Una recesion en curso

CUANDO ALGO NO SIRVE, HAY QUE CAMBIARLO
Hace tan solo un año, los que defendían que el capitalismo estaba inmerso en una crisis económica sin precedentes eran tachados de catastrofistas. Ahora sin embargo, todo el mundo habla de ella, y sólo se discute su profundidad y el tiempo que va a durar. Hace pocos días se realizó en localidad alemana de Lindau una cumbre de premios Novel de Economía, para analizar la gravedad de la crisis, la opinión de todos ellos, fue… que no tenían ni idea. El pesimismo y el desconcierto empieza a cundir entre los gurús: “lo peor está por venir”[1].
Digan lo que digan los interesados, la crisis no acaba de estallar ahora, sino que viene de lejos. Desde hace décadas la economía se caracteriza por un fuerte desequilibrio entre la débil rentabilidad de la producción industrial y la exuberancia de la del capital especulativo. Sus pies de barro se camuflaban en un desbocado consumismo (principalmente en los países imperialistas, y especialmente entre la burguesía y la clase “media”) y en un crecimiento aparentemente ilimitado. El capitalismo decadente se fue transformando en una especie de fábrica de burbujas que aparentaban la capacidad del capital para reproducirse sin cesar.

CAPITALISMO CON BURBUJAS
A finales del siglo XX los capitales se refugiaron en una gran burbuja especulativa, la de las nuevas tecnologías (las “punto com”), escapando de unos beneficios menguantes que el sector productivo no podía mantener. En una especie de juego de la pirámide se consiguieron inmensas ganancias que permitieron que el gran casino capitalista siguiera en un aparente esplendor. El ascenso de las acciones tecnológicas terminó poco después en un espectacular derrumbe. Tras el estallido de 2001, una gran suma de capital se instaló en una nueva burbuja, inmobiliaria y financiera, que ha durado hasta hace pocos meses.
La euforia especulativa contrastaba con la realidad: durante estos años el crecimiento del PIB y del empleo se ralentizaron en USA, Japón y gran parte de los países europeos; el poder adquisitivo de los salarios se redujo (la moderación salarial contuvo la caída de los beneficios empresariales), mientras aumentaba la productividad (y por lo tanto la explotación de los trabajadores). Mientras tanto, y para evitar el declive de la producción, los gobiernos se endeudaron, emitiendo deuda pública (especialmente USA), con el objetivo de subsidiar el consumo y sostener el crecimiento.
Durante años hemos asistido a un fabuloso negocio basado en la construcción y las hipotecas. En USA y en el estado español el “milagro económico” se basó en una especulación desenfrenada, basada en el saqueo del suelo y unos tipos de interés bajos que desorbitaron los precios de la vivienda y empeñaron las economías de las familias trabajadoras. El estallido de la burbuja inmobiliario financiera ha puesto al descubierto la falacia de un crecimiento basado en la pura especulación. El capitalismo sólo puede sostenerse fabricando más y más burbujas, creando montañas y más montañas de capital ficticio (no se basa en un verdadero crecimiento material). Para intentar paliar la crisis, la administración Bush ha estado inyectando miles y miles de millones de dólares en el mercado, a través de subsidios fiscales y de costosas operaciones[2] destinadas a salvar a los bancos y las financieras afectadas por la “crisis de las hipotecas basura”, provocando una escalada de la inflación y la caída del dólar. Para salvarse de la quema, los grandes capitales se han refugiado en los mercados de futuros de materias primas apostando por una subida generalizada de los precios que vuelva a reportarles pingües beneficios[3]. Algunos analistas estiman, por ejemplo, que los fondos de inversión controlan entre el 60% del trigo comercializado en los mercados de Commodities. Así, manipulando los precios, se puede ganar mucho dinero, rápido, y sin grandes riesgos[4]. Pero existe el riesgo de que la nueva burbuja reviente, y que los bancos asociados a ella acaben hundiéndose con ella. Las maniobras especulativas se dan en un contexto económico tan delicado que pueden provocar el agravamiento de la crisis y la recesión.

LA CRISIS INMOBILIARIO-FINANCIERA.
En USA, el precio de la vivienda puede llegar a caer entre el 20 y el 30%[5], es decir, que se pueden destruir entre 4 y 6 billones de dólares de la riqueza inmobiliaria. El valor de diez millones de propiedades hipotecadas corre el peligro de acabar por debajo del de la deuda pendiente. Si esto ocurre precipitará una reacción en cadena de impagos de las hipotecas, incluidas las de los deudores solventes.
