griego, KKE, y la actitud vergonzante con la que dio su apoyo la formación originariamente eurocomunista Synaspismos en coalición con fuerzas extra parlamentarias a través del frente Syriza.
Mientras el KKE atacaba abiertamente la movilización, las fuerzas de Syriza aspiraban a distorsionar el sentido del levantamiento para estructurar sobre sus espaldas un progreso electoral con la perspectiva de las elecciones europeas y un adelantamiento de las elecciones griegas en medio del lodazal de la crisis política nacional en la que está envuelto el Gobierno de Costas Karamanlis, del partido liberal derechista Nueva Democracia.
El movimiento de ascenso de las luchas populares detonadas por el asesinato del joven Grigoropoulos tuvo diversas expresiones de radicalización, desde la ocupación de la sede de los sindicatos controlados por burócratas sindicales que responden al Pasok, la Confederación General de Trabajadores, hasta la huelga de los trabajadores del teatro de la opera de Atenas.
El contexto de estas luchas, con independencia del detonante, es sin dudas la precariedad laboral y social de la juventud griega que ha sido el gran motor de estos enfrentamientos. En un contexto continuado de resistencia de la sociedad griega al deterioro de la sanidad y a los avances en contra de la educación pública.
Pero el gran motor impulsor de la crisis social griega es la situación sin salida de la economía del país que marcha hacia una crisis de pagos como sus vecinos orientales. Grecia cuyo sistema financiero ha hecho una expansión regional en países como Turquía, Bulgaria o Rumania, navega por los cauces de una cesación de pagos ante el peso de la deuda externa.
Mientras el conjunto de la Unión Europea debate cómo asistir a las naciones de su entorno cuyas monedas se derrumban, como es el caso de Hungría, Rumania y Bulgaria, y caen gobiernos como los de la República Checa -que en este semestre encarna la presidencia de la UE- y de la propia Hungría, Grecia que forma parte de la unión monetaria europea deberá recibir asistencia financiera comunitaria o del Fondo Monetario Internacional para salir del atolladero.
Con este telón de fondo las corrientes de la izquierda griega se reunieron en Atenas el pasado 31 de enero en el estadio del Sporting. Los 2000 militantes congregados en el encuentro representaban a dos frentes: ENANTIA -que incluye a la variante local de la LCR francesa y SEK-SWEP, el partido local representante del Socialist Workers Party británico (Tony Cliff)- y MERA, en el cual se agrupan el EEK (Partido de los Trabajadores), Corriente Nueva Izquierda (escisión comunista de 1989) y grupos maoístas y de izquierda independientes.

La reunión de la izquierda de finales de enero ha puesto de relieve como un sector de las organizaciones que han participado del movimiento de diciembre pretende capitalizar el levantamiento griego para dar forma a la variante griega del Nuevo Partido Anticapitalista propugnado en Francia por la LCR, y combatiendo el presunto “espontaneísmo” el “anarquismo” y el culto a la “acción directa” de las organizaciones que alentaron el desarrollo del levantamiento con los métodos de clase y opuestos a su instrumentación electoralista.
El debate ha dejado de un lado a los defensores del levantamiento y de dar al mismo una dirección realmente independiente y anticapitalista como el EEK, y del otro a los que pretenden a caballo de la movilización independiente de las masas griegas organizar una salida electoral bajo el rótulo anticapitalista.
El "anticapitalismo" de estas corrientes se define por la vaguedad de todo lo que dice moverse en contra el capitalismo sin tener necesariamente una dirección revolucionaria, desde la izquierda de la social democracia hasta la izquierda revolucionaria (o ex revolucionaria) y los anarquistas. Lo cual supone tirar por la borda las diferencias entre reformistas y revolucionarios en nombre de una unidad anticapitalista. Como afirma el EEK: “Los objetivos electoralistas de esta clase de reagrupamiento están mezclados, si no ocultos, detrás de un montón de activistas del "movimientismo" social y pacifista.”

30-03-09

Carlos S.