Los gobiernos tecnocráticos: AGONIA Y PODREDUMBRE DE LA EUROPA DEL CAPITAL

Mario Monti, ex comisionado de la UE y Lucas Papademos ex gobernador del BC de Grecia y ex vicepresidente del Banco Central Europeo, han sido encargados por Bruselas para formar gobiernos técnicos en Italia y Grecia. La maniobra constituye un verdadero auto golpe de estado. La descomposición de la Europa del capital es tal que se prescinde de cualquier formalismo democrático: se sustituye lo que formalmente es la voz del pueblo por la de los banqueros, esperando que un gobierno “técnico”, que no ha sido elegido por el voto ciudadano, será capaz de imponer las medidas que la UE exige. El error de los representantes del gran capital es considerar una ventaja lo que es en realidad una debilidad. Unos gobiernos que carecen de legitimidad y que han sido formados a espaldas de la población, son todavía más débiles que los que acaban de sustituir. Los dos nuevos gobiernos ya han sido recibidos en sus respectivos países con movilizaciones, como un anticipo de lo que se van a encontrar.
El plan fiscal que Bruselas pretende imponer y la recesión económica que comporta, convertirán la deuda italiana en impagable (como la griega) y su estallido arrastrará tras de sí al euro. Las medidas que pretenden aplicar provocarán nuevas recesiones y estancamientos de la economía, y por consiguiente agravará el problema de la deuda, que lejos de disminuir, aumentará. Pero ¿esto no lo ven en Bruselas? Por supuesto que sí, pero sirve a su objetivo principal: el afianzamiento del poder del capital financiero y el de las grandes multinacionales.
EL PROTECTORADO GRIEGO. ¿HACIA UNA SITUACIÓN REVOLUCIONARIA?
El anterior gobierno del PASOK era demasiado débil y estaba demasiado desprestigiado para seguir llevando a cabo los ajustes exigidos por Merkel y Sarkozy. El de Papademos, que cuenta con el apoyo del capital nacional e internacional, y que no tiene ninguna dependencia del voto, ni de la simpatía popular, pretende superar el impás, mientras se transforma en el rostro sin máscara de la dictadura del capital.
Papademos exige carta blanca al parlamento, es decir un acuerdo firmado por Papandreu (PASOK) y Samaras (Nueva Democracia) por el que ambas formaciones apoyen sin fisuras el plan de la UE que su gobierno intentará aplicar. La exigencia iba acompañada de la amenaza de la UE de no hacer efectiva la entrega de un paquete de 8.000 millones de euros. Para salvar al gran capital, el gobierno “técnico” de Papademos pretende controlar una situación que amenaza con írsele de las manos, libre de las limitaciones formales de un orden constitucional que ya no sirve. La democracia ha sido echada al desván de los trastos inservibles.
El nuevo paquete de medidas que exige la UE es más de lo mismo: Nuevos recortes en los sueldos y pensiones, desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas, privatizaciones, despido de 30.000 funcionarios… como consecuencia de aplicar las nuevas medidas, se calcula que el paro pasará del 18,4% al 25% de la población activa. Queda claro pues, que el debilitado gobierno de Papandreu no estaba en condiciones para llevarlo a cabo (las encuestas indicaban que más del 90% de la población ya estaba en contra de la política del gobierno, antes de plantear el nuevo ajuste). Ni siquiera con el apoyo de la derecha y de la extrema derecha. El descrédito es tal que si hubiera elecciones en Grecia, la intención de voto para la conservadora Nueva Democracia sería del 22%, mientras que el PASOK apenas llegaría al 15%, es decir, los dos grandes partidos del sistema apenas llegarían al 37%).
Pero es estúpido creer que con el nuevo gobierno ha cambiado algo. La aplicación del plan exacerbará todavía más la crisis del régimen burgués en bancarrota y provocará estallidos cada vez más fuertes y más radicalizados, no sólo en Grecia, sino en todo el continente europeo.