La amenaza de la desvalorización de las propiedades que se cierne sobre la economía norteamericana, agrava todavía más el cuadro de crisis de los bancos, que presentan unas pérdidas multimillonarias. Las dos entidades principales de préstamos hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac se han declarado insolventes. Han acumulado una deuda de más de 5 billones de dólares (la mitad del mercado hipotecario norteamericano), mientras su capital no supera los 70.000 millones. El segundo mayor banco hipotecario privado del país, el IndyMac Bank Corp. quebró, después de tres semestres seguidos con pérdidas y de que, tras el desplome de sus acciones[6], sus clientes retiraran 1.300 millones de dólares en 11 días. La caída de los créditos y las garantías financiadas por la deuda las han llevado a la quiebra. El valor de sus acciones ha caído un 90% en tan solo un año. Sin embargo las hipotecas financiadas por estas entidades no formaban parte de las famosas “basura”, sino que estaban consideradas las más solventes del mercado.
Para salvar a las entidades financieras en apuros, la Reserva Federal ha procedido a canjear bonos del Tesoro por títulos hipotecarios incobrables, y ha anunciado nuevos rescates en los próximos meses por 200.000 millones de dólares. No parece que las medidas hayan calmado el pánico. La deuda de los dos grandes monstruos hipotecarios casi supera la del Tesoro norteamericano. El Estado norteamericano no tiene capacidad para absorber este gigantesco agujero negro que amenaza con hundir al país en una profunda recesión. Totalmente insuficiente, el dinero del rescate saldrá de las arcas públicas, provocando un mayor endeudamiento del Estado, que se traducirá en nuevos recortes sociales. La Casa Blanca admite que el déficit presupuestario se triplicará entre 2007 y 2009, hasta llegar a los 490.000 millones de dólares.
Los bancos, para resarcirse de las pérdidas, han vendido los bonos para invertir en los mercados de futuros de materias primas[7] agravando otros frentes de la crisis. Las medidas económicas del gobierno Bush, que pretendían atajarla no han hecho otra cosa que empeorarla. Las medidas de saneamiento implican una brutal contracción del crédito que puede llevar al país de cabeza a la tan temida depresión.
Los efectos de la crisis se han extendido, como si de una metástasis se tratara. La caída de las bolsas internacionales demostró que la crisis es sistémica, y que la desconfianza y el pesimismo reinan por doquier. En USA empezaron a escucharse voces que pidiendo la nacionalización de las entidades quebradas, que han acabado obteniendo respuesta con el Plan Bush–Paulson. La vieja cantinela de siempre: Socializar las pérdidas, privatizar las ganancias. Los viejos campeones del liberalismo no dudan ahora en ser los nuevos adalides del intervencionismo. Todo con tal de salvar a los grandes capitales de sus propios excesos. Sin embargo la gigantesca deuda de estas entidades acabaría convirtiendo la deuda pública en “bonos basura” y debilitaría todavía más la moneda norteamericana. Estatizar el capital financiero en crisis equivale a condenar al Estado a la quiebra. La nacionalización del Banco Northern Rock por los laboristas ingleses y del IKB por la coalición conservadora socialdemócrata alemana no salvan la situación, sino que la agravan. Las pérdidas que asume el Estado son potencialmente ilimitadas, porque no interviene para liquidarlas, sino para sanear sus negocios, para lo cual deberán renovar las deudas pendientes y asumir nuevas con garantía pública,
Para evitar la catástrofe, el BC europeo presiona a la Reserva Federal con la subida de los tipos de interés, para que contenga la emisión de más billetes y evite la caída del dólar. Sin embargo el oasis europeo se ha rebelado pronto como un espejismo. La capacidad de maniobra europea es muy limitada. Francia, Alemania e Italia están en recesión, mientras que otros países como Gran Bretaña y el estado español lo estarán dentro de poco. La producción industrial decayó un 0,6% en la eurozona, durante el mes de mayo. La confianza de empresarios y consumidores está bajo mínimos. Nuevas subidas agravarán la contracción de los créditos y provocarán nuevas quiebras. El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet ha tenido que postergarlas para 2009, en espera de que ocurra un milagro y mejore la coyuntura económica. Japón, China e India también han quedado afectados a través de sus vínculos internacionales[8], especialmente con USA. Gran parte de la astronómica deuda pública norteamericana, hasta 2 billones y medio de dólares, está en manos de los bancos centrales de estos países.

LA CRISIS DEL PETRÓLEO.
Hace tan solo unas semanas el precio del barril del petróleo alcanzó los 140 dólares, alcanzando un record histórico, doblando el precio de hace un año. Algunos auguran que llegará a los 200 a fin de año. Los economistas del sistema teorizaron sobre las causas: el agotamiento progresivo de las reservas, la escalada de la demanda provocada por India y China, las tensiones prebélicas con Irán, los conflictos de Nigeria, la debilidad del dólar. Todas ellas pueden explicar la tendencia hacia el encarecimiento de los precios, pero no su vertiginoso ascenso.
