NO ES GRECIA LA QUE ESTÁ EN CRISIS, ¡ES EL CAPITALISMO!

Durante el primer trimestre del año Grecia ha sido el epicentro de las movilizaciones que se han desarrollado en la Unión Europea. Los grandes medios de comunicación han calificado de desastrosa la situación del país y la han achacado a la irresponsabilidad de sus gobiernos, que habrían falsificado la contabilidad para ocultar el monstruoso agujero negro del déficit fiscal. Independientemente de si es verdad o no, que el anterior gobierno griego consiguiera engañar a todos los gobiernos y agencias de inteligencia del mundo, lo que la crisis griega pone al descubierto es la situación catastrófica que vive el capitalismo internacional. Los planes contra las condiciones de vida a los trabajadores se van a acentuar en el próximo período. La respuesta de la juventud y la clase obrera griega es un ejemplo que no debe caer en saco roto.
LA CRISIS DE LA UNIÓN EUROPEA DEL CAPITAL.
La UE atraviesa una profunda crisis fiscal y financiera que ha provocado movilizaciones en todo el continente. La caída industrial en Italia ha venido acompañada de manifestaciones, huelgas y ocupaciones de fábricas. El gobierno francés, que prepara un plan para recortar las pensiones y retrasar la edad de jubilación, ha chocado con manifestaciones y huelgas, además de sufrir una aparatosa derrota en las elecciones regionales. En el estado español, el proyecto de de recortar el gasto público, congelar los salarios de los funcionarios y aumentar la edad de jubilación, obligó a las burocracias sindicales, pese a su alianza con el gobierno, a realizar manifestaciones en las principales ciudades del país, para no perder su menguada autoridad entre los trabajadores. Los conflictos han llegado a Portugal, Finlandia, Alemania y Gran Bretaña. Grecia, el eslabón más débil de la Europa del capital, es donde en estos momentos los ataques tienen una mayor gravedad, y por consiguiente, donde la respuesta ha sido más firme.
La burguesía sopesa la forma de derrotar a los trabajadores, imponiéndoles un fuerte retroceso de sus conquistas históricas. Para conseguirlo lo hace a través de los mecanismos de la democracia burguesa, y en muchos casos, allí donde los hay, de los gobiernos “socialistas”.
La UE está dividida. Mientras Alemania era reticente a apoyar un plan de rescate, Sarkozy declaró que así la Unión no tenía sentido. Alemania no está en condiciones para ser el motor de nadie. Este año llegará a los 4 millones de parados, mientras crece la pobreza y la desigualdad social. Se habla de recortar los subsidios de desempleo. En lo que sí se pusieron de acuerdo fue en acordar un durísimo plan de ajuste contra los trabajadores y las clases populares, para evitar que Grecia caiga en la suspensión de pagos, que provocaría una reacción en cadena y la caída libre del euro. Aunque Grecia tenga poco peso en la economía europea, su deuda pública se encuentra en manos de los bancos franceses y alemanes, que están fuertemente endeudados y carecen de margen para una reestructuración de la misma.
El problema más grave no es el déficit fiscal, sino la situación de los bancos acreedores, que han utilizado la ayuda de los gobiernos para especular con la deuda pública griega y de otros países a corto plazo, esperando recuperarse de las pérdidas que les ocasionó el estallido de la burbuja inmobiliaria.
La crisis ha puesto en marcha una operación especulativa que apuesta por la suspensión de pagos en países en peor situación y por primera vez por la devaluación del euro. La especulación capitalista contra el capitalismo derriba el mito del intervencionismo estatal y pone al descubierto que no hay salida posible de la crisis dentro del sistema, que no suponga la quiebra de una parte de los mismos capitalistas y la destrucción de fuerzas productivas, con el consiguiente aumento del paro y la miseria. El recorte de los derechos de los trabajadores es la única forma para incrementar la plusvalía, porque eso permitirá aumentar su explotación, y a través de una nueva concentración de capitales a nivel internacional.
La ayuda prometida a Grecia exige como contrapartida un ataque brutal a las condiciones de vida de la población, además de nuevas privatizaciones. Un plan que si consigue imponerse provocará una todavía mayor recesión. Grecia está condenada a la suspensión de pagos y cuando lo haga, el rescate irá destinado no a reincentivar la degradada economía, sino a ayudar a los acreedores. Grecia incluso puede ser expulsada de la zona euro (eso le permitiría devaluar su moneda nacional y recuperar competitividad, a costa de disparar la pobreza de forma generalizada), pero eso implicaría el peligro de que el euro perdiera todavía más su credibilidad internacional. Este es el futuro que aguarda a los países que, como el estado español, están en la cuerda floja.
