RECUPERAR LOS SINDICATOS. RECONSTRUIR EL MOVIMIENTO OBRERO

La huelga general del 29-S ha puesto al descubierto el nefasto papel que juegan las direcciones de CCOO y UGT. Durante décadas la burocracia sindical actuó como cortafuegos, apostando por la desmovilización y desviando cualquier brote de la lucha de clases por la vía muerta de la negociación y el cumplimiento estricto de las leyes capitalistas. Los sindicatos, subvencionados generosamente por los gobiernos de turno (del PP o del PSOE), se limitaron a desactivar los conflictos sustituyéndolos por una política de pactos, que fue recortando paulatinamente las conquistas y derechos de los trabajadores. Los sindicatos burocratizados y dependientes del estado, se transformaron en un engranaje más del sistema capitalista, destinado a mantener a los trabajadores en el redil. Como consecuencia de esta política, la proporción entre los salarios y los beneficios empresariales se modificó cada vez más a favor de éstos últimos; las pensiones se redujeron, mientras se endurecía el acceso a ellas y se implantaba en la práctica el despido libre y casi gratuito. Pero eso ahora ya no es suficiente. El capitalismo necesita más.
El derrumbe económico de 2008 tuvo como consecuencia la liquidación de cualquier margen de maniobra para la conciliación de clases. En la lucha intercapitalista por la supervivencia, la patronal española exige la liquidación de cualquier derecho de los trabajadores. Para recuperar la tasa de ganancias y la competitividad perdida, necesita aumentar el margen de explotación y reducir a los asalariados a meras comparsas de semiesclavos, de usar y tirar, según las necesidades del momento. El viejo “estado del bienestar” (pensiones, subsidio de desempleo, educación, sanidad…) tiene que ser desmantelado y reducido a un mínimo de subsistencia, todo en aras de que todo ese dinero sea transferido a sus cuentas de beneficios.
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED. LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO IMPOSIBLE.
En el cuadro de una crisis sin precedentes del capitalismo, la burocracia sindical ha visto como su intermediación pierde fuerza y razón de ser. La patronal y el gobierno exigen su bendición a los recortes sociales y que continúen siendo “responsables”, es decir, que impidan la aparición y extensión de los conflictos, que amenazan con desestabilizar el viejo orden. El problema de las cúpulas sindicales es que su credibilidad es ampliamente cuestionada por los trabajadores y que su dependencia del estado capitalista es más que evidente. La huelga general del 29-S fue un intento de lavarse la cara, frente al malestar y la indignación generalizada de los trabajadores, que les echaban en cara que, hasta el momento no hubieran hecho nada para evitar el crecimiento explosivo del paro y la precarización laboral.
Los dirigentes de CCOO y UGT son conscientes de que el triunfo de la ofensiva patronal equivale a su liquidación en la práctica, como casta privilegiada que vive de la intermediación entre los trabajadores y los empresarios. Cada recorte, cada retroceso en las conquistas de los trabajadores, los debilita más y más. Pero por otro lado, su naturaleza parasitaria de los trabajadores, y su estrecha vinculación con el estado capitalista les impide romper el cordón umbilical que les ata de pies y manos, para adoptar una línea de resistencia y movilización. No es casualidad que la única huelga general que han convocado contra los recortes sociales y laborales del gobierno de Zapatero, se llevara a cabo tres meses después de que fueran aprobados por el parlamento. Enfrentarse sí, pero sólo hasta cierto punto, lo suficiente para recuperar el prestigio perdido, pero no lo bastante para destruir los puentes de entendimiento con el gobierno. La respuesta de Zapatero no se hizo esperar: la sustitución del anterior ministro de trabajo, Corbacho, por un miembro destacado del aparato sindical de la UGT.
La reforma laboral, el abaratamiento y liberalización del despido, el cuestionamiento de los convenios, el endurecimiento de acceso y la congelación de las pensiones, el recorte de los sueldos de los funcionarios…. Una ofensiva en toda regla que carcome las bases sobre las que tradicionalmente se apoyaba el poder de la burocracia sindical. Entre la espada de la ofensiva patronal y la pared de la indignación creciente de los trabajadores, buscan el equilibrio ente las dos fuerzas que los aplasta. Piden un “reparto equitativo de los esfuerzos para salir de la crisis” y se lamentan que su antiguo compañero de cama, el gobierno de Zapatero, ahora no les haga caso y se empeñe en cumplir obedientemente todo lo que le mandan los que realmente mandan, el gran capital (o por los mercados, como pudorosamente lo califican los grandes medios de comunicación).
