Un giro en la situacion politica de Oriente Medio (publicado en EDM nº 78)

Líbano e Israel tras los desastres de la guerra...
La agresión militar sionista al Líbano del pasado Agosto marca un punto de inflexión en los planes del imperialismo norteamericano de imponer su ‘nuevo orden’ en Oriente Medio. La resistencia libanesa y palestina no han podido ser derrotadas a pesar de la brutalidad de los ataques y el castigo colectivo sobre la población civil. Las enormes destrucciones y cuantiosas pérdidas humanas no han conseguido desarmar a Hezbollah, ni siquiera obligarle a soltar a los soldados capturados en Julio –que fueron el pretexto de la guerra-.
La crisis política se abre paso en el gobierno libanés de Siniora, un peón del imperialismo francés, cuyo gobierno se tambalea bajo la presión de las manifestaciones de masas para que dimita, después de haber mostrado su posición pro-imperialista, negándose a defender el país con el ejército regular y acordando con el enemigo el desarme de la guerrilla y la ocupación del sur del Líbano por la FINUL (en la que, por cierto, el gobierno español se apresuró a participar con tropas, cuya retirada hay que seguir exigiendo con toda decisión).
Basta con fijarse en la reciente ‘Conferencia de donantes’ patrocinada por Chirac, en sus participantes imperialistas y pro-sionistas, en su contenido político y en el papel lacayuno de Fouad Siniora. Mientras, las masas libanesas hacen una activa huelga general convocada por Hezbollah, Amal, PCL, etc. para derribar al gobierno que subyuga Líbano bajo el peso de una ingente deuda externa, las recetas del FMI y compromete la independencia nacional. Líbano se ha paralizado, produciéndose incluso enfrentamientos y muertos en las zonas de mayoría cristiana, apenas contenidos por el ejército desplegado en las calles. La oposición exige la caida del gobierno pro imperialista y unas elecciones anticipadas, además de la retirada del paquete económico que desde principio de año que privatiza los servicios públicos como el teléfono y la energía, sube los impuestos al consumo, la gasolina, etc. y establece un fuerte recorte del gasto público para trasladar a la población el coste de sostener un estado en quiebra y cuya deuda externa equivale al 80% del PIB.
Los estados de la Conferencia de donantes, en línea con la espúrea resolución 1701 de la ONU quieren reducir a Hezbollah a la condición de un partido desarmado y ‘normalizado’ es decir avasallado o sometido al imperialismo como los demás grupos de la burguesía libanesa –tras la agresión sionista, el chantaje económico y por parte de los mismos actores que ya lo han estado imponiendo en Palestina-.
Hay que recordar que hace un año la situación era sustancialmente diferente cuando tras el atentado a Rafik Hariri –otro burgués con apoyo imperialista- el ejército sirio evacuó el territorio libanés, de modo que el Tsahal (ejército israelí) pudo lanzar su plan de reocupación dels sur del Líbano- del que salió hace seis años después de permanecer casi veinte-, lo que creyó que resultaría un paseo militar. Ni siquiera eso consiguió completamente. La relativa derrota militar israelí conduce directamente a una crisis política en la entidad sionista: se demuestra que su poderoso ejército, con su sofisticado armamento y el apoyo directo del imperialismo más fuerte son impotentes para cubrir sus objetivos. Se ponen en evidencia ante las masas árabes de Oriente Medio y el Magreb, los planes de ocupación y ‘democratización’ bajo parámetros occidentales fracasan y los regímenes corruptos se ven arrastrados. El propio gobierno israelí pierde rápidamente sus apoyos, el comandante militar Dan Halutz ha acabado dimitiendo tras las investigaciones por el fiasco militar. El sistema político israelí que ya se encontraba gravemente sacudido y dividido, justamente por los planes de ‘desconexión’ unilateral de Gaza y Cisjordania que llevaron a la ruptura del Likud y la creación del partido Kadima por parte de Sharon, sube un grado en su proceso de descomposición e ingobernabilidad. El descrédito de Olmert y su aliado ‘laborista’ Peretz es clamoroso. Kadima puede desaparecer como opción política incluso antes de que muera el comatoso Sharon. La corrupción y el déficit fiscal paralizan al ejecutivo israelí, pero aún más lo hacen sus propias contradicciones, la falta de alternativa política a la que le aboca la política de su mentor Bush.
