La violencia de unos y otros

Al ver una película a veces me quedo con las últimas imágenes si son impactantes, y con los años me olvido del resto de la película. A los medios de comunicación habituales les pasa a menudo lo mismo, con la diferencia de que no necesitan años para olvidarse de la película. Miran la imagen final y opinan sobre esta con contundencia, ignorando las anteriores. Una cosa es no ser capaz de entender el mensaje de la película, o no tener nunca tiempo para verla entera, y otra no querer ni combinar cuatro fotos entre si para llegar a comprender una escena de ella. Así es como las fotos estrella de la huelga general del pasado 29 de setiembre fueron el asalto a la tienda Levi’s en Passeig de Gràcia de Barcelona y la quema del coche de Guardia Urbana en la Plaça Universitat, mientras las burdas y claras provocaciones de los mossos en Barcelona el mismo día se convierten en invisibles para ellos, y como consecuencia en inexistentes para los que no consultan medios alternativos. De hecho una mayoría de la población entiende que los altercados son obra de los “antisistema” de forma unilateral, porque los medios de comunicación lo han presentado así. Los que nos movíamos en el centro de la ciudad esa noche y día vimos otra realidad, y además muchos valoramos en primer lugar el resultado de la huelga y no los altercados.
Antes de la huelga los principales medios de comunicación intentaron demonizar a los sindicatos por haber convocado una huelga “en plena crisis”, en el momento cuando más falta hace el esfuerzo y sacrificio laboral para sacarnos de esta crisis, según el discurso de la patronal y los gobiernos central y autonómicos. Prensa, gobiernos y oposición leal y oficial están todos de acuerdo en que la salida sólo puede hacerse con sacrificios desde abajo, nunca desde arriba. El que discrepa es en principio un ignorante o un sindicalista. En las páginas de La Razón y El Mundo se vieron propuestas de “encarcelar a los líderes” y “ilegalizar a UGT y CCOO”. Pero, como este discurso era demasiado simplista y poco convincente, los medios oficiales consiguieron a partir del día de la huelga definir mejor a los culpables: los antisistema. De repente desapareció el interés por los sindicalistas y toda la artillería se dirigió contra los antisistema que también saben discrepar. No he visto un sólo artículo en la prensa oficial que intente tratar este concepto, “antisistema”, con perspectiva social y política para llegar a entender de qué se trata. Cualquier análisis serio de la realidad entiende que los jóvenes se sitúan como las primeras víctimas de la crisis estructural de este sistema caduco. Se encuentran dentro y no fuera de esta realidad, y por suerte hay los que reaccionan y se mueven en contra de los obstáculos que les impiden acceder a una vida decente.
¿Alguien ha leído algún artículo reciente intentando relacionar la rabia de los jóvenes con el hecho que hay un 40 % de paro entre ellos? ¿Qué sensación debe tener el joven de treinta años en paro cuando se encuentra con que sus padres tendrán que trabajar dos años más para poderse jubilar? ¿Que sus padres le están robando su trabajo? ¿Cuanto hace que no se oye ningún político hablar de la juventud como la promesa del futuro? Curiosamente este es un discurso desaparecido desde hace años tanto aquí como en el resto de Europa. Los jóvenes oyen a Zapatero hablar de cambio de modelo productivo y se encuentran con que se salva a los bancos con dinero público, mientras se les recortan los derechos laborales y las prestaciones sociales, las empresas se llevan la producción a Asia... y encima siguen sin trabajo. Y si unos de estos jóvenes han entendido que esta situación se debe a la decadencia de un sistema que les excluye de un futuro digno y no llegan a contener su rabia ¿no se entiende mejor la foto final?
Digo esto sin intentar justificar métodos de violencia porque siempre hay que esforzarse para encontrar salidas pacíficas de los conflictos y porque la violencia suele perjudicar la causa. Pero todos sabemos que la gran revolución francesa no logró imponerse sin violencia y hoy no se ve medio liberal que la recuerde o la quiera mencionar. En cambio piden más contundencia contra “los antisistema”, en realidad no tanto por ser violentos como por no creerse las medidas anticrisis y oponerse a ellas. Y la represión de los mossos fue verdaderamente salvaje e indiscriminada tanto en Plaça Universitat como en Plaça Catalunya y Plaça del Catedral. ¿A quién se le ocurre desalojar el Banesto el mismo día de la huelga con el objetivo de desactivar la resistencia? Es difícil entender en qué mundo viven Saura y los demás mandos de los mossos para ser capaces de tomar una decisión de este tipo. Si algo encendió la mecha para los jóvenes fue justamente este desalojo improvisado.
“La violencia que me favorece la consiento, pero cuando me perjudica la condeno y exijo que todos los demás también la condenen”, es el discurso que orienta y repite con eufemismos el poder político en decadencia con objetivo de complacer el gran capital visiblemente nervioso ante un futuro desdibujado. El consejero de interior en Catalunya, Saura, lo deja claro: "Les digo a los violentos que no quedarán impunes y que actuaremos contra ellos con toda la contundencia. No representan nada de la sociedad catalana.” Lejos quedan los tiempos que podíamos ver al comunista convencido Saura gritar con nosotros contra las medidas represoras de las fuerzas policiales en las manifestaciones. Toni Castejón, portavoz del sindicato de los mossos de CCOO declaró que “Barcelona tiene un gravísimo problema con el colectivo antisistema... No nos podemos quedar en condenar los hechos. Tolerancia cero. Se tiene que actuar.” Me pregunto, ¿cuál es la reacción de la dirección de CCOO ante una declaración pública tan retrógrada de un miembro portavoz suyo? La muy consejera de trabajo, Mar Serna, el día después de la huelga se muestra igual de alejada del mundo de los jóvenes contestatarios: “La actuación de los mossos ayer demuestra que es la vía a seguir [...] Esto no se puede permitir en una sociedad civilizada como la nuestra.” ¡Adelante las porras de los mossos, los violentos son los jóvenes!
Los que intentamos cambiar el mundo en un sentido positivo hace décadas sin éxito, tenemos una responsabilidad especial para que esta generación de jóvenes recortada y castigada por el capitalismo en crisis no quede sola, y el deber de participar en sus protestas para reducir la “tolerancia cero” de Castejón, Saura, Serna y compañía y acompañarlos en sus intentos de encontrar una salida positiva para ellos y los demás. Porque lo que nadie explica allí arriba, ni desde los medios de comunicación habituales, es que estos jóvenes forman parte de la primera generación que vive peor que sus padres desde hace bastante tiempo. Si ahora eres joven y llegas a ganar mil euros al mes te puedes considerar un afortunado, no importa los estudios que tengas. Sin contactos hacia arriba no se puede aspirar a un sueldo digno ni a una vivienda independiente. Hace dos años escribí en esta misma publicación: “Un modelo social que no ofrece futuro a las nuevas generaciones está cavando su propia tumba.” Esto es lo que ahora se está haciendo visible. Pero Saura, Castejón y Serna saben como pararlos: tolerancia cero, la vía a seguir es la actuación de los mossos porque los violentos siempre se encuentran más abajo. Entre miope y ciego puede haber un paso pequeño. Pero cuando el ciego en posición de poder deja su bastón blanco a los cuerpos de represión, el bastón se convierte en una porra correctora de conducta antisistema. Esta es la violencia que los defensores de un sistema caduco considera necesaria para conservar sus privilegios, sin tener el más mínimo problema con la vista. La reacción a esta locura depende en primer lugar de las generaciones jóvenes pero también de la capacidad de sus padres para aportar sus propias experiencias.
Jonas, noviembre 2010