TEJER CON OTROS MIMBRES

RESPUESTA A LAS: “NOTAS PARA UNA ESTRATEGIA DE CONSTRUCCIÓN DEL FRENTE DE IZQUIERDAS”

Hace semanas llegó a nuestras manos un documento en el que se proponen diez puntos para la construcción de un frente de izquierdas. Los autores hacen una llamada a la izquierda antineoliberal para sumarse a su propuesta. Dicho con todo respetos constituye la enésima recombinación del proyecto de Izquierda Unida (o de un sector de ésta) para superar a un PSOE desgastado, sin ideas y en plena decadencia. Sin ningún ánimo sectario lo único que podemos decirles es que su proyecto, no es el nuestro. Hablan de nuevos espacios, pero tejen con los mimbres de siempre. Eso no quita que en momentos determinados, no podamos sumar esfuerzos en la lucha contra la ofensiva del capital, o en la defensa de las conquistas de los trabajadores y las clases populares.

Los autores hablan de un nuevo espacio político, amplio y unitario, al margen del “neoliberalismo”.. Si la única delimitación que se exige es el “antineoliberalismo” (palabra que se repite en todo el documento), no hacían falta tantas alforjas, para tan corto viaje. Para eso ya existe Izquierda Unida. Sin embargo la causa de la nueva recombinación se nos rebela en el punto 5, cuando se menciona que “Izquierda Unida no tiene capacidad de cubrir todo ese espacio”. ¡Ah! Se trataba de eso...

El objetivo es agrupar los “espacios antineoliberales”, incluido “el mundo del trabajo”, para que se pueda avanzar hacia “otro modelo social, político y económico”. Del texto se desprende que cuando se habla de los “espacios antineoliberales” no se habla de la autoorganización de la juventud, los trabajadores y las clases populares, sino de los colectivos, partidos y organizaciones que se sumen a la nueva Izquierda Unida ampliada. Por la misma razón, cuando hablan del “mundo del trabajo”, en realidad están hablando del problema que se les presenta, integrar a la burocracia de los sindicatos mayoritarios en su proyecto.

La cansina repetición del término “antineoliberal” no es casual. En realidad refleja en negativo el objetivo: la reconstrucción de la vieja socialdemocracia, en un momento en el que está al descubierto el agotamiento de un PSOE, que en su momento abrazó con entusiasmo el “neoliberalismo”, y que ahora se encuentra desbaratado y en completa decandencia (pierde apoyos, incluso estando en la oposición).

Hay dos razones por las que rechazamos su proyecto: La reconstrucción de la socialdemocracia es un mito reaccionario que hay que combatir sin vacilación. No es posible reconstruirla, de la misma forma que es imposible volver a un capitalismo que no sea el “neoliberal”. Pero es que aún en el supuesto de que fuera posible, seguiríamos oponiéndonos con todas nuestras fuerzas, por la razón de que no somos socialdemócratas, y nunca hemos creído en las excelencias de ésta, por mucho que durante décadas lo hayan pregonado todos los voceros del capitalismo internacional.

La socialdemocracia creció y se transformó en la dirección política de los trabajadores europeos, después de la II Guerra Mundial, en una época en la que el capitalismo podía permitirse el lujo de destinar una parte de sus beneficios en aras a un pacto social que evitara la acentuación de la lucha de clases. Las mejoras salariales, la reducción de la jornada laboral, la seguridad social, el sistema pública de las pensiones, a educación pública y gratuita generalizada, fueron conquistas que consagraron a la socialdemocracia como una fuerza política indiscutible, que además aceptaba y respetaba las reglas de juego del capitalismo. En colaboración con una burocracia sindical reformista (socialdemócrata o perteneciente a los viejos partidos comunistas ya domesticados) consiguieron crear la imagen de un capitalismo europeo humanizado, contrapuesto a una URSS y unos países del este europeo incapaces de ofrecer nada que se le pareciera a sus clases trabajadoras.