El gobierno israelí que en su inicio se constituyó para poner en marcha su propio plan de ‘paz’, reforzando la separación entre judíos y palestinos, ha tenido que ser sostenido por el grupo ultra-racista de Avi Liberman, el cual se propone, simple y llanamente, la expulsión de los palestinos, tanto si tienen nacionalidad israelí como si carecen de ella. Crece la descomposición del sistema político israelí y avanza la ingobernabilidad con el debate sobre el balance desastroso de la guerra, cuya víctima principal es el mito de la imbatibilidad militar judía. La oposición a la guerra, la crisis económica y el hastío de la violencia sobre la que se sustenta el estado sionista hacen mella en una población confusa y dividida, que sin embargo no encuentra alternativa política y sigue mayoritariamente apegada a privilegios y prejuicios racistas contra ‘los árabes’. Obsesionados por el enemigo interior y exterior –se ven a sí mismos como 5,5 millones de judíos ‘demócratas’ rodeados por 200 millones de árabes hostiles a la ‘civilización occidental’- sin darse cuenta aún que son un pueblo ocupante y a la vez prisionero del proyecto sionista, instrumento del imperialismo como gendarme de Oriente Medio. Más de cinco décadas de ocupación y guerra no han logrado su objetivo. La población israelí está aún muy lejos de reconocer que el ‘enemigo está en su país’, en su propia burguesía sionista y pro-imperialista, y que la única salida viable y democrática consiste en derrotarla con la unidad política de los explotados y oprimidos, es decir el apoyo y la solidaridad con las masas palestinas contra la causa del conflicto: el propio Estado de Israel. Están políticamente lejos (aunque la práctica religiosa ya no es mayoritaria, el sionismo sigue siendo abrumadoramente predominante y está constantemente alimentado por la propaganda a favor de la limpieza étnica), pero las contradicciones obligan a también a las masas judías a definirse y a empezar ese camino o, de lo contrario, ser arrastrados en una espiral violenta y fascistizante. No puede existir equidistancia ni política consecuentemente democrática sin romper completamente con el sionismo y su Estado.
Palestina. La ‘hoja de ruta’ de nunca acabar
El fracasado gobierno israelí trató de compensar su forzosa retirada de Líbano y mostrar firmeza ante sus electores con una serie de criminales incursiones en Gaza y Cisjordania que han dejado más de 300 muertos sin avanzar un ápice en liquidar la resistencia palestina a los planes sionistas.
Desde las elecciones palestinas ganadas por Hamas, cuando la mayoría del pueblo palestino reafirmó su voluntad de resistencia, de no reconocer al Estado sionista, y le quitó la confianza al nido de corruptos y colaboracionistas en que se ha convertido el núcleo dirigente de Al Fatah incrustado en la ANP, se recrudece la represión. Al poco de publicitarse la ‘desconexión’ de Gaza y de la evacuación forzosa de algunas colonias en agosto de 2005, el plan quedó paralizado. Han vuelto las incursiones militares esporádicas, las reocupaciones parciales de zonas de Gaza y Cisjordania, el cierre sistemático de la frontera con Egipto, más de 500 bloqueos de carreteras que inmovilizan a la población e impiden el acceso al trabajo, el comercio y muchas veces incluso la asistencia de los servicios públicos básicos (hay enfermos graves que agonizan en la cuneta y embarazadas pariendo dentro de vehículos porque los controles militares israelíes les impiden llegar al hospital), el bloqueo absoluto durante meses de los fondos palestinos que son vitales para la economía palestina, para pagar salarios y el funcionamiento de la administración y los servicios públicos –con la complicidad de la Union Europea que tiene inscrito a Hamas en su lista particular de grupos terroristas-... La misma UE y el Consejo de Seguridad de la ONU han rechazado condenar a Israel por los bombardeos de Gaza del pasado noviembre sobre la población palestina que causaron 19 muertos.
