Porque apoyamos a la CUP de Barcelona UNA APUESTA POR LA REORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO OBRERO Y POPULAR

Las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán el próximo 22 de mayo reflejan la inexistencia de una alternativa de los trabajadores y de las clases populares en el conjunto del estado español. Salvo algunos pequeños grupos marginales, lo que ofrecen la casi totalidad de las candidaturas que se presentan es más de lo mismo: la subordinación política a los planes del gran capital. Izquierda Unida, que pretende presentarse como la referencia, para los desencantados con el PSOE, no está dispuesta a ser algo más que el ala izquierda del sistema. Sin embargo algo parece estar cambiando en algunos sectores de jóvenes y trabajadores que expresa la necesidad de encontrar una respuesta frente a la ofensiva de los capitalistas. Diferentes proyectos a nivel local, han empezado a aparecer por toda la geografía del estado, que marcan el principio de un cambio de tendencia. Frente a los salvajes ataques del capital (de los mercados, como les gusta decir a algunos), cada vez hay más gente que se plantea la necesidad unirse para defenderse. Tarde o temprano estas experiencias se convertirán en el cauce por donde se organizarán las nuevas luchas.
LAS ELECCIONES MUNICIPALES: UNA OPORTUNIDAD QUE HAY QUE APROVECHAR
Los compañeros agrupados en torno a la revista “En Defensa del marxismo” hemos decidido apoyar en estas elecciones a la CUP-Alternativa por Barcelona. Somos conscientes de las diferencias políticas que tenemos con su programa. Sin embargo valoramos positivamente que, pese a sus limitaciones, las Candidaturas de Unidad Popular constituyen un movimiento en torno al cual han empezado a reagruparse los sectores de la izquierda combativa y anticapitalista en Catalunya. Creemos que es un paso positivo y prometedor que en esta ocasión la mayor parte de las fuerzas del movimiento anticapitalista se presenten unidas frente a los que apuestan por el capitalismo, con todos sus matices.
La apuesta por la CUP-Alternativa por Barcelona es solo el primer paso. Las elecciones son sólo un medio para potenciar nuestro proyecto. Con independencia de los resultados electorales, la unidad abre el camino para ir más lejos: la reorganización de los trabajadores y las clases populares. Las CUP y el movimiento anticapitalista deben apostar por el día después: por la constitución de asambleas en los barrios, en los pueblos y en las empresas. Crear los cauces donde podamos discutir, desde nuestros problemas cotidianos, hasta la política económica y social a nivel estatal. No creemos en la democracia del capital, y estamos convencidos de que la emancipación de los trabajadores no pasa por la reforma del sistema. Para poder crear una alternativa al capitalismo es necesario empezar a construir sus cimientos: la democracia participativa y asamblearia: los cauces y los mecanismos de control obrero y popular sobre sus representantes.
La confusión política es enorme. Décadas de retroceso del movimiento han generado una gran confusión y la pérdida de la conciencia de clase. Hay que recuperar el terreno perdido, sino queremos ver como las viejas conquistas del movimiento obrero desaparecen para no volver. El programa electoral de las CUP, como no podía ser de otra forma, refleja esta situación, pero sólo podremos avanzar y madurar, a través del debate fraternal y sin concesiones entre todos nosotros.
UN MOVIMIENTO POLITICO QUE SUMA ACTIVISTAS SOCIALES Y REIVINDICACIONES VARIAS:
NECESITA DEBATE, CLARIFICACIÓN DE OBJETIVOS Y DELIMITACION DE LINEAS
La CUP-AB aparece como acuerdo de distintas fuerzas presentes en el independentismo radical, el anticapitalismo y los movimientos sociales, organizándose territorial y asambleariamente, siguiendo criterios de democracia directa y participativa desde la base. Que esto es así se ve en la multitud de propuestas de todo tipo y calado, aunque no esté claro el criterio de selección ni la coherencia global de estas propuestas, la mayoría de tipo táctico y de alcance limitado –propias de un programa mínimo, hecho para demostrar que se puede gobernar de otra manera-, No es necesario entrar en el extenso listado de propuestas locales y municipales de todo tipo, van desde la democratización del funcionamiento municipal hasta aligerar los trámites para las fiestas.