No hay una escasez en los mercados[9]. La OPEP incluso ha salido al rescate de sus socios y ha incrementado en lo posible la producción[10]. Sin embargo en enero se llegó a los 100 dólares, para luego subir rápidamente hasta sobrepasar los 130, cuando los costes de producción no sobrepasan los 30 por barril[11]. No es la OPEP quien controla los precios, sino Wall Street[12]: “El precio de fijación del precio del petróleo es totalmente opaco. Sólo unos pocos actores del mercado, como Goldman Sachs y Morgan Stanley saben quien compra y quien vende petróleo, Un 60% del precio del petróleo se explica por la especulación de grandes bancos y fondos de inversión”[13].
Desde 2004 la demanda ha subido un promedio de un 1,2% anual. Con la crisis, USA, el mayor consumidor del planeta, está reduciendo la demanda, mientras que en China, que consume apenas un tercio que su rival, las importaciones crecen desde 2000 un promedio del 0,5% anual de la producción mundial. Los analistas más lúcidos incluso reconocen que la especulación estaría detrás del problema. Sin embargo todos coinciden en negar la naturaleza sistémica de la crisis, porque no pueden ir más allá de los intereses que defienden, y a los que están atados. Lo que falla no son los excesos del modelo “neoliberal”, que deberían que ser corregidos con una política intervencionista de los gobiernos (resucitar a Keynes) sino el capitalismo en sí mismo.
La desbandada del capital hacia los mercados de futuros de materias primas para recuperarse de las pérdidas del estallido de la burbuja inmobiliaria, lejos de atenuar la crisis, lo que ha hecho es propagarla hacia otros horizontes. La rápida posterior bajada de los precios del combustible demuestra la falsedad de los argumentos que rechazaban que la causa fuera especulativa. Se calcula que hasta un 60% de las recientes subidas se deben a las maniobras especulativas, y entre un 20 y un 30% a la caída del dólar.
La nueva burbuja también acabará reventando, provocando nuevas quiebras en los bancos y fondos de inversión. Además, cuanto más duren los elevados precios del combustible, más se agravará la recesión productiva y estimulará la inflación, provocando una contracción del consumo generalizada y el agravamiento de la recesión.

LA CRISIS ALIMENTARIA
La irrupción masiva de los grandes capitales en los mercados de futuros, no se ha limitado a los combustibles, también ha afectado a los alimentos. La subida del coste de la vida ha sido especialmente dramática en los países coloniales y semicoloniales, donde la cesta de la alimentación consume hasta el 80% de los salarios. A fines de 2007, cuando empezó la crisis y en una serie de países se sucedían revueltas populares[14], las multinacionales beneficiadas por el encarecimiento de los precios, presentaban un escandaloso aumento de beneficios. Monsanto y Cargill, por ejemplo, que controlan el mercado mundial de cereales, obtuvieron un 45 y un 60% respectivamente[15].
Según la FAO, el precio de las materias primas alimenticias ha subido un 150% entre 2002 y 2008, pero un 50% fue en 2006 y un 20% en 2007. En un año el precio de sesenta productos agrícolas ha aumentado hasta un 37%, los cereales un 70%, el trigo un 130% y el arroz un 100%. El precio de los alimentos aumenta a un ritmo creciente, que no guarda ninguna proporción con la evolución de la oferta y la demanda.
De nuevo los especialistas dan sus razones de lo que ocurre: sequías y fenómenos metereológicos en países productores que habrían afectado a las cosechas, el aumento del consumo de carne en los países “emergentes”[16], las importaciones de cereales por países hasta ahora autosuficientes, el aumento del precio del petróleo. Razones que más que explicar las causas del problema, son cortinas de humo que las encubren. Las cifras cantan, mientras la producción de cereales se triplicó en medio siglo, la población sólo se dobló. En 2007 la producción superó las 2300 millones de toneladas, una cifra record, un 4% más que en 2006. La cuestión no es la falta de alimentos, sino la imposibilidad de cientos de millones de seres humanos para acceder a ellos.
Durante décadas el imperialismo se dedicó, a través de sus organismos internacionales el FMI, el BM y la OMC y con la complicidad de las clases dirigentes autóctonas, a destruir los sistemas agrarios y ganaderos locales, para imponer políticas en su propio beneficio. La “liberalización” de los mercados en los países coloniales y semicoloniales supuso la entrada de grandes cantidades de productos excedentarios subvencionados, procedentes de las metrópolis, frente a los que la producción local no podía competir. Millones de campesinos fueron despojados de sus tierras, mientras éstas eran entregadas a las multinacionales y a sus socios los terratenientes, para implantar monocultivos como la soja, destinados a la exportación. Países hasta entonces autosuficientes, pasaron a depender totalmente de las importaciones. En la época de la descolonización África exportaba alimentos, hoy importa hasta el 25%. Según OXFAM el número de subsaharianos viviendo con menos de 1 dólar diario se dobló entre 1981 y 2001, llegando hasta los 313 millones de personas, un 46% de la población.