La situación ha cambiado. El derrumbe del capitalismo ha quebrado las reglas de juego. El pacto social ha muerto. La fuerte caída de la tasas de beneficios y la saturación de los mercados ha llevado a los capitalistas a una ofensiva para recuperar la parte de los beneficios que aguantaba la llamada “sociedad del bienestar”. Su supervivencia exige acabar con os derechos y las conquistas que los trabajadores y las clases populares creían aseguradas para siempre. No hay espacio para el reformismo. El viejo capitalismo se ha vuelto “neoliberal” porque para sobrevivir no puede ser de otra manera. Esto explica que la vieja socialdemocracia en bloque haya abandonado para siempre sus viejas banderas. Las diferencias reales entre los partidos del sistema, de derecha o de izquierdas son tan solo de ritmos y de circunstancias. Alentar el mito de la vuelta a un capitalismo con rostro humano es una tarea abominable que debe de ser denunciada. El único antineoliberalismo consecuente es el anticapitalismo clasista y revolucionario.

Otra reflexión importante. Remarcan los límites de Izquierda Unida en un momento en el que, según las encuestas, la expectativa es de un fuerte crecimiento en la intención de voto. La confesión es importante porque los autores del texto no se llaman a engaño. Saben que el auge es coyuntural. Izquierda Unida no entusiasma, ni siquiera a sus propios militantes. El fuerte desgaste electoral del PSOE y la falta de otras alternativas por la izquierda que pueden capitalizarlo, hacen que muchos antiguos votantes socialistas se planteen el voto a IU, como una forma de resistencia. Los pies son de barro. IU sufre una fuerte crisis que puede llevarla a situaciones explosivas. Sus bases están divididas y enfrentadas. Son muchos los que no ven con buenos ojos el papel de palancaneros del PSOE que se han asignado, y que los ha llevado a ser cómplices directos de los recortes sociales y los ataques contra las condiciones de trabajo de los funcionarios en Andalucía. Las movilizaciones del SAT dirigidas por el alcalde de Marinaleda no sólo no le limpian la cara a los colaboracionistas en el gobierno andaluz, sino que marcan una tendencia al enfrentamiento futuro entre los dos sectores de la coalición (como en Extremadura). IU no tiene capacidad política para crecer y estabilizar lo conseguido. Por eso hay quien busca recombinar las fichas buscando la cuadratura del círculo. Como las posibilidades son limitadas, no se parte de un análisis riguroso de la situación que rebele el camino a seguir, sino que el proyecto se limita a disfrazarse de lo que está de moda: que si el Front de Gauche francés, que si el Syriza griego. Lamentablemente las cosas no funcionan así y los métodos empíricos están destinados a estrellarse a la primera de cambio.

El punto 6 refleja una de las principales aspiraciones de los autores: “Crear un espacio socialista antineoliberal”. Pretenden capitalizar una hipotética futura desbandada en las filas del PSOE. El nuevo espacio permitiría reagrupar a los transfugas que no están dispuestos a integrarse en IU, y convertiría al “frente de izquierdas” en un nuevo referente para los desencantados. Pero como tan solo se aspira a resucitar el descompuesto cadáver de la socialdemocracia, como si del monstruo de Frankenstein se tratara, se plantean crear un nuevo modelo, a partir de los pedazos de lo viejo. ¿Un nuevo PASOC?. Si utilizamos los métodos de siempre que han fracasado, estamos condenados a volver de nuevo al punto de partida. Aunque digan lo contrario, el texto transpira electoralismo. Su aspiración es tener la mayoría en las instituciones del sistema. Sin embargo y hasta ahora, las mayorías institucionales, nunca han transformado la sociedad. Por el contrario, éstas siempre han acabado al servicio del viejo orden con el que prometían acabar

El espacio “antineoliberal” (no anticapitalista) tiene dos vertientes, una “por arriba” y otra “por abajo” (un bloque electoral al estilo de Le Front de Gauche francés, o del Syritza griego). La primera, una coalición de partidos y organizaciones. La segunda, un conjunto de organizaciones sociales de base... que apoye a los “de arriba”, es decir, un amplio movimiento social subordinado a una dirección política que es, en última instancia quien decidirá. El texto deja muy claro: no hay que dejar nada al azar. Homogeneizar el discurso, desarrollar las formas de funcionamiento (¿repartirse el poder?) y ¡cómo no! Integrar a los “grandes nombres” (sic). Para eso proponen un grupo de “reflexión” que empiece a trabajar, integrado por personas con buenos contactos (¿qué representen a todas las organizaciones dispuestas a integrarse?). Todo atado y bien atado, a “los de abajo” sólo les resta obedecer.

