¡Todos estamos obsoletos!

Hace unos días tomando un café con un amigo informático, me hablaba, preocupado, del miedo a perder su trabajo. Tiene cerca de 50 años y sus jefes están sopesando la posibilidad de contratar a alguien más joven y mejor preparado. Durante años estudió programación, convencido de que era la profesión del futuro. Año tras año se entregó con entusiasmo a su trabajo. Pese a ello, el poder adquisitivo de su salario no ha hecho más que bajar. Y ahora… sus jefes están pensando en prescindir de sus servicios.
Su drama no es insólito. Ni mucho menos. Millones de trabajadores viven situaciones parecidas. En estos tiempos de crisis en los que sobra gente para todo, y hay largas colas de desesperados, dispuestos a venderse por un plato de lentejas (por lo menos pueden comer), todos estamos obsoletos. Dicen que la nueva generación que llega al mercado de trabajo es la mejor preparada de la historia, y sin embargo la mayor parte está condenada al mileurismo… con suerte. Los trabajadores que tenemos algunos años más, vemos peligrar nuestra estabilidad porque el kilo de carne de trabajador se cotiza cada días más barata. Y claro, no podemos competir con los que vienen detrás, ni en salario, ni en formación. Ellos han podido aprender técnicas punta a las que nosotros no podemos acceder, porque mientras ellos estudiaban, estábamos trabajando… para poder costearles los estudios. Con esta reflexión no pretendo enfrentarme a los más jóvenes, ni negarles un futuro que se merecen. Ellos no son los culpables.
Los responsables de este drama humano son los capitalistas, los mismos que durante estos años engordaron sus cuentas corrientes a expensas nuestras, y que ahora exigen subsidios y reformas para “flexibilizar” el mercado de trabajo. A pesar de que nuestros sueldos apenas nos dan para ir tirando, dicen que somos unos privilegiados (todavía ganamos demasiado) y que no estamos preparados para afrontar la competencia. ¡Qué geta! Ellos, que no se gastaron un euro en actualizar nuestra formación, ahora quieren echarnos con indemnizaciones ridículas, para poner en nuestro lugar a otros, más baratos. Dos por el precio de uno. Pronto habrá que sustituir la oficina de empleo por un “Todo a cien”.
Lástima que todavía estemos aborregados. Lástima que todavía impere la cultura de los esclavos. Lástima que todavía veamos en los demás que están peor que nosotros, a nuestros adversarios, ya sean jóvenes o inmigrantes. Pero todo tiene un límite. ¿No serán ellos los obsoletos?.
Barcelona, 17 de febrero de 2009
SEGIS