En este contexto los efectos del encarecimiento de los precios han sido catastróficos. En 2007 los países pobres tuvieron que pagar un 65% más por las importaciones de cereales (los mismos que antes producían). En 2008 el coste total puede llegar hasta los 169.000 millones de dólares. (un 40% más que en 2007). Los trabajadores y las capas pobres de la población, ya seriamente limitados para adquirir alimentos por sus miserables salarios, se verán imposibilitados para seguir haciéndolo.

EL TIMO DE LOS BIOCOMBUSTIBLES.
El aumento del precio del petróleo generó la moda de los agrocombustibles, que han entrado en competencia con la producción de alimentos y han agravado especialmente la situación. Se calcula que explicarían hasta un 30% de las subidas de precios actuales.
Una campaña de mentiras promovida por los gobiernos y medios de comunicación pretende justificar la proliferación de los agrocombustibles con el argumento de que no contaminan (lo harían menos), que ayudan a atenuar el cambio climático y que son una alternativa frente a la escasez del petróleo. En realidad contaminan tanto como los combustibles fósiles. Sin embargo esto a los gobiernos y al gran capital les trae sin cuidado[17]. El objetivo no es ecológico, sino geoestratégico: reducir la dependencia energética de Rusia y de la OPEP. USA en 1960 sólo importaba el 16% del petróleo, actualmente llega hasta el 65%. La situación de la UE es todavía más frágil, ya que la producción del Mar del Norte es totalmente insuficiente para sus necesidades.
La política de subsidios está dirigida a promover la producción de combustible a partir de la caña de azúcar, el maíz y los cereales. Y para eso no dudan en desviar una buena parte de los productos, 100 millones de toneladas anuales, que hasta ahora estaban destinadas al consumo humano. El gobierno norteamericano subsidia con 0,51 dólares por galón de agrocombustible a las plantas procesadoras. Una tercera parte del maíz producido va a parar a los depósitos de gasolina. Estudios del FMI aseguran que la producción de etanol en USA es la responsable de la disminución de la mitad de la oferta de cereales en el mercado mundial en los últimos tres años.
Los agrocombustibles reducen la cantidad de tierras para la producción de alimentos, lo que agrava la espiral inflacionaria. Sólo en USA el 20% de la cosecha de 2007 fue destinada a la fabricación de etanol, y se calcula que en la próxima década la cifra será del 33%. La UE decidió que en 2020 el 17% del combustible será de origen vegetal. Si esto ocurre en USA y la UE, ¿qué ocurrirá en los países coloniales y semicoloniales?
La hipocresía imperialista no se hace esperar. La New Alliance, un grupo a sueldo de la patronal agropecuaria que propugna el uso de los agrocombustibles señala que no hay conflicto entre el uso energético y el alimentario, y que la escasez en estos países se debería a cuestiones políticas y sociales, pobreza, corrupción y distribución ineficiente. En realidad la disponibilidad de alimentos (que no la producción) ha descendido en los últimos años. Gran parte de la agricultura en estos países se dedica a la exportación, con lo que no cubre las necesidades de la población. Ahora, además, se les pide que llenen los tanques de los vehículos europeos, japoneses y norteamericanos. A la criminal burbuja alimentaria, se añade la política genocida de los agrocombustibles promovida por el imperialismo y sus socios en sus antiguas colonias.

NUEVOS CAPÍTULOS DE BARBARIE
La profundización de la crisis económica trae nuevos capítulos de barbarie. La subida de los precios de las materias primas ha supuesto un aumento explosivo del hambre y la miseria en el planeta. En seis meses diez millones de nuevos pobres en América Latina[18]. Las cifras son más dramáticas en África y en zonas de Asia, donde los precios han subido más. Cada subida del 1% añade 16 millones de personas más al número de los hambrientos. Una sexta parte de la humanidad pasa hambre, cálculos conservadores advierten que en 2025 la cifra rebasará los 1200 millones. Pero la realidad puede ser mucho peor si tenemos en cuenta que cerca de 3000 millones de seres humanos sobreviven en la actualidad con sólo 2 dólares diarios.
En un mundo en el que sobran y se derrochan alimentos, ¿Cómo es que hay 850 millones de desnutridos?, ¿Porqué mueren cada día 18.000 niños de hambre?, Si no hay escasez de combustible[19], ni de alimentos, sólo cabe una respuesta a lo que está pasando, la subida de los precios es un mecanismo de extracción de plusvalía con la que el capitalismo pretende recuperar su tasa de beneficios, aunque sea a costa de nuevas cotas de barbarie. El viejo vampiro necesita más y más sangre para sobrevivir.