Sin anularlo oficialmente, todos estos elementos ponían en cuestión el proyecto de la autonomía palestina limitada a Gaza y a una porción de Cisjordania separada por el muro en construcción (diseñado para judaizar completamente Jerusalén Este, consolidar las ocupaciones y reservarse nuevas tierras para ocupar, las más productivas y las que tienen recursos de agua). Esta ‘autonomía’ palestina sobre el papel es de una extensión todavía indeterminada –en todo caso menor que el 30% del territorio histórico de Palestina. Este plan no es ninguna concesión: es coherente con el viejo programa de ocupación militar, colonización paulatina, anexión final de territorios y consecución de un estado judío homogéneo, empujando a los ‘arabes’ fuera del país por todos los medios. Además de las anexiones previstas se reservan nuevos bloques de colonización, franjas de seguridad, el valle del Jordán, los acuíferos y comunicaciones y la expansión de Jerusalén hasta Maale Adumim. Se acaban de aprobar nuevos asentamientos en Cisjordania lo que contradice la ‘hoja de ruta’ de los yankis y todos los ‘planes de paz’ occidentales, que se basan en la ratificación del ‘statu quo’ presente reconocido mutuamente por ambas partes, convalidando así las ocupaciones consumadas y prohibiendo otras nuevas y la ‘justicia’ sionista ha resuelto finalmente autorizar la política de los asesinatos ‘selectivos’ de activistas palestinos, que suelen acabar además con la vida de familiares y vecinos, en una suerte de terrorismo de estado legalizado ‘preventivamente’. La inviabilidad de la ‘autonomía palestina’ en estos términos es evidente, tanto como el fracaso de la represión sionista en romper la resistencia palestina y desmoralizar a sus integrantes: a pesar de la división del movimiento en dos sectores –el nacionalista laico y el religioso- y de la corrupción de muchos funcionarios de la ‘Autoridad Palestina’, las masas palestinas participaron en las elecciones, votaron mayoritariamente a Hamas porque ha estado al margen de tal administración y porque no reconoce el estado de Israel. Ultimamente, es la población palestina quien protege a los luchadores y evita la demolición de viviendas y los castigos colectivos movilizándose masivamente e interponiéndose con su cuerpo ante los blindados y los bulldozers. Lo que los gobiernos sionistas no han podido alcanzar por la agresión militar directa, el encarcelamiento y la tortura, tratan ahora de obtenerlo promoviendo la guerra civil palestina, en connivencia con el presidente Abbas al que le entregan fondos y armas con que desalojar a Hamas de los ministerios que controla y someterles al programa de la ‘hoja de ruta’ que patrocinan los imperialistas norteamericanos y europeos (el ‘cuarteto’ que incluye la UE y Rusia). Un primer intento de Abbas por imponer unas elecciones anticipadas después de una larga etapa de hambruna y estrangulamiento económico israelí con apoyo internacional–que sólo se levantará si Hamas renuncia a su victoria electoral y a sus principios- ha sido derrotado por la firmeza de la oposición y ambos sectores dirimen a tiros sus diferencias. En el trasfondo están la miseria y la desesperación de unos y otros, la futura orientación de un gobierno de coalición respecto al reconocimiento de Israel y la posición negociadora ante un eventual plan de paz, cuya expresión más elaborada era el ‘plan de los prisioneros’ (hay miles de presos y detenidos con o sin juicio retenidos durante años en cárceles israelíes donde se practica la tortura y se niega incluso la asistencia médica a los enfermos) - un proyecto de síntesis que consiste en recortar las reivindicaciones históricas palestinas, reconociendo a Israel y dejando fuera el retorno de los refugiados para buscar unos mínimos de territorio, autonomía y autogobierno aceptables por el imperialismo.
Condolezza Rice ha viajado recientemente para relanzar la ‘hoja de ruta’ con un proyecto de ‘estado palestino’ virtual y sin fronteras determinadas, un cúmulo de provisionalidad que ni siquiera Abbas se ha atrevido a aceptar. Antes necesita ‘normalizar’ la situación por los métodos de la guerra civil, para lo que recibe reconocimiento político, fondos y armamento con los que someter a Hamas o al menos socavar su prestigio entre la población palestina para que no vuelva a votar contra el ‘proceso de paz’ y contra la claudicación de principios llevada a cabo por la OLP. Los palestinos llevan resistiendo más de cincuenta años a los sucesivos planes internacionales que invariablemente les proponen resignarse a aceptar la preeminencia de Israel, el abandono del derecho a recuperar sus tierras y al retorno de los cuatro millones de refugiados –que si pudieran regresar todos, la población palestina equipararía el número de la judía y la superaría en muy poco tiempo-, a cambio de aceptar un mini-Estado aislado, de territorio incoherente sin fronteras reconocidas y completamente dependiente del control militar y económico israelí, o bien sufrir el castigo colectivo y la miseria absoluta, agravadas además por la lacra de la guerra civil. Siguen eligiendo la dignidad y la lucha; su lucha es un motor de la crisis política en Oriente Medio y la inspiración para la resistencia al imperialismo en todo el mundo.