GRECIA. EL ESLABÓN MÁS DÉBIL DE LA EUROPA DEL CAPITAL.
Las cadenas se rompen siempre por los eslabones más débiles. Oficialmente el paro es del 12% entre los trabajadores, el 25% entre las mujeres y el 40% entre los jóvenes. Este año el desempleo sobrepasará el 19% de la población. En algunas ciudades como Drama, Xanthi y Kavala el empleo precario alcanza el 40%. También las llamadas clases medias han sido golpeadas por la crisis y han visto recortarse su poder adquisitivo, mientras la situación agraria es catastrófica, el 60% de los campesinos corren el riesgo de quebrar.
Grecia tiene una deuda pública que llega a los 300.000 millones de euros, el 113% del PIB. El déficit fiscal (la diferencia entre los ingresos y los gastos) supera los 30.000 millones. La caída de los ingresos, provocada por la crisis capitalista ha llevado al país a la suspensión de pagos. Este año necesita 52.000 millones de euros para refinanciarse. Sólo el pago de los 3.000 millones que corresponden a los intereses de la deuda, equivale al 15% de los ingresos fiscales
El estado capitalista griego, gobernado por los “socialistas” del PASOK, es el encargado de imponer el plan de recortes que exige la Europa del capital. El primer paquete de medidas se marcó como objetivo la reducción de 4 puntos del déficit. El segundo, acordado el 3 de marzo, otros dos. El parlamento aprobó la supresión de las dos pagas extraordinarias que perciben los funcionarios, el congelamiento de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, el incremento del precio de los combustibles y la subida del IVA. Estas medidas no serán las últimas. En breve habrá una nueva reforma impositiva y un nuevo proyecto de jubilación que endurecerá las condiciones de acceso. También se recortarán 700 millones de las inversiones públicas. Más adelante se esperan nuevas medidas. De esta manera Papandreu pretende arrancar 4.800 millones de euros de los bolsillos de la población trabajadora y reducir el déficit a un nivel que permita seguir pagando a los vampiros de la banca internacional.
El gobierno tiene dos medidas para paliar la crisis. Guante de hierro para los trabajadores y guante blanco para los especuladores, para que continúen con sus negocios. Papandreu facilitará la repatriación de capitales (en un mes, los capitalistas griegos se llevaron 9.000 millones de euros del país), eliminando la obligación de declarar su origen y reduciendo la mitad el impuesto de los depósitos bancarios. Ironía, Papandreu, de “izquierdas” y Berlusconi, de “derechas” se dan la mano aplicando la misma política. Las dos caras del capitalismo.
LA RESPUESTA DE LOS TRABAJADORES.
Cuando Papandreu presentó el paquete de medidas declaró que Grecia se encontraba en “estado de guerra”. El contenido del plan revelaba que la guerra era contra los trabajadores, porque la supervivencia del capitalismo exige que sean ellos los que paguen la crisis.
La burocracia sindical actuó desde el primer momento como un obstáculo contra las protestas, intentando neutralizar las movilizaciones, dividiendo la lucha y reclamando un reparto más “equitativo” de los sacrificios. La huelga de los funcionarios fue convocada el 10 de febrero, el paro general se dejó para dos semanas después. Hasta principios de marzo las protestas estuvieron controladas, pero las medidas del gobierno elevaron la temperatura política. Tres huelgas generales y un sin fin de movilizaciones, reflejaron la creciente ira de los trabajadores.
El 5 de marzo, el mismo día en el que se votaban las medidas (apoyadas por el PASOK y la extrema derecha LAOS), estalló una nueva huelga. El Parlamento quedó sitiado por la movilización, que acusó de vendidos a los parlamentarios “socialistas”. La policía, famosa por su brutalidad, intentó romper el asedio popular atacando a los manifestantes.
El 11 de marzo la Confederación General del Trabajo (GSEE) y la Federación Nacional de Empleados Públicos (ADEDY) declararon una nueva huelga general, apoyada por el PAME (sindicato dirigido por el PC (KKE)). Los colegios, los hospitales, las oficinas públicas y los bancos cerraron. El país entero quedó incomunicado, la radio, la televisión y la prensa quedaron paralizadas por el sindicato de periodistas (POESY). Los comercios que ahogados por la crisis intentaron abrir, fueron obligados a cerrar por los piquetes. Los transportes, trenes, aviones, autobuses y los barcos que comunican a las islas, todo quedó paralizado. Todo menos una de las líneas de metro de Atenas, que se mantuvo abierta para facilitar el traslado de los huelguistas a la manifestación que se desarrollaba en el centro de la capital.
