Los levantamientos árabes

Los levantamientos árabes
Movilización de masas sin precedentes hacia cambios históricos

Una oleada incesante de movilizaciones de masas recorre los países del Magreb y del mundo árabe desde el 17 de diciembre pasado, cuando la protesta hasta la muerte de un joven parado de Túnez prendió la mecha que hizo estallar el descontento largamente acumulado. Desde entonces han caído dictadores (Ben Alí, Mubarak) y sus gobiernos como en Túnez y Egipto, otros se tambalean sin solución como los de Yemen, Siria y Bahrein mientras se lanzan feroces represiones combinadas con promesas de cambio democrático y en alguno se entabla la guerra civil (Libia). La conmoción alcanza Argelia, Marruecos, Mauritania, Arabia Saudita, Irak, Jordania y hasta Palestina: en todas partes hay masas de jóvenes, trabajadores y desempleados que saben lo que no quieren, aunque todavía no tengan claro un programa y un objetivo común.

La visión “orientalista” sobre el mundo árabe que se difunde en los países occidentales, trufada de imperialismo y resabios racistas, ha despreciado siempre la cultura, la cohesión social y la capacidad de movilización consciente de unos pueblos que se nos han pintado como miserables, atrasados sin remedio y embrutecidos de fanatismo religioso. Pero en pocos meses y ante el asombro de “expertos” y comentaristas vulgares, caen dictaduras de décadas de antigüedad que contaban con el apoyo de las potencias imperialistas y todo queda abierto a los acontecimientos futuros que las fuerzas del sistema no pueden ya limitar y controlar como antaño.

Las condiciones sociales para este movimiento histórico se fueron acumulando hasta la desesperación por la falta de perspectivas económicas y políticas de sociedades enteras que se vieron condenadas a la miseria y a la represión más grosera por regímenes ostentosos y serviles a las potencias coloniales y a su gendarme regional, Israel. Opulentos y manipuladores, esos regímenes no disponen de ningún margen para integrar el descontento de las masas. El cambio demográfico y el éxodo del campo a la ciudad ha acumulado sociedades mayoritariamente jóvenes que han tenido un cierto nivel de instrucción y acceden a medios de información globales (cadenas de noticias por satélite como Al Yazeera, foros de Internet y las redes sociales incluso a través de telefonía móvil). Ya no pueden ser mantenidos en el aislamiento y la ignorancia pero si continúan en el paro y la miseria sin perspectiva. El recurso a la emigración está cada día más difícil e incierto para ellos y el estallido de la crisis mundial alumbró nuevas burbujas económicas sobre las materias primas y particularmente sobre los cereales y otros alimentos básicos, agravando especialmente la situación de los pueblos árabes y magrebíes.

El levantamiento árabe corresponde a una nueva situación mundial, no a los caducos bloques heredados de la guerra fría y su reparto de influencias sobre los regímenes semicoloniales –se ha extendido contra regímenes y dictaduras que fueron y son títeres de ambos bloques. Mucho menos tiene que ver con un proyecto islamista antioccidental, espantajo agitado por Bush y mantenido por Obama para justificar la “guerra contra el terror”, con invasiones militares, torturas, cárceles extrajudiciales, etc. La religión no es el centro de las preocupaciones de los jóvenes y los trabajadores cuando tienen una perspectiva política, rechazan la manipulación oficial y a la vez el radicalismo religioso de los grupos de Al Quaeda pierde atractivo: hay objetivos políticos inmediatos alcanzables con la movilización y ajenos a la “guerra santa” de los salafistas. Las masas árabes con su movilización sostenida y la práctica de la democracia directa ajustan cuentas con los opresores y rechazan las recetas y consejos del imperialismo. Demasiado bien conocen quién apoya y arma a los tiranos y cuál es el soporte político de Israel en la expulsión de los palestinos de su tierra. Pero el imperialismo yanqui no pierde el tiempo y se apresura a redituarse en la escena dando un aparente giro a su política hacia el mundo árabe: rechaza formalmente las dictaduras y promueve la “democratización” general. La nueva trampa está lista, se trata de los procesos de “transición democrática y pacífica”, que ante la ausencia de instituciones democráticas “homologadas” por la diplomacia imperialista en los países árabes, se apoyan en las fuerzas armadas locales, policía y ejército –garantes del Estado y del orden capitalista como siempre, pero ahora revestidos de traje “demócrata”- y conectados a los servicios de inteligencia occidentales (esto no cambia). Los que vivimos la “Transición” española y el fraude de la Constitución a las reivindicaciones de la lucha contra el franquismo podemos intuir de qué va este modelo político.