Frente a esta situación, ¿Qué queda de los famosos planes de la ONU para erradicar el hambre en un futuro próximo? El proyecto de la FAO de reducir el hambre a la mitad en 2015 se ha derrumbado estrepitosamente[20]. Los funcionarios “humanitarios” se ven impotentes para frenar el desastre. Las leyes del mercado mandan. ¿Y para el 2150?
La dimensión de la tragedia es tal que, Jean Ziegler, relator de la ONU para el derecho a la alimentación manifestó indignado que el aumento de los precios eran “un asesinato en masa silencioso”, agregó además que los responsables del genocidio “pretendían monopolizar las riquezas de la Tierra” y les acusó de perpetrar un “crimen contra la humanidad”. No dejó de alertar que si la situación continuaba deteriorándose podría volverse en contra de sus causantes. Eso “Es tan posible como lo fue la revolución francesa”[21]. Esto es lo que hace perder el sueño a las grandes potencias imperialistas: “La idea de que las masas hambrientas salgan a las calles impulsadas por su desesperación y que derroquen el antiguo régimen ha aparecido increíblemente extraña desde que el capitalismo triunfó tan decisivamente en la guerra fría… y a pesar de ello, los titulares del pasado mes nos sugieren que el aumento de los precios de los alimentos amenaza la estabilidad de un número creciente de gobiernos en todo el mundo,,, cuando las circunstancias hacen imposible alimentar a sus niños hambrientos, ciudadanos normalmente pasivos pueden convertirse muy rápidamente en militantes con nada que perder”[22]. Pero la hipocresía y la inmoralidad no tiene límites, el “socialista” Dominique Strauss Khan, presidente del FMI, declaró que la culpa de la crisis de la subida de los alimentos se debía al… proteccionismo de los países pobres (refiriéndose al fracaso de la “Ronda de Doha”).
La globalización capitalista expandió durante años las estructuras causantes del hambre y la miseria. Para estabilizar la situación creó programas “solidarios” que sirvieron de apagafuegos en los países coloniales y semicoloniales, y simultáneamente como fuente de legitimidad en las metrópolis (capitalismo humanitario). Sin embargo todos sus planes contra el hambre han saltado por los aires en tan solo unos meses. La ONU insta a USA y a la UE a aumentar sus ayudas. El BM y el FMI, responsables de la destrucción de sistemas agrícolas y ganaderos tradicionales, ahora piden ayudas para paliar las hambrunas que ellos mismos han provocado. EL BM confiesa que con la cantidad de grano necesaria para producir el etanol que hace falta para llenar el depósito de un deportivo, podría vivir una persona durante un año. La producción de agrocombustibles consumirá en 2008 100 millones de toneladas de cereales. El año pasado las reservas mundiales se redujeron en 53 millones de toneladas. ¿Cuál ha sido la reacción del “capitalismo humanitario?, derramar lágrimas de cocodrilo y seguir como si nada hubiera pasado. Eso sí, nuevos planes de “ayuda” están en marcha. Pero que nadie se llame a engaño, la ayuda no será a cambio de nada, servirá para acabar de desarmar la resistencia que todavía puedan oponer estos países. ¿Quién dijo que la barbarie no puede ser rentable?

EL ENEMIGO EN CASA
Las consecuencias de la crisis también están afectando a los países imperialistas. En los primeros meses de 2008 en el estado español, pescadores, ganaderos, agricultores y transportistas se movilizaron en contra de los precios de los combustibles, exigiendo subsidios que paliaran la sangría que esto suponía para sus ingresos. Los ganaderos y agricultores exigen una nueva ley que evitara las escandalosas diferencias que existen entre el precio de venta en origen y el precio de venta al público (que llegan al 436% y en algunos casos hasta el 900%). En los últimos años los precios de los productos de primera necesidad no han parado de crecer: en 2007 la leche subió un 26%, las cebollas un 20%, el aceite de girasol un 34%, el pollo un 16%... mientras que el índice de precios al consumo (IPC) sólo reflejaba una subida del 4,1%. Los precios altos se combinan con los salarios bajos. La inflación se rebeló como lo que es, un mecanismo de expropiación de los trabajadores y las capas pobres de la sociedad, a favor del gran capital.
La OCDE subraya que entre 1995-2005 (época de bonanza económica) el estado español fue el único país europeo en el que se reflejó una pérdida del poder adquisitivo de los salarios, una situación que contrasta con las extraordinarios beneficios empresariales, que supuso un aumento de hasta un 73% (el doble que la media de la UE). La caída del poder de compra sólo puede explicarse por el férreo control de las burocracias sindicales (subvencionadas por el Estado) y por la inexistencia de una alternativa que represente realmente los intereses de los trabajadores.
Los gobiernos (del PP o del PSOE, tanto da), empresarios y burócratas sindicales paralizaron cualquier lucha con el pretexto de que la moderación salarial contribuiría a crear puestos de trabajo. Ahora, en plena crisis, vuelven a clamar por la moderación salarial y el abaratamiento de los despidos, con el argumento de que con estas medidas salvarán puestos de trabajo, cuando lo que pretenden es salvarse a ellos mismos. La tasa de desempleo supera ya el 11% con 621.000 parados más y aumenta cada vez más rápidamente. La canción siempre es la misma: someterse a las necesidades del capital. Se culpa a los salarios de los trabajadores de ser los culpables de la inflación (pero nadie menciona los beneficios empresariales). Mientras tanto los tipos de interés han ido aumentando, ahogando las economías de los trabajadores que se han hipotecado, agravan la crisis pero aumentan los beneficios bancarios y empresariales. Los bancos y las cajas exigen al gobierno que les entregue los fondos de la Seguridad Social para administrarlos y resolver sus problemas de liquidez. Para sanear sus arcas la patronal exige el saqueo del futuro de los trabajadores. La receta es siempre la misma: ¡qué paguen los trabajadores la crisis!

LA GESTACION DE UNA CRISIS CAPITALISTA
La crisis capitalista expresa en teoría el desequilibrio entre la producción de bienes de consumo y la de bienes de producción o de capital. Los bienes de consumo no pueden ser vendidos por falta de demanda solvente (aunque existan infinidad de necesidades sin cubrir) y en consecuencia no se demandan los bienes de producción para mantener e incrementar la producción de mercancías. Este es un desequilibrio permanente en el sistema capitalista que se sanciona abruptamente en forma de crisis, vinculado al descenso de la tasa media de ganancia. A su vez la destrucción de capital producida por la crisis genera luego las condiciones de una “recuperación” al permitir un nuevo incremento de la tasa de ganancia.
Este esquema está igualmente en todas las crisis, más allá de cual haya sido el sector o elemento sobre el que se haya producido una espiral especulativa, lo que en términos del periodismo económico vulgar llaman una “burbuja” económica y que nosotros citamos simplemente para identificar la punta del iceberg, ya que todo el sistema capitalista gira en torno al capital financiero –generado por la circulación de mercancías y la acumulación de plusvalías- constituyendo una masa creciente de capital ficticio, siempre inventando nuevos instrumentos para la revalorización del capital porque no pueden hacerlo en la esfera de la producción..
Simplemente, el sistema no se puede regularizar ni moralizar como pretenden todos los oportunistas –entre ellos todo los que aún se denominan “de izquierda” y están comprometidos con su mantenimiento- , que apuntan a la exhuberancia de la “burbuja” para reclamar controles que impidan su creación o piden medidas paliativas para el sufrimiento de las masas y garantías para que la economía “no se pare” –es decir que prosiga la explotación de los trabajadores y la extracción de plusvalía-. Quieren que el sistema funcione, aunque se agraven las contradicciones sociales, porque su mentalidad es plenamente burguesa y ni siquiera admiten la posibilidad de cambiarlo.

EL PLAN BUSH - PAULSON
Tras la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y ante la amenaza de caída de AIG, potencialmente catastrófica para la economía mundial, el gobierno norteamericano se asomó al abismo inmediato y decidió cambiar su política de nuevo. Lanzó un Plan por valor de 700.000 millones de USD para volver a salir al rescate de instituciones financieras en apuros. Dichos fondos se ponen a disposición de la Fed (banco central norteamericano) para que adquiera bonos “tóxicos” en poder de los bancos, que estos no pueden colocar por contener deudas incobrables, y, en teoría, sanear los activos de los bancos recuperando en parte la confianza y restableciendo con ella paulatinamente el crédito entre bancos y a los particulares, al menos previniendo nuevas quiebras bancarias que aumenten el pánico. Los diversos gobiernos europeos han acordado medidas paralelas con similar objetivo, aunque diversas en alcance y contenido, mientras se producía la quiebra de Islandia y el rescate “in extremis” de más bancos europeos. El plan europeo, a propuesta de Gordon Brown, ha dado un paso más: entregar los fondos públicos directamente a los bancos –entrando la Administración temporalmente en el capital a través de adquirir acciones preferentes, sin voto ni influencia en la gestión-. No es la nacionalización parcial como dicen algunos sino un aval público a los negocios privados otorgado a los que más se han beneficiado con el esquema inversor que ha precipitado la crisis. Después del movimiento de los gobiernos de la CEE, Bush y Paulson lo han imitado en EE.UU. disponiéndose a socorrer a los grandes bancos comerciales, lo que no ha evitado el desplome generalizado de los mercados que continúa imparable por la desconfianza absoluta en la economía capitalista mundial.