Queremos dejar claro que no estamos, por principio, ni a favor ni en contra de la participación en las elecciones. Pero no somos electoralistas. Lo que para unos parece ser un fin en si mismo, para nosotros no deja de ser un medio, y no necesariamente el más importante. Un medio para propagar nuestras ideas, fortalecer el movimiento socialista y anticapitalista y llegar a todos los rincones donde no hemos podido llegar. Nuestro objetivo es la creación de un poderoso tejido social, solidario y combativo, construido desde y por los “de abajo” (los trabajadores y las clases populares), que a través de la experiencia, se vaya transformando en la piedra maestra sobre la que se edifique la futura sociedad socialista. No somos anarquistas y por tanto también creemos que es necesario trabajar “por arriba”, pero no porque pretendamos convertirnos en la dirección natural del movimiento (no somos los guardianes de ninguna verdad rebelada), sino para unir esfuerzos con otras corrientes clasistas y revolucionarias, que ayude a acelerar el proceso de toma de conciencia y la autoorganización de los trabajadores.

Finalmente queremos hacer una reflexión sobre el punto 10, en el que los autores tratan la cuestión nacional. Sin Catalunya, Euskadi y Galicia, el proyecto corre el peligro de acabar en aborto. Reconocen que pueden llegar a acuerdos con el nacionalismo federalista (IC, Compromís...), pero ponen un punto y aparte con “el independentismo de izquierdas”, porque pretende “un estado propio”. Antes de nacer,el proyecto viene ya aquejado del más rancio nacionalismo españolista. No importa la lengua, ni la identidad (es decir, la conciencia), ni el “ambíguo” (sic) concepto de “autodeterminación” sugieran lo contrario. Es decir, no importa que los gallegos, los vascos, o los catalanes exijan su derecho a decidir. El derecho de los pueblos a elegir su destino no es ambiguo, ni lo puede ser su defensa. O se está a favor, o se está en contra. La ambigüedad sólo está en la mente y las intenciones de los autores. No somos independentistas, pero estamos convencidos de que un pueblo que oprime a otros pueblos, no puede ser libre. También estamos convencidos de que la futura sociedad socialista exigirá el respeto más estricto a la voluntad democrática de los pueblos. No estamos por una España grande y libre, sino por la libre unión de los pueblos del estado español, y de la península ibérica ¿y porqué no? del mundo, y ésto sólo es posible aceptando que los pueblos deben poder decidir sus destinos, aunque no sean los que nosotros defendemos. Para enfrentarse al “independentismo de izquierdas” no dudan en recurrir al falso federalismo (sin el derecho a decidir no es más que una tontería destinada a los que quieren dejarse engañar), el plurilingüismo y el contenido redistributivo de la solidaridad entre las nacionalidades (otra majadería, porque no es posible una redistribución solidaria entre los pueblos, cuando están sometidos a los intereses de los capitalistas, o ¿es que acaso sus compañeros en Catalunya no están, junto a CiU por el pacto fiscal?). No somos independentistas porque creemos de que la emancipación de la humanidad no pasa por la creación de nuevas fronteras, pero somos conscientes de que para conseguir el objetivo final, es necesaria la defensa más estricta de los derechos democráticos de los pueblos. Nuestro proyecto no es “antitético” con el “independentismo de izquierdas” siempre y cuando defienda los intereses de los trabajadores y las clases populares. Siempre y cuando se cumpla este requisito seremos sus más fieles aliados en el seno del anticapitalismo clasista y revolucionario.

Barcelona, 23 de agosto de 2012-
TONI I ENRIC