Irak. La ‘tarea realizada’ que se desbarata
En 2003 el presidente norteamericano Bush visitaba al ejército de ocupación en el dia de ‘Acción de Gracias’ y declaraba ‘tarea cumplida’ el episodio de la toma de Irak dentro de su ‘guerra contra el terrorismo’. Casi cuatro años después de derrocar a Saddam Hussein, el presidente yanki ha de reconocer que las cosas no marchan bien, que está perdiendo el control y que para evitar perder la guerra requiere enviar a Irak aún más tropas (21.500 soldados esta vez) y mucho más dinero todavía. Las elecciones norteamericanas han dado la mayoría en las dos cámaras al Partido Demócrata que, aún siendo parte de la misma política imperialista, se ha apoyado para su campaña en la crítica de la ocupación de Irak y en los movimientos anti-guerra -que han proliferado a medidas que escalaban las cifras de víctimas y se destapaban las mentiras oficiales sobre la situación en Irak-. Golpeado por los resultados, se convocó una Comisión de ‘Expertos’ que elaboró el ‘Plan Baker’ para aconsejar una salida paulatina del contingente yanki sin que se rompa completamente el país y lograr que no parezca una simple huida como la de Vietnam. De escándalo en escándalo y frente a cruentas batallas y ataques diarios se ha puesto de manifiesto cuán imposible es controlar un país sin más proyecto político que la voluntad de expoliar sus recursos naturales y la retórica de la ‘lucha contra el terrorismo internacional’. Después de las elecciones y del discurso del ‘Estado de la Nación’, el movimiento anti guerra norteamericano vuelve a manifestarse, desconfiado de la actitud conciliadora del Partido Demócrata, para que se haga efectiva la retirada de las tropas en lugar del envio de dos nuevas divisiones.
En Irak se ha intensificado la resistencia, que controla amplias zonas del país e incluso tiene fuerte presencia dentro de la capital, Bagdad. Esta es la situación que ha tenido que reconocer el alto mando militar norteamericano después de tres años de guerra, devastación y ocupación. Hasta los rotativos norteamericanos titulan ‘perdiendo la guerra contra el terrorismo’ o ‘Irak sin control’ y el ciego apoyo a la aventura imperialista va dejando paso a la decepción. Las bajas militares y civiles y el número de ataques aumenta, sin que la cesión nominal del poder al gobierno títere de Al Maliki, surgido de unas elecciones fraudulentas y boicoteadas por la población sunita, haya cambiado un ápice la perspectiva porque no consigue legitimidad ni puede mostrar independencia frente a los ocupantes. La ‘ejecución’ de Saddam y de dos cargos de su régimen, condenados en proceso irregular por un tribunal parcial que dictó sentencias de muerte prefabricadas de antemano y las cumplió de modo humillante, es un linchamiento de estado que desmiente cualquier atisbo de independencia de las instituciones iraquíes. Además, las ejecuciones han dado al traste con los intentos soterrados de negociación con los notables sunitas que eran precisos para ampliar la base social del gobierno surgido de las ‘elecciones’ y que sólo reconoce un sector de los chiitas, resultando también permeable a la influencia iraní. La nueva policía gubernamental es sospechosa de participar en los escuadrones de la muerte que promueven la violencia entre las distintas comunidades, mediante el asesinato de opositores sunitas. Se trata de una estrategia inducida por los propios imperialistas para emplear las diferencias étnicas y religiosas como eje de división del pueblo iraki para debilitar su resistencia. Se utiliza para amedrentar a las distintas comunidades y cortar su apoyo a la guerrilla, con el resultado de generar un proceso de limpieza étnica y división política de Irak en entidades diferentes étnicamente homogéneas o, al menos, ampliamente mayoritarias. El Kurdistán irakí se ha convertido en una base de apoyo imperialista en cuanto sus dirigentes obtuvieron autonomía política a cambio de colaborar con los ocupantes, e incluso rechazando la solidaridad con otros grupos kurdos que luchan contra la opresión del estado turco.