Ocurre con este plan que sólo puede diferir la crisis del sistema, porque no se trata de una crisis “financiera” como repite la presa sino de un episodio especialmente agudo de la crisis capitalista. Y no puede siquiera resolver el bache puntual de los mercados porque el volumen de la deuda hipotecaria americana es quince veces mayor y el importe de los swaps o bonos de seguros con que se han titulizado dichas deudas es setenta y cinco veces superior y ni siquiera se sabe el volumen de otros activos particulares emitidos fuera del mercado y rellenos de derivados cuyo valor tiende a cero.
Eso sí, el plan de Bush representa una inyección colosal de dinero a los bancos virtualmente quebrados para que mantengan el tipo al coste de sobrecargar la deuda pública, es decir cuando las pérdidas afectan a los capitalistas, el Estado interviene para compensarles y distribuir el coste entre los trabajadores, que lo sufrirán después en forma de aumento de impuestos indirectos, inflación y recorte de servicios públicos. Los parlamentarios americanos eran reticentes a aprobar el Plan, pensando en sus electores que les habían de renovar el mandato al cabo de un mes, pero han acabado cediendo ante la posición del presidente de los dos presidenciables: se han tragado el sapo y la objeción moral de entregar aún más dinero a los responsables directos de emitir la montaña de papel mojado.
Al mismo tiempo se han caído todas las teorías del crecimiento continuo, del “circulo virtuoso”, de la reducción de regulaciones, impuestos al capital y recorte del gasto público para estimular la economía, y también –se ha visto reiteradamente en Setiembre y Octubre- la incapacidad del manejo de los tipos de interés para regularizar el mercado. Todas estas teorías pretenden ocultar que el capitalismo es un sistema de imposible equilibrio, abocado a la crisis (y, en última instancia, a la disolución), imponiendo a cada paso nuevos sacrificios a las masas mientras el capital se concentra y se posiciona para intentar una nueva vuelta de tuerca. No hay salida con planes financieros por grandes que sean, para acabar con las crisis es necesario cambiar las relaciones sociales sobre las que se sustenta el sistema capitalista.

¡ES EL SOCIALISMO, ESTÚPIDOS!
La crisis económica no es el fruto de los errores del “neoliberalismo”, ni de los excesos del libre mercado, como claman los nuevos partidarios del intervencionismo, sino una consecuencia de la naturaleza del capital. La senilidad del sistema se caracteriza por la disparidad entre la declinante producción (sobresaturación de los mercados) y las necesidades de reproducción infinita del capital. Para postergar el fantasma de la recesión a la que está condenado por sus propias leyes (que no puede superar), ha ido creando una burbuja especulativa, tras otra, con la intención de mantener y mejorar sus tasas de beneficios. El capitalismo decadente se ha convertido en un gran casino en el que los inversores apuestan en el juego de la pirámide. ¡Hagan juego señores!
En su agonía el capitalismo deja tras de sí una estela de muertes y de miseria. No importa si con la nueva burbuja especulativa suben los precios de los alimentos. No importa si millones de seres humanos mueren de hambre en un planeta donde sobra la comida. Es la ley de la selva. La ley del mercado. Nadie es culpable, no hay responsables. El inversor invierte pensando en sus beneficios. El culpable siempre es otro, las hambrunas, el clima, la meteorología, la corrupción, las guerras…. “Siempre ha habido pobres y siempre los habrá”, dice el cínico refrán popular. Eso, sí, la ONU, las ONGs y los gobiernos capitalistas enviarán aviones cargados con alimentos, previamente publicitados por los medios de comunicación para que la población de las metrópolis tengan la conciencia tranquila y sepan que el capitalismo humanitario vela por todos, incluidos los pobres miserables que no tienen para comer. Ya se sabe, les ha tocado vivir en un lugar del mundo donde pasan esas cosas.
Sin embargo la situación cambia. Un nuevo espectro recorre el mundo. El fantasma de la recesión. La catástrofe llega a las metrópolis. El Moloch capitalista necesita nuevos sacrificios. El paro y la pobreza empiezan a dispararse en USA, Japón y Europa. Mientras los bancos centrales improvisan parches para revertir el creciente desánimo de los inversores, el mensaje realmente transmitido es que la economía está en bancarrota. Algunos claman por la creación de nuevas burbujas que permitan superar el abismo, pero las burbujas exigen la confianza de los inversores, algo imposible de recuperar.
¿Quiere esto decir que el capitalismo está herido de muerte? No, de ninguna manera. El capitalismo no morirá por sí mismo si antes alguien antes no lo entierra. Sin una alternativa que se le oponga sólo puede ofrecer nuevas guerras, hambre, dolor y destrucción a escala planetaria. El sistema se ve obligado a recurrir al Keynesianismo militar, una política de guerra, para fabricar armamento cada vez más costoso y sofisticado con el que llenar las arcas de los inversores, a costa de nuevos y mayores impuestos sobre los trabajadores y las capas pobres de la sociedad. Armamento destinado a nuevas guerras de control y rapiña sobre los países más pobres, a medida que aumenten los roces entre las diferentes potencias imperialistas. Armamento que traerá más dolor y más destrucción a la humanidad. El capitalismo necesita destruir grandes cantidades de capital ficticio y de fuerzas productivas en todo el planeta, para recuperar su juventud perdida.