El nuevo ataque contra Grecia incrementará la recesión y hará todavía más incobrable la deuda. Eso ya lo saben en Bruselas. Si se aplican las medidas, la relación entre la deuda soberana y el PIB será del 120% en 2020 (¡cómo en 2010!). La radicalización y la rabia de la población es cada vez más evidente. Las huelgas cada día son más numerosas y cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de la población. Se ocupan los ministerios y los edificios de las instituciones del estado. En los barrios la proliferación de asambleas populares y comités de coordinación de los trabajadores en huelga expresan la formación de un poder que empieza a disputarle al estado el control de la calle y de los centros de trabajo.
Las huelgas generales de los últimos meses y la protesta masiva en los actos oficiales del 28 de octubre, el día nacional de Grecia, reflejó que el gobierno y el parlamento estaban cada vez más aislados. La convocatoria de referéndum de Papandreu, para que la población votara el paquete de medidas fue una medida desesperada para recuperar la iniciativa (o aceptaban las imposiciones o el abismo de ser expulsados de la UE). El anuncio del plebiscito provocó las amenazas airadas en los círculos de poder capitalistas y la rebelión de la vieja guardia del PASOK que vieron en la propuesta, el riesgo de que la población rechazase las políticas de austeridad. Una crisis de esa envergadura habría hundido definitivamente las maniobras para evitar la quiebra de la UE (Las encuestas indicaban que el 60% habría votado “NO”).
El nuevo gobierno “técnico” debe llevar a cabo el plan de Bruselas, a pesar de que los dos anteriores no han servido para atajar el inminente colapso. Ni siquiera con el apoyo de los “socialistas”, conservadores y fascistas, puede dar la seguridad a los especuladores de que evitará el estallido popular. No es casualidad que Papandreu decidiera cambiar la cúpula de las fuerzas armadas y la policía, por gente de su confianza. La gente empieza a reclamar el dracma, es decir, la ruptura con la zona euro y el no pago de la deuda externa. La situación es tan insostenible que incluso un foro empresarial como la cámara de comercio de Atenas, exigió por voz de su presidente Konstantino Mijalos, un cambio en la política económica. Mijalos advirtió que las medidas de austeridad están empobreciendo a la población y generando graves consecuencias para la competitividad y la cohesión social.
ITALIA. EL GOBIERNO DE LOS BANQUEROS
El presidente de Italia, Giorgio Napolitano, ha impuesto el plan de Bruselas para nombrar un gobierno “técnico”, encabezado por el ex alto funcionario europeo Mario Monti.
Pese a sus reticencias, Berlusconi fue obligado a dimitir, después de perder la votación de los presupuestos para 2012. La iglesia, la patronal… todos los sectores que habían apoyado su ascenso al gobierno, exigían ahora su renuncia. Algunos de sus fieles en el partido cambiaron de bando en la votación, mientras que sus aliados de la Liga del Norte pedían su renuncia. El centro izquierda y la burocracia sindical dejaron desde el primer momento claro sus intenciones de apoyar obedientemente las exigencias del nuevo gobierno, que pide el apoyo incondicional al paquete de medidas propuestas por Bruselas y la extensión de su gobierno hasta agotar el actual mandato (como si los políticos estuvieran en condiciones de asegurárselo). Toda una verdadera maniobra de palacio para conseguir la imposición de un gobierno completamente fiel a los dictámenes de Angela Merkel y Nicolás Sarkozy.
Monti presume de “independencia”, pero es evidente que su gobierno está bajo el mandato de los bancos nacionales e internacionales. El ministro de educación, el “independiente” Francesco Prófumo, fue recibido con manifestaciones multitudinarias de estudiantes, que le recordaron su apoyo a los recortes cuando era rector de la universidad de Turín.
Sin embargo el paquete de medidas fiscales no tiene la menor posibilidad de solucionar el problema del pago de la deuda italiana. Monti prepara una serie de medidas fiscales con el propósito de ahorrar 30.000 millones de euros. Pese al apoyo de la mayoría berlusconiana en el parlamento y el servilismo del centro izquierda (que dividida y sin garra, no supone ninguna alternativa) y las cúpulas sindicales, no tiene la menor posibilidad de conseguir sus objetivos, sin aplicar un impuesto sobre las grandes fortunas y propiedades, lo que provocaría una sublevación empresarial. Los bancos italianos tampoco que ya cuentan con el 40% de la deuda pública, tampoco están en condiciones para reabsorberla. Los principales inversores internacionales han empezado a desembarazarse de los títulos italianos, provocando la caída de su cotización y el incremento de la prima de riesgo.