Se intuye que el Estado español, sus instituciones y el sistema de dominación capitalista son antitéticos con los proyectos de la CUP, pero las propuestas al respecto son parciales y declarativas y más bien poco concretas: “CUP es una organización socialista que pretende transformar la sociedad”. Se habla de alcanzar una “sociedad post-capitalista más democrática, igualitaria i fraternal”, sin llamarlo socialismo ni decir cómo alcanzarlo. Como definición más avanzada del objetivo dice que es “una economía basada en la propiedad colectiva y bajo control de los trabajadores que anteponga el bien común al beneficio privado”.
Dentro del programa viven al menos dos líneas y varias velocidades (una que responde a los principios clásicos del independentismo de izquierda y otra que incorpora elementos tácticos e influencias de otros movimientos para llenar un plan de reformas y regeneración política. Así se habla de un “paradigma económico inspirado en el cooperativismo” y de “políticas integradas de carácter socioeconómico que comporten la regulación y el control de la economía financiera” (es decir, dentro del capitalismo, lo que es imposible, porque no se puede reformar ni regular, aunque lo digan todos los días los burgueses, pero la frase no puede tener otro sentido porque no se conoce “economía financiera” sino dentro del sistema capitalista).
Siguen el razonamiento cuestionando el “crecimiento eje prioritario” (de la economía) y proponiendo una “economía social y solidaria”, hecha de “democratización de la economía” y de “procesos positivos de transformación” y además “concretados desde el propio comportamiento personal”. Como proyecto de transición todo esto es una utopía casi lírica, que une la buena voluntad, el esfuerzo individual y cierta dosis de ingenuidad planteándose “fomentar la corresponsabilidad entre el Gobierno y los sectores de la economía social y solidaria”. Una vez más faltaría saber qué tipo de gobierno puede hacer eso al margen de las leyes del sistema, de la competencia despiadada, de la propia crisis estructural capitalista. Las experiencias de economía social –empresas en manos de los trabajadores, cooperativas de pequeños productores- son elementos de resistencia pero no pueden servir de modelo general ni cambiar gradualmente el sistema capitalista. Lo sentimos, pero no nos podremos ahorrar el esfuerzo de derribarlo.
En el terreno de la cuestión nacional, se declara que el ámbito de actuación de la CUP son los Països Catalans –territorio del dominio lingüístico de la lengua catalana- y vuelven a aparecer las dos líneas: el programa máximo que habla del “derecho a reconocimiento y ejercicio de la autodeterminación” y de la “construcción como Estado de los Països Catalans” (se entiende que será rompiendo con los estados español y francés). Y en lo concreto se cita el “derecho a la libre federación de municipios y administraciones regionales en el ámbito del conjunto de la nación catalana” además de dos propuestas, una va al “Gobierno provisional y a un proceso constituyente” con una “asamblea nacional de concejales que irá hacia la asamblea nacional de representantes de los PP.CC”. También se intenta avanzar a través de una “Red de municipios como órgano municipalista (sic) y también embrión de un órgano de poder popular catalán”. Una cosa es forzar el uso las posiciones ganadas en instituciones para señalar objetivos y denunciar los estrechos límites democráticos del Estado español que continua negando todo atisbo de soberanía a las nacionalidades, y otra es generar ilusiones de que un grupo de concejales pueda superarlos: hay que explicitar un cambio histórico, revolucionario para hacerlo posible.
Revolución y reforma gradual conviven en un texto programático complejo que contiene posiciones correctas y contundentes contra el imperialismo (disolución de la OTAN y de la Unión Europea, renuncia al papel de Barcelona en la Unión del Mediterráneo). Si bien la candidatura de la CUP-AB no está exenta de contradicciones, está por encima de cualquier otra en los contenidos que presenta y en su orientación al movimiento obrero y las luchas sociales. El carácter unitario, asambleario, construido desde las bases de este movimiento político le da más continuidad y arraigo que a las habituales combinaciones de siglas y acuerdos electorales. Más allá del 22 de Mayo, los grupos de apoyo y las organizaciones locales de la CUP han de ser una plataforma para seguir uniendo y levantando un nuevo movimiento alternativo.
Esto es el hecho diferencial y lo significativo que nos determina para decidir nuestro esfuerzo y apoyo a este proyecto, trabajando para ser a la vez exigentes con la coherencia, el debate y la calidad de las propuestas, asegurando criterios de independencia de clase, frente a la burguesía las instituciones y el Estado.
15-05-11
En Defensa del Marxismo