Al levantamiento árabe, ya consolidado y extendido le queda un largo camino. No es episódico o coyuntural: el genio ha salido de la botella y no se dejará oprimir fácilmente de nuevo. Pero lo más significativo del proceso árabe y magrebí es la evolución política. Si ahora aparece una amalgama de capas sociales, clases medias y proletariado urbano combinando exigencias de libertad y reivindicaciones sociales básicas, la propia dinámica de la lucha va desgranando objetivos y seleccionando programas, la propia necesidad de organización impulsa la autoorganización de masas. El desarrollo de los acontecimientos agudiza las contradicciones y hace surgir vanguardias y líderes, incluso aparecen organizaciones de clase, con el movimiento obrero como referencia (Egipto), preparando un nuevo partido que, superando la reivindicación democrática y nacional, se reclame de los trabajadores y a favor de su organización independiente. Y el levantamiento árabe es un proceso vivo que no va a detenerse en las libertades formales: la lucha democrática es una lucha social y a su vez destila un contenido político que apunta al centro de los problemas, el Estado, el poder y la clase que lo detenta, Ni siquiera se extiende sólo por el mundo árabe: sus experiencias y eco llegan a todas partes e inspiran la primavera política en Europa, Estado español incluido, como estamos viendo estos días con el ascenso del “movimiento 15M”. Sólo se ha dicho la primera palabra en un proceso en pleno desarrollo que desafía no sólo a los dictadores sino a la democracia burguesa y el orden imperialista –la dictadura del capital- en el momento que pretende aumentar la explotación para salvar los beneficios ante la quiebra virtual del sistema, ahogado por deudas impagables.

La polémica sobre Libia

La situación en Libia ha tomado un desarrollo específico, derivado de su propia estructura social y política, se trata de un país de organización tribal pero plenamente integrado en el sistema capitalista en torno a la principal industria del país, la extracción y comercialización de hidrocarburos, que a su vez resulta estratégica para el suministro energético europeo. Además el régimen gadafista ha evitado durante décadas no sólo la oposición organizada sino siquiera la existencia de instituciones democráticas, de modo que no hay válvula de escape alguna: todas las contradicciones apuntan inmediatamente a un enfrentamiento violento por el poder –con un proceso similar se están desarrollando los acontecimientos en Yemen-.
En Libia se ha entablado una guerra civil entre dos fracciones burguesas, con el patrocinio del imperialismo europeo y yanki que bombardean e intervienen limitadamente para apoyar condicionalmente a uno de los bandos, en la perspectiva de mantener el control e imponer condiciones al directorio rebelde para dar continuidad a los negocios que hacían con el régimen de Gadafi que se ha tornado poco fiable para los intereses imperialistas.
Como en todos los procesos históricos, no hay elementos puros sino complejos y contradictorios, En el bando rebelde están los que se manifestaron contra la dictadura, los que se movilizaron por la libertad de los presos políticos y están planteadas las tareas de un movimiento revolucionario, que objetivamente no son democrático-burguesas sino socialistas. Pero no existe ningún tipo de organización independiente ni de tradición de lucha reciente, de modo que la Junta de Bengasi está formada por notables burgueses tribales y cuadros desertores del régimen gadafista e infeudados al imperialismo francés y británico.
Por tanto, no hay un bando progresivo en la guerra inter-burguesa de Libia. Nada añade más confusión e impotencia a la causa de los trabajadores que aquellas corrientes que apoyan a su propia clase dominante imperialista en nombre de la izquierda, es decir apoyan la “democracia” de los opresores y explotadores y se alinean con los ejércitos “demócratas” occidentales en nombre del progreso pretendiendo que el imperialismo caduco, y en un período histórico reaccionario, se encargará de extender las libertades políticas y los derechos sociales.
Pero la evidencia dice lo contrario, en este caso y en los demás: los intereses de las multinacionales del petróleo y del gas para seguir expoliando las riquezas naturales de Libia bloquean el desarrollo del movimiento de las masas en una perspectiva que pueda dar satisfacción a sus reivindicaciones nacionales y sociales. Para esto no cabe apoyar una tribu ni una fracción burguesa contra otras, hace falta un partido revolucionario y una movilización independiente de los trabajadores para expropiar los grandes medios de producción. No hay tareas democráticas ni una supuesta transición democrática posible sin abordar el núcleo de la cuestión, lo contrario es difundir la ilusión de que para conseguir la democracia sólo hay que sustituir al tirano… por una fracción burguesa que se titule democrática.

¡Alto a la intervención imperialista en Libia! Retirada inmediata de las tropas españolas

26-05-11

Toni