Las medidas del nuevo gobierno van a atacar las condiciones de vida de los trabajadores y las clases populares (ya es público que el gobierno de Monti prepara de inmediato nuevos recortes de los salarios y las pensiones, un plan de privatizaciones del sector público…). El apoyo del centro izquierda y de la burocracia sindical no va a ser suficiente para detener el aumento del malestar y de las movilizaciones. La cuestión es que nada va a ser como antes. Su fracaso va a arrastrar tras de sí, a todos los partidos que desde el parlamento lo han apoyado, tanto en la derecha, como en el centro izquierda, abriendo una perspectiva de crisis política y de nuevas explosiones sociales.
LA EUROPA DEL CAPITAL. EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC
El más que probable fracaso de los gobiernos “tecnocráticos” implicará no sólo la quiebra de Grecia y su salida de la eurozona, sino también la de los bancos inversores y la propagación del incendio a Italia, Portugal, Irlanda y el estado español, que ya experimentan dificultades extremas, en dirección al mismo corazón de la Europa del capital, Francia y Alemania. Sería ingenuo suponer que el tsunami no acabará alcanzando a toda la economía capitalista.
La bancarrota del capitalismo se nos va rebelando cada día que pasa con mayor intensidad, al poner en evidencia el problema de la inmensa cantidad de capital ficticio que no puede ser validada en las transacciones económicas. El capitalismo senil tiende a disolver las mismas bases sobre las que se sostiene, y ni los estímulos, ni los rescates multimillonarios pueden ya devolverle la salud.
Hace tan solo unos meses, la simple consideración de que la zona euro podía estallar en mil pedazos era considerada por los gurús de la economía capitalista como un sueño delirante de un puñado de radicales antisistema. Ahora muchos de estos respetables alertan de que si no se toman medidas, el euro podría no llegar a navidad. Otros hablan de la conspiración de Merkel y Sarkozy para establecer la Europa de las dos velocidades. Los charlatanes de feria ya no saben qué decir.
La cola de los países que en la práctica están en suspensión de pagos crece a diario. Austria y Bélgica están ya en puertas, mientras que Francia ve como se dispara su prima de riesgo por encima de la cota de los 200 y Alemania observa con estupor que la mitad de los títulos que pone a subasta no los compra nadie, cuando hace tan solo unas semanas se los quitaban de las manos.
La Europa a dos velocidades, con la que sueñan los desesperados, es el primer capítulo de la disolución de la zona euro. El problema es que la alternativa a la que se enfrentan es la bancarrota conjunta. La tragedia de Merkel y Sarkozy es que la quiebra de Grecia, de Italia, o de cualquiera de los países afectados es también la de los bancos alemanes y franceses, con las catastróficas consecuencias que eso supondría en sus respectivos países. Para muestra un botón: Francia y Alemania tienen más de 500.000 millones de dólares en títulos de deuda italiana. Después de haber financiado la especulación de la periferia en beneficio propio, ahora se enfrentan con la inminente suspensión de pagos de los países deudores.
El enfrentamiento entre Merkel y sus socios europeos para que el BCE rescate a los países en dificultades, se ha trasladado ahora a la misma Alemania, con la agria disputa entre los grupos capitalistas, que ha dividido al mismo gobierno. La posibilidad de que se abra el grifo de la emisión monetaria para rescatar indiscriminadamente a todos los bancos y países en dificultades, es considerada por un poderoso sector del empresariado como un suicidio financiero, porque sería Alemania (dado que ni USA, ni China, están dispuestos a colaborar)sobre la que recaería la mayor parte del peso de la operación.
La Europa del capital corre el inminente peligro de emular la tragedia del Titánic.
LOS SUEÑOS DE LA RAZÓN (CAPITALISTA) PRODUCEN MONSTRUOS.