Por su parte, las tropas norteamericanas no han podido mantener el control de las regiones conquistadas. En el plan inicial debían dedicarse a entrenar al nuevo ejército iraquí y apoyarle dando cobertura a sus misiones hasta que lograra la autosuficiencia por sí mismo. En la práctica han tenido que recluirse en sus acuartelamientos, como únicas ‘zonas seguras’, y han tenido que invertir sus fuerzas en custodiar convoyes y oleoductos o la propia seguridad de los títeres iraquíes. Una y otra vez, incluidas diez grandes ofensivas, han lanzado devastadores bombardeos y ataques contra poblaciones partidaria de la resistencia, multiplicando la destrucción en Falluja, Ramadi, Bakuba, etc. y en las provincias de Al Anbar y Diyala e incluso en el centro de Bagdad. La resistencia siempre ha acabado regresando y recuperando sus posiciones con el apoyo de la población local. A la Guardia Nacional iraquí (el ejército colaboracionista) y a los contigentes yanki y británico se suma un ejército no declarado, tan mercenario como los anteriores pero sin uniformes ni ordenanzas y procedentes de varios países atraidos por elevadas pagas costeadas por EE.UU. para hacer el trabajo más sucio, sin escatimar víctimas ni respetar a mujeres, niños o ancianos. Los asesinos a sueldo han causado aún más sangre y dolor pero no han servido para revertir la situación que evoluciona fuera de control político y militar yanki.
El presupuesto de la ocupación militar alcanza cifras astronómicas, hasta casi 10.000 millones de dólares mensuales, más del doble que el coste inicial de la guerra en 2003, y obliga a Bush a realizar sucesivas peticiones de fondos de emergencia al Congreso, hasta superar los límites asumibles por EE.UU. que requiere del concurso financiero y con personal militar a los miembros de la OTAN y a sus demás vasallos. Sucesivos planes de ‘expertos’ analistas yankis dicen ahora que la invasión estuvo plagada de errores y la ocupación es un desastre del que USA debería salir lo antes posible usando incluso la diplomacia con Irán y Siria. Pero Bush no puede salir de Irak sin reconocer un fracaso absoluto, militar y político: es incapaz de revertir la situación de abierta división de Irak y conjurar las amenazas de extensión del conflicto a toda la región y la carta de la diplomacia con Irán y Siria significa reforzar a sus adversarios, los próximos candidatos a sanciones y agresiones militares. Ya hay unidades de la flota norteamericana amenazando a Irán y barajando planes de bombardeo contra las instalaciones nucleares e industriales iraníes. El imperialismo tiene demasiados frentes abiertos, pero en lugar de cerrarlos, se ve impulsado a abrir otros nuevos, lo que no prueba precisamente su fuerza sino su debilidad y decadencia mientras la resistencia árabe y el ascenso antiimperialista de los pueblos sigue su curso.
Afganistán y Pakistán, de nuevo en el ojo del huracán

La crisis mundial del sistema empuja al imperialismo norteamericano a abrir nuevos frentes, pero una característica de la nueva situación mundial es que no hay condiciones políticas para acabar ningún conflicto. El esquema clásico de conflicto politico seguido de guerra que acaba en un nuevo trazado de fronteras está agotado. Estamos ante un sistema mundial en crisis que idolatra la tecnología, especialmente la militar, pero en cambio carece de recursos políticos y su gastado discurso de la ‘democracia’ encuentra contestación en todo el mundo. Guantánamo y Abou Ghraib, los vuelos de la CIA, los ejércitos de mercenarios y los bombardeos ‘preventivos’ son los argumentos a la vista a falta de recursos políticos frente a la voluntad de los pueblos de Oriente Medio y Asia Central por sacudirse la herencia del yugo colonial.
Uno de estos pueblos es el de los pashtun que habitan el centro y sur de Afganistán y el este de Pakistán y está en rebelión abierta contra la ocupación e inspirando a los demás pueblos de la región a unirse a la lucha antimperialista. Si en 2003 el dictador de Pakistán, Musharraf fue obligado a colaborar con la invasión norteamericana y abandonó a su anterior aliado, el gobierno talibán –cuyo principal apoyo eran los pashtun-, ahora ha tenido que pactar con ellos y aceptar una ‘república talibán’ en la región autónoma del Waziristán, mientras los baluchis y las fuerzas islamistas de Pakistán se levantan a su vez contra la dictadura. Por su parte, los pashtun afganos se han reorganizado y vuelven a la ofensiva haciendo retroceder a la ‘coalición’ occidental en el sur y al este de Afganistán. A pesar de disponer de medios aéreos y de armamento moderno, las tropas imperialistas han perdido el control de amplios territorios. En la reciente conferencia, EE.UU. exigía a sus aliados el envío de más tropas y la adopción de protocolos de enfrentamiento para comprometerlas en el uso de la fuerza más allá de las tareas de una misión de ‘paz’. La mayoría de esos contingentes (holandeses, griegos, españoles, canadienses, italianos,...) se ha negado a cambiar los términos precisos de su misión para evitar verse involucrados en la represión y la guerra aunque otros gobiernos de ‘izquierda’ como el británico y el italiano han aceptado estos cambios para extender la ‘misión’ militar. El gobierno español ya incrementó su contingente hasta los 700 efectivos y prosiguió su despliegue. Están ya considerando ampliarlo de nuevo pese a los desmentidos de Zapatero y a que ha rebasado el límite legal de tropas en misión exterior, lo que prueba la profundidad de la implicación imperialista de la burguesía española, ya sea con uno u otro de sus partidos, por cuanto PP y PSOE comparten la misma política de Estado y, en última instancia, la misma lealtad al imperialismo más fuerte a pesar de las divisiones surgidas entre las potencias europeas sobre la invasión de Irak.