Una manifestación de 70.000 personas recorrió la capital, entre el museo nacional y la universidad politécnica, hasta la plaza Syntagma, sede del parlamento. El PAME, los sindicatos independientes y la izquierda se concentraron en la plaza Osmonia . La policía hizo de nuevo su aparición atacando a las organizaciones más combativas. En las principales ciudades del país, Thesalónica, Patrás, Volos..., incluidas las islas, hubo manifestaciones. Pese al rechazo generalizado, Papandreu se negó a dimitir, o a retirar las medidas, aunque éstas fueran en contra de la voluntad popular, revelando que a pesar de haber sido elegido en las urnas, lo que los partidos del sistema defienden son los intereses del gran capital.
¿Y AHORA QUÉ?
Pese a la masividad y la radicalización de las movilizaciones, la movilización todavía está en sus inicios. La lucha de los trabajadores todavía no ha dado el salto en la conciencia que le permita cuestionarse el dominio del capital. La burocracia sindical que se vió obligada por la presión popular a convocar las tres huelgas generales, conspira para que todo vuelva a la normalidad con el menor desgaste posible para el gobierno. Siguen exigiendo “un reparto equitativo de los sacrificios”. Pero la supervivencia del capitalismo no acepta medias tintas, no hay equidad posible. El salto cualitativo de la conciencia de los trabajadores es una necesidad que va a crecer, en la medida en que cobren fuerza los ataques contra sus condiciones de vida. La juventud trabajadora y popular debe de encabezar el proyecto revolucionario que unifique las luchas y ayude a superar la crosta de desmoralizados, oportunistas y “reformistas” que bajo la máscara “socialista” sirven a los intereses del capital.
Grecia, el eslabón más débil de la Europa del capital, ha entrado en un prolongado período de convulsiones sociales que se va a agravar, impulsada por la bancarrota capitalista mundial. La burguesía internacional teme el contagio de otros eslabones de la cadena. “Lo que será crucial en los próximos años, no es la simple amplitud de la deuda, sino saber si los gobiernos están en posición de encontrar un medio eficaz de reducirla… sin provocar una inestabilidad política o una verdadera revolución” (Financial Time). Esta tendencia irrefrenable y el ejemplo de la clase obrera griega son las enseñanzas que hay que aprender.
Enric

POSDATA. LOS BOMBEROS SE HAN CONVERTIDO EN INCENDIARIOS.
El contagio de la crisis griega a otros países de la Unión Europea pone al descubierto que lo que está en una crisis sin precedentes es el mismo sistema capitalista. Bruselas ha lanzado un nuevo plan de rescate por un monto de 750.000 millones de euros, que refleja la previsión de que la mayor parte de los países miembros siguen los pasos de Grecia, y se encaminan hacia la bancarrota. La política europea se asemeja cada vez más a la del corralito argentino de 2001. Los eurócratas del gran capital han roto uno de sus tabúes, han puesto en marcha la máquina para hacer dinero, en un intento desesperado de evitar la catástrofe, pero lo único que han hecho en realidad, en el mejor de los casos, es aplazarla. Ese dinero, destinado a salvar a los grandes bancos, lo acabarán pagando los trabajadores y las clases populares a través del incremento de los impuestos y la inflación que provocará la entrada de ese dinero en circulación. No se han planteado reestructurar la deuda pública de estos países, porque los bancos acreedores no están en condiciones de poder soportarla.
Desde que se escribió este artículo la situación no ha hecho más que empeorar. Después de anunciar una y otra vez que no iban a haber recortes sociales, gobierno de Zapatero ha lanzado una serie de medidas contra los pensionistas y los funcionarios, que caerán en cascada sobre la totalidad de los trabajadores y las clases populares. Lo particular de la situación es que las políticas de recorte del gasto público anunciadas, exigidas por el gran capital a través de los “mercados”, es que lejos de atenuar la crisis, no harán otra cosa que agravarla. El recorte del gasto público en toda la UE repercutirá en la caída del consumo y por consiguiente destruirá los supuestos brotes verdes que, según decían los charlatanes de feria de la economía, estaban surgiendo. Los bomberos de la UE y el FMI se han convertido en incendiarios.