La democracia del capital, tal como la conocemos, agoniza. Sus principales representantes se han visto obligados a saltarse todos los formalismos institucionales, tales como la soberanía nacional; el parlamento y los gobiernos elegidos en las urnas, como representantes de la ciudadanía. La comedia se ha terminado y los actores se han quitado las caretas, para servir la voluntad de los “mercados”.
Los trabajadores y las clases populares europeas empiezan a sentirse engañadas. Les vendieron el euro como la fórmula mágica que iba a permitir que todos seríamos parte del sueño del paraíso capitalista europeo sin fin, y ahora observan como el único futuro que se les ofrece es la generalización de la pobreza en todo el continente: Desempleo, precarización, pérdida de derechos laborales y sociales, endurecimiento del acceso a unas pensiones cada vez más insuficientes, privatización, corrupción generalizada, desmantelamiento de la educación y la sanidad públicas … De nada sirve votar, porque todas las marcas respetables obedecen a los mismos intereses y ofrecen, con retoques, el mismo producto. Los gobiernos de la derecha y la izquierda del sistema sirven al mismo amo. Y por si fuera poco, cuando éstos se tambalean, los altos representantes de la Europa del capital promueven el autogolpe de estado, para sustituirlos por gabinetes de “técnicos”, que con la etiqueta de “independientes” (¿independientes de la voluntad popular?) se prestan a llevar a cabo las medidas que exige el gran capital y descargar todo el peso de la crisis sobre los trabajadores y las clases populares.
La tentación de muchos es volver a la situación anterior al euro, a la peseta, al dracma, o a la lira, con una moneda nacional que permita su devaluación y por consiguiente la mejora de la competitividad. El planteo nacionalista, que defiende una buena parte de la izquierda que proclama alternativa, revolucionaria o anticapitalista es además de reaccionario, absurdo. No se puede volver atrás. La desaparición del euro implicaría una catástrofe de dimensiones planetarias. Los países de la ex eurozona se verían desarbolados por una colosal tempestad hiperinflacionaria (los optimistas calculan que las economías nacionales perderían entre un 40 y un 60% de su valor, la realidad podría llegar a ser mucho peor), como consecuencia de una moneda que no valdría nada, y de la que no se fiaría nadie. El desempleo y la miseria se dispararían a cotas insoportables, provocando estallidos y convulsiones sociales por doquier, sin orientación ni proyecto político alternativo, mientras la bestia fascista volvería a asomar sus fauces. La barbarie capitalista se materializaría de forma incuestionable.
No existe una solución parlamentaria, o institucional a la crisis del sistema. No hay reforma posible de la Europa del capital. Hoy más que nunca, la lucha de los trabajadores pasa por la autoorganización y por la unidad en la acción en los barrios, en los pueblos y en los centros de estudio y de trabajo. Es necesario levantar entre todos un programa que defienda la prohibición de los despidos, el empleo para todos, el no pago de la deuda a los usureros internacionales, ruptura inmediata con la UE y la OTAN, por la nacionalización de la banca y de los sectores estratégicos de la economía, sin indemnización y bajo control obrero y popular. Por un gobierno de los trabajadores.
No estamos en contra de una Europa unida. Todo lo contrario, estamos convencidos de que es la única salida posible, favorable a los intereses de los trabajadores y las clases populares del continente. Lo que afirmamos es que la Unión Europea, la Europa de los mercaderes, ha sido un engaño destinado a extender y consolidar la depredación del capital. Desde su creación, la UE estuvo al servicio de los capitalismos más fuertes, Francia y Alemania, que de esta manera controlaban los mercados del resto de países. Ahora los ataques contra los derechos y conquistas de los trabajadores y de la población en general, se hacen bajo la bandera de la defensa del euro y en su nombre. La lucha pasa por la destrucción de la Europa del capital en nombre los Estados Unidos Socialistas de Europa.
Es necesario que los trabajadores de todos los países unamos nuestras fuerzas en el combate por la destrucción de la trampa capitalista, y por la reorganización de todos los pueblos y naciones europeos sobre nuevas bases sociales, en el marco de una federación libre de estados socialistas.
Barcelona, 1 de diciembre de 2011
Enric Mompó