En los últimos cuatro años el nuevo gobierno afgano del títere Karzai no ha conseguido ganar legitimidad ni representar a todo el país, las bajas militares y civiles aumentan y el control gubernamental se reduce a los centros de las principales ciudades. El propio Karzai también ha ofrecido, sin éxito, un pacto a la resistencia talibán, que ya se prepara para una ‘ofensiva de primavera’ después de sus avances del pasado otoño. En cuatro años el ‘gobierno’ afgano reconocido por la ONU no ha conseguido controlar el territorio más allá de su capital, depende completamente del soporte militar de EE.UU. y de la OTAN y el país se ha convertido en un yermo sin control, cuya actividad económica más floreciente es el cultivo y el tráfico de opio. El cultivo de la droga, que se había reducido a finales de los años 90, se multiplica bajo el desastre del régimen ‘democrático’. Tras 26 años ininterrumpidos de guerra Afganistán está destrozado y no hay ninguna salida política que no pase por la expulsión de los ocupantes extranjeros y la convocatoria de una nueva Asamblea Constituyente soberana con presencia de todos los pueblos y nacionalidades del país.
La supuesta labor humanitaria en que participan las tropas españolas es apenas un disfraz vergonzante de la ocupación y la represión. La guerra abierta les alcanzará más pronto que tarde y revelará la auténtica cara sangrienta de esa misión. ¡Que sean retiradas inmediatamente!
El declive de la hegemonía yanki
Asistimos a finales de los años 80 al fin de la ‘guerra fría’ con la ruptura del equilibrio inter-imperialista y a una serie de guerra y revueltas a partir de todas las líneas de ruptura dejadas por el pasado histórico, en busca de un nuevo equilibrio, de un ‘nuevo orden mundial’. Se decía entonces que una sola superpotencia militar, ejerciendo la tutela del sistema capitalista mundial, daría paso a un nuevo orden basado en la globalización del comercio y la política, el predominio de la tecnología y la multiplicación de la información a todos los niveles. Pretendieron incluso que era el ‘fin de la historia’, que el crecimiento especulativo de los años noventa (la ‘burbuja tecnológica’) era el modelo de un desarrollo ininterrumpido basado en un nuevo paradigma tecnológico.
Pretendían olvidar las contradicciones del sistema y la realidad desmintió bruscamente todas estas fantasías. La burbuja estalló poniendo un severo correctivo al mercado. Llegaron los ataques del 11 de Setiembre y se produjo la conmoción en el mundo. Las premisas del cambio cualitativo de la situación mundial se han acumulado incesantemente en el último período una vez desaparecido el corsé de la política de bloques. Rusia y China se afirman como grandes potencias en el terreno económico y militar mientras que EE.UU. encuentra cada día mayores dificultades para imponer su hegemonía mundial: su esfuerzo económico y militar está llegando a sus límites, los fracasos políticos y diplomáticos de la ‘guerra contra el terrorismo’ abren paso a un nuevo mundo multipolar donde va a contar cada vez más el ascenso de las masas de los paises semicoloniales.
La lucha anti-imperialista de los pueblos musulmanes provoca el temor entre la burguesía y la división política en las metrópolis, llenas de inmigrantes y cuya clase trabajadora, domesticada o comprada hasta ahora con el ‘estado del bienestar’ está sufriendo también el declive del sistema capitalista. Un nuevo actor revolucionario puede surgir en escena en Europa gracias también a la resistencia victoriosa de libaneses, palestinos, iraquíes y afganos. ¡El viejo topo sigue cavando!
Toni
30-01-07