En un arranque de sinceridad, el secretario de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, declaró que la convocatoria de la huelga del 29-S era una gran putada. No hay duda que, para un burócrata sindical, acostumbrado a la plácida vida de años y años de negociación y conciliación con la patronal y el gobierno, volver a los enfrentamientos, a las movilizaciones y a la huelga, era una auténtica putada. Sin embargo, para los trabajadores, las putadas vienen de mucho más lejos, y se han ido repitiendo, cada vez con mayor intensidad en el último período, se ha precarizado el empleo, rebajado el monto de las pensiones, se han destruido millones de puesto de trabajo y se han recortado las indemnizaciones por despido… sin que nadie se opusiera seriamente ¡Eso sí que son putadas! Los más ingenuos e ignorantes se preguntarán cómo se ha podido llegar hasta los cinco millones de parados, y a que más de un tercio de la mano de obra activa, sea hoy en día precaria. Las condiciones que prepararon esta gran putada, se cocieron durante mucho tiempo, es decir, durante esos años de entendimiento y buenas relaciones de los sindicatos con la patronal y el gobierno de turno.
Las cúpulas de los sindicatos mayoritarios amenazan con nuevas movilizaciones si continúan los ataques al sistema público de pensiones y se rompe el pacto de Toledo, Mientras tanto insinúan que están dispuestos a flexibilizar su postura, si la patronal y el gobierno hacen lo mismo. La burocracia sindical no tiene fuerza, ni voluntad para oponerse firmemente, porque no está dispuesta a llegar hasta el final. Cambiar su naturaleza conciliadora por la lucha intransigente en defensa de los trabajadores no entra en sus cálculos, porque sería el final de los generosos subsidios del estado. Se abrazan desesperados al mito reaccionario del equilibrio entre ambas partes (como si el capital estuviera en condiciones para conceder ese margen), esperando que un hipotético futuro fin de la crisis los salve de la quema. Pero el final de la crisis no llega, y los indicios son que de nuevo ésta va a agravarse.
RECUPERAR LOS SINDICATOS PARA LOS TRABAJADORES.
Recuperar los sindicatos para los trabajadores, sólo se puede conseguir a través de recuperar la democracia en su interior. La burocracia sindical hace tiempo que ha eliminado las asambleas decisorias y soberanas en la que los trabajadores decidían, para sustituirlas por las maniobras y el aparatismo de las camarillas. Los dirigentes temen la democracia sindical como a la peste, porque serían cuestionados por su política desmovilizadora, que tan nefastas consecuencias ha tenido entre los trabajadores.
También cabe denunciar a un importante sector de los “críticos” (especialmente en CCOO, porque en UGT no existen corrientes críticas organizadas) que no son otra cosa que sectores de la burocracia que hacen de “oposición” (muchos de ellos, fueron en su momento parte de la dirección, pero fueron desplazados de la misma), pero que son tan reacios a los métodos burocráticos como la misma dirección, y que mantienen un pulso con ésta para repartirse las cotas de poder en el seno del sindicato.
- Por una alianza intersindical de los sectores clasistas y combativos, basada en la democracia obrera y un programa de lucha, para preparar la batalla por la expulsión de la burocracia de los grandes sindicatos (CCOO y UGT), condición necesaria para recuperarlos para los trabajadores.
HACIA UN NUEVO MOVIMIENTO OBRERO
En el estado español contamos con cinco millones de parados y con más de un tercio de los trabajadores en activo, que están en condiciones de total precariedad. El índice de desempleo entre los jóvenes dobla la media general de la población trabajadora (en torno a un 40%), y los que tienen la suerte de encontrar un empleo lo hacen en condiciones durísimas, salarios de miseria, jornadas laborales extenuantes, y sin ninguna seguridad de que no vayan a ser despedidos en cualquier momento, cuando el empresario lo considere conveniente…
Los parados, los precarios y la juventud en general no están organizados, ni se sienten representados por unos sindicatos que nunca han contado con ellos. Su hostilidad en muchos casos es manifiesta. Son los sectores de la clase trabajadora más golpeados por la crisis. El capitalismo los condena a formar parte de su ejército de reserva, prestos a aceptar cualquier clase de trabajo, en las peores condiciones y con salarios de hambre. Su dinámica inestable, la de dedicar todos sus esfuerzos a encontrar trabajo lo más rápidamente posible, limita su capacidad para organizarse y defender sus derechos. Y sin embargo constituyen el sector de la clase trabajadora más proclive para entender que no tienen nada que perder, y que con más facilidad estaría dispuesto a movilizarse.
La futura organización anticapitalista tiene que tomar para sí, la tarea de promover la organización de todos los sectores marginados por las centrales sindicales burocratizadas, porque ellos son uno de los ejes sobre los que se reconstruirá el movimiento obrero.
- Por la organización de los parados, precarios y jóvenes que acceden por primera vez al mercado laboral. Por la creación de asambleas democráticas y soberanas, en todo el estado español que se coordinen entre sí.
Juntos, podemos romper la columna vertebral de la ofensiva empresarial. Juntos en la lucha podemos recuperar nuestro futuro.
Barcelona, 31 de octubre de 2010
César Díaz León