Los trabajadores no podemos apostar por ninguno de los planteos capitalistas, porque en todos, seremos nosotros los que pagaremos el precio de la supervivencia de un sistema descompuesto. El alcance de la crisis del capital es mundial, por lo tanto la única alternativa con la que podemos enfrentarnos con éxito a sus amenazas es también internacional. La alternativa del socialismo a nivel mundial está hoy más viva que nunca, una sociedad construida por los trabajadores en la que lo que predomine no sean las necesidades del capital, sino las de toda la humanidad. A los escépticos y a los adoradores del capitalismo “con rostro humano”, parafraseando y manipulando la célebre frase de Clinton sólo podemos repetirles: “¡Es el socialismo, estúpidos!
Barcelona 28 de agosto de 2008

Enric y Toni

[1] DOMINIQUE STRAUSS KHAN, director gerente de FMI.
[2] La Reserva Federal ha bajado las tasas de interés a los bancos hasta llegar al 2%.
[3] En el año 2000 el capital circulante en estos mercados apenas llegaba a los 5000 millones de dólares. En 2007 la cifra superó los 175.000 millones.
[4] Mercados en los que los inversores no compran o venden partidas de cereales sino que apuestan por las futuras variaciones de los precios.
[5] Algo parecido podría pasar en países como el estado español, que basaron su “milagro económico” en un crecimiento desmesurado y especulativo de la vivienda.
[6] En un año perdieron el 98% de su valor.
[7] De 40 a 50.000 millones de dólares, procedentes del sector financiero entraron en los últimos meses en los mercados de futuros de cereales, para especular con los precios.
[8] Una gran parte de la deuda de las dos grandes entidades hipotecarias norteamericanas Fannie y Freddie se encuentra en Japón y China (1 billón 300.000 millones de dólares).
[9] El presidente de la OPEP, el argelino Chakib Jelil, estimó que el mercado, que demanda unos 86 millones de barriles, está en realidad sobresaturado en unos 500.000 barriles.
[10] Arabia Saudí, el único país que puede incrementar su producción, extrajo 300.000 barriles diarios más en mayo, y prometió otros 200.000 en los próximos meses.
[11] El coste de producción del barril en Oriente Próximo no excede los 15 dólares.
[12] La OPEP declaró que sin especulación, el precio del barril no sobrepasaría los 70 dólares
[13] William Engdhl, experto de investigación sobre la globalización citadoporla BBC.
[14] Camerún, Haití, Egipto, Burkina Faso, Indonesia, Bangladesh, Pakistán, India, Costa de Marfil, Mozambique, Senegal, Bolivia, Filipinas, Tailandia, México, Vietnam, Camboya, Etiopía, China, Perú, Yemen, Marruecos, Uzbekistán …
[15] Seis compañías controlan el 85% del consumo mundial de grano, tres el 83% del cacao y tres el 80% del de plátanos. Ellos deciden el precio y la cantidad destinada a la alimentación y a los agrocombustibles.
[16] Aunque el consumo de carne en China aumentó entre 1990 y 2007 de 1,1 a 7,4 millones de toneladas, el incremento se cubrió con producción doméstica. También, aunque entre 1990 y 1999 el consumo de arroz pasó de 124 a 134 millones de toneladas, siguió siendo autosuficiente. En los últimos 10 años China incluso ha reducido sus importaciones, recurriendo a sus reservas de grano.
[17] En la reciente conferencia mundial en Roma, la UE, Brasil y USA ratificaron su alianza estratégica para seguir con la producción de agrocombustibles. No les ha importado que la aplicación de fertilizantes nitrogenados en el maíz destinado a la producción de etanol y en semillas para biodiésel obtenido del aceite vegetal, va a producir niveles tan altos de óxido de nitrato que tendrá un mayor efecto en el calentamiento global que el petróleo.
[18] Bernardo Kliksberg, asesor del Programa de NN.UU. para el Desarrollo (PNUD). Página 12, 15.06.08
[19] Esto no quiere decir que no sea cierta la tendencia a que el petróleo y los combustibles fósiles cada vez vayan a ser más escasos. Estamos hablando de las causas de la actual subida de los precios.
[20] Según la FAO el mundo produce alimentos para suministrar 2000 calorías por ser humano y día.
[21] Las declaraciones fueron publicadas por el periódico austríaco Kourier am Sonntag.
[22] TIME.Tony Karon, 11.04.08