El cuento de la bipolarización
Las elecciones del 9 de Marzo han ratificado la tendencia medrosa y conservadora del voto –de ese 75% del censo que aún participa, claro está-. Los resultados son un “más de lo mismo”, que deja las cosas casi como estaban, confirma al PP en la oposición y al Gobierno Zapatero en el ejecutivo, más por aquello de preferir “el mal menor” que por los méritos o la credibilidad de las promesas electorales de la dirección del PSOE.
Siguiendo el guión de los grandes partidos y de los medios de comunicación del capital, la campaña electoral se desarrolló en términos de “bipolarización”, como si PP y PSOE fueran dos antagonistas irreconciliables, separados en todo, y que no cupiera más que votar al uno para evitar el retorno del otro al poder. Las demás candidaturas, especialmente las de “izquierda” se duelen de la presión del voto útil y de la Ley Electoral que les resta cada vez más las posibilidades de representación en aras del, por lo visto, imparable auge del bipartidismo. El análisis político y la orientación de clase se borran por completo bajo el lenguaje vulgar, el pensamiento vulgar y el “sentido común” burgués.
La aparente victoria política de la izquierda, lugar común de casi todos los comentaristas políticos es una reedición del pensamiento único burgués, imperialista y centralista-español en su versión “light”. La movilización constante de la base social pepera y el discurso tremendista del “España se rompe” y la demagogia anti-inmigrante le han permitido sumar 394.000 votos a sus resultados del 14-M y lograr importantes mayorías en Madrid y Levante, avanzar en votos en zonas humildes de Catalunya (L’Hospitalet, Badalona) obteniendo más votos que ERC e ICV juntos..., pero han resultado insuficientes para superar el voto concentrado en el PSOE de los que temen ver de nuevo la “derechona” de siempre instalada en La Moncloa. Pero, en lo substancial, la política de unos y otros difiere bien poco. La victoria de Zapatero la daban por descontada los empresarios, aprestándose a obtener de él nuevas prebendas impositivas y un marco laboral con el que capear la tormenta financiera.
Aún sin un programa coherente (ya que el nacionalismo gran-español a la diestra de Bush es patrimonio del PP, y esto no ha cambiado desde el liderazgo de Aznar), el PSOE cumple un lugar central en la política española al ser un referente para las demás fuerzas, tanto IU como los diversos nacionalismos burgueses. Sin avanzar un ápice en un modelo alternativo de estado – porque el supuesto proyecto federalista sigue sin arrancar, igual que el laicismo ante la Iglesia Católica o las viejas reivindicaciones incumplidas del aborto y de la eutanasia – el aparato del PSOE mantiene la llave de todas las alianzas al desbancar al PNV y a todo su gobierno tripartito en Euskadi, y al superar ampliamente a CIU en Catalunya, comiendo de paso el espacio electoral de sus socios de gobierno autonómico (ERC e ICV).
Estos últimos pierden buena parte de su electorado, no por la presión del “voto útil” como se lamenta siempre Llamazares por la injusta y deformante ley electoral, sino más bien por no ser capaces de mantener un perfil político diferenciado, o directamente por tener una política errática (ERC), fruto de estar a la vez en el apoyo al gobierno centralista de Zapatero y en el plan independentista para la consulta del 2014...
En Euskadi las opciones esta vez eran más claras: la prohibición a las candidaturas de ANV y EHAK culmina la criminalización de la izquierda abertzale, con tibias protestas del tripartito vasco, de modo que esta vez la abstención ha sido la expresión de este sector y no ha habido préstamo de votos al PNV o a EA. Respecto al sector españolista, el atentado de la víspera electoral al concejal del PSE ha neutralizado las críticas del PP por el “proceso negociador” de esta legislatura. Y el resultado no cierra nada en el País Vasco: deja abiertas todas las contradicciones, justamente porque el movimiento abertzale ha sido reprimido pero no está derrotado ni en desbandada. El cambio que aportan estas elecciones estriba en que aún estando presente la cuestión nacional vasca, el PNV deja de ser el eje político indispensable, su proyecto (el “plan Ibarretxe”) se hace cada vez más difícil de concretar y el gobierno “tripartito” resulta seriamente debilitado.
En todo el Estado, y esta es una reflexión que corresponde más al período que a esta campaña, el cuerpo electoral se comporta de manera medrosa, tiende al conservadurismo (sin que esto signifique una derechización drástica). La mentalidad del electorado está capturada por el sistema que le ha impuesto su lógica y sus reglas de modo que es cada vez más incapaz de considerar la posibilidad de expresar el voto por fuera de los dos grandes aparatos políticos (y que, en el fondo, sólo pueden parecerse cada vez más porque las grandes líneas políticas ya están marcadas de antemano). Es dentro de este esquema dónde el aparato del PP expresa con más coherencia el programa de la burguesía centralista y de ahí parte la estabilidad de sus apoyos –y también el rechazo de los demás nacionalismos y de los que no comparten ese programa.
Si nos quedásemos con el pensamiento vulgar que, por desgracia, guía los análisis y comentarios electorales de la “izquierda”, incluso de la “extrema izquierda”, hoy casi indistinguibles de los textos la prensa burguesa, también nosotros hablaríamos también de bipolarización, tal vez de la falta de atención mediática hacia las candidaturas minoritarias, de autenticidad democrática y más bla, bla, bla. De este modo formaríamos parte del pelotón de los que tienen la democracia (burguesa) como eje programático, que sólo quieren perfeccionar el sistema (capitalista) porque están más o menos cómodamente instalados en él. La cacareada política social del PSOE se agota en los cambios cosméticos y las promesas mediáticas: ni siquiera es capaz de mantener en su programa la reforma de la Ley del Aborto o la regulación de la eutanasia. La jerarquía de la Iglesia Católica ha salido ganando y se prepara para una nueva ofensiva ante la próxima legislatura, siempre tensando la cuerda hasta el límite pero sin llegar a romperla...
Por contra, mirando más allá de las siglas formales y aplicando criterios de clase, nos encontramos con un arco parlamentario formado por mas de 300 diputados que, matices aparte, substancialmente comparten el mismo programa político pro-imperialista, centralista y enfeudado al Capital, acompañados por una veintena larga de comparsas de diverso pelaje, colores y siglas que, por no existir alternativa en el terreno electoral, cada vez representan menos en ese conjunto. Nosotros buscamos una alternativa socialista y no podemos esperarla, en este período, en el terreno electoral: no hay posibilidad de “giros a la izquierda” de los aparatos políticos del sistema y se han agotado las posibilidades de surgimiento de rupturas o nuevas de fuerzas independientes: UPD o Ciutadans son abiertamente reaccionarias.
Pero la lucha de clases no se interrumpe y las contradicciones del sistema alimentan de un modo u otro el movimiento de masas a pesar de la postración sindical, Ahí debe crecer una perspectiva diferente al esclerótico parlamentarismo burgués cuya agenda está marcada por los frenéticos cambios en la economía financiera. El espejismo económico del boom del cemento y el ladrillo ya ha concluido y las repercusiones del endeudamiento masivo no se van a hacer esperar, también en la política.
Los ritmos políticos no serán siempre lentos: el capital es, por naturaleza, lo contrario a la estabilidad: preparémonos para un nuevo ciclo de crisis política